Modesto Aceves se encontró con el compromiso social desde su juventud. Su paso por colegios maristas lo acercó a realidades marcadas por la vulnerabilidad y definió su manera de entender tanto la formación académica como el ejercicio profesional. Por eso, cuando eligió estudiar Arquitectura, encontró en el ITESO un espacio afín a esos principios. Una universidad donde la responsabilidad social, la atención a los más desprotegidos y la concepción de la profesión como servicio son parte del proyecto educativo.
“En algún momento de mi vida dije que no iba a dar clases nunca”, recuerda con una sonrisa. Sin embargo, poco después de egresar de la Maestría en Restauración de Sitios y Monumentos de la Universidad de Guanajuato, fue invitado por el profesor Francisco Belgodere a impartir clases en el ITESO, principalmente de Historia de la Arquitectura. Era el año 1995 y su profesión tomó un rumbo inesperado. “Me gustó muchísimo la experiencia […] y ver que algo que a mí me emocionaba también entusiasmaba a los jóvenes”, comparte.
A lo largo de más de tres décadas ha impartido materias como Historia de la Arquitectura en distintas etapas (de la Antigüedad a la Modernidad), Contexto y Patrimonio Cultural, Arte y Espiritualidad, Análisis de Programa Arquitectónico e Introducción al Ámbito Profesional, entre otras.
Su pasión por la historia parte de la convicción de que esta permite comprender los patrones del comportamiento humano a lo largo del tiempo. “Algunos dicen que la historia es un péndulo. Yo lo veo más como un espiral, en el que siempre pasamos por un mismo eje”, explica. Para él, estudiar historia es una herramienta para entender el presente y prever el futuro.
“Lo que más disfruto de ser profesor es aprender de los alumnos […] Cuando les empiezas a platicar las cosas […] y descubres en sus ojos el asombro”. Con el paso de los años, sin embargo, también enfrentó retos. Uno de ellos fue adaptarse a la transformación de las generaciones provocada por las nuevas tecnologías. Encontró en el arte, la historia y el patrimonio un puente. “Si le empiezas a platicar a alguien de manera apasionada la historia de la arquitectura le va a gustar; si se lo platicas de manera aburrida, lo estás vacunando”, afirma. Para él, la clave está en lograr que el alumno encuentre sentido a lo que aprende.
Además de su labor docente también se ha desempeñado como director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Jalisco. Para él la distinción como profesor numerario es un compromiso con seguir dando lo mejor de sí. “Me parece muy significativo que te reconozcan por algo que disfrutas […] porque realmente uno viene a dar las clases por gusto, por vocación”.
FOTO: Zyan André
