Desde hace casi 15 años, Luis Luque ha formado ingenieras e ingenieros en el ITESO; ahora, asume el reto de coordinar de la Ingeniería Mecatrónica. Su apuesta es clara: una formación que privilegie la creatividad, la libertad de experimentar y el aprendizaje a partir de la experiencia, para que las y los estudiantes no solo entiendan la tecnología, sino que sean capaces de innovar con ella

Luis miraba los objetos de su casa y se preguntaba lo que muchos niños: ¿Qué hay adentro de todos esos objetos que nos rodean cotidianamente? El mágico encendido de la televisión, el movimiento de la licuadora o los ventiladores lo llenaban de curiosidad. Sabía que en su interior guardaban el secreto de su funcionamiento. Fue en secundaria cuando supo que ese interés era más que un cuestionamiento pasajero. Su tío, quien años antes se había ido de Guasave, Sinaloa, a trabajar en una fábrica de bocinas en Tijuana, Baja California, comenzó a enviarle fotografías. Luis Luque, el ahora coordinador de la licenciatura en Ingeniería en Mecatrónica del ITESO, aún recuerda la imagen que sostuvo en sus manos: “Eran brazos robóticos ensamblando piezas. Allí pregunté ¿que se estudia para hacer esto?”. “Electrónica” le respondieron.

Desarmaba y volvía a armar los aparatos de su casa. Siempre buscaba arreglar aquello que tenía fallas. “Aún recuerdo la consola tocadiscos de mi abuela. Justo después me pregunté ¿por qué la desarmé?”, dice entre risas. Es decir, le costó bastante reconstruirla. Entró a una preparatoria técnica y después se graduó de Ingeniería Electrónica del Instituto Tecnológico de Culiacán. Luis se identifica como ingeniero mecatrónico, a pesar de no haberse graduado de una carrera con aquel nombre. Él explica que llegó a esta área por “camino de terracería”. En aquellos años no existía una carrera enfocada en un campo tan especializado.

La mecatrónica tiene cuatro bases: control, cómputo, mecánica y electrónica. A lo largo de su formación Luque se encontró con cada una de ellas. Estudió la maestría en Ciencias en Ingeniería Eléctrica con orientación en Control Automático por el CINVESTAV del IPN Unidad Guadalajara y el doctorado de mismo nombre en la misma institución. Durante su estancia en esos posgrados trabajó en el diseño y construcción de drones, así como diseño de software. “Empecé a trabajar con diversos materiales […] como fibra de vidrio, de carbono, tela marina, hasta madera para armar los drones. También trabajé con la parte de sistemas, por el interfaz gráfico de la biónica del dron”, añade.

Rodeado de coloridas máquinas cableadas, carritos con circuitos al descubierto e indescifrables herramientas de laboratorio (para aquellos que no son ingenieros, claro), Luque recuerda con cariño lo que su padre le dijo alguna vez: “Yo siempre pensé que tendrías un negocio para arreglar teles”. Ahora, también repara y reinventa objetos que vuelan, se reconfiguran y siguen comandos. También se imaginaba como profesor. Cuenta que le iba bien en la escuela y que múltiples veces sus amigos le pedían ayuda para comprender sus tareas o tener un mejor desempeño en los exámenes. Ver que sus compañeros mejoraban en sus notas le daba una gran satisfacción. “Se me hizo bonito, sentir que ayudaba”, menciona. Se dio el lujo de tener dos sueños, y los cumplió. Tiene casi 15 años siendo profesor en el ITESO.

Desde la coordinación, se propone acompañar el crecimiento del programa, con la mirada puesta en quienes lo cursan hoy y en quienes ya egresaron. Su objetivo es estrechar la relación con la industria, dar seguimiento a las trayectorias profesionales del estudiantado y consolidar los cambios recientes al plan de estudios. Una formación basada en la experiencia, en el trabajo de laboratorio, en la apropiación tecnológica y en proyectos capaces de transformar ideas en soluciones reales, ya sea dentro del aula, en competencias, en innovación con impacto social o incluso en iniciativas de emprendimiento.

Comparte que en la formación no depende únicamente del conocimiento técnico sino del acompañamiento integral a los estudiantes: “Debemos generar confianza en los estudiantes, para que tengan la conciencia de que pueden crear lo que se imaginen”. Para Luque, aprender sobre tecnología no empieza con instrucciones ni termina en manuales. Comienza con usar, experimentar con los dispositivos. Luego, entender su composición, desarmar y explorar. Después, la posibilidad de intervenir, de ajustar, de modificar aquello que parecía intocable. Y, finalmente, la decisión más importante: transformar la tecnología para que sirva a alguien más, para que genere impacto. Reinventarla. Esa forma de aprender es a lo que él llama apropiación tecnológica.

 

FOTO: Zyan André