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El lugar de la duda y el acompañamiento durante los procesos de aprendizaje y de investigación

El lugar de la duda y el acompañamiento durante los procesos de aprendizaje y de investigación

Tres estudiantes de la materia Seminario de Métodos de Investigación II comparten con Cruce los hallazgos más significativos obtenidos al investigar la percepción masculina de los machismos cotidianos y los feminismos desde un análisis intergeneracional 

Por Carolina Herrera Valderrama, Ana Cristina Skinfield Vertiz y Victoria Monserrat Rodríguez Bravo 

«La parte más difícil de la investigación es siempre encontrar una pregunta que sea lo suficientemente grande como para que valga la pena responderla, pero lo suficientemente pequeña como para que realmente puedas responderla».  

Edward Witten.  

Nos enfrentamos a esta compleja tarea cuando nos propusimos investigar la percepción masculina de los machismos cotidianos y los feminismos desde un análisis intergeneracional. Aunque sabíamos que no podríamos tener todas las respuestas nos aventuramos a hacernos una pregunta: ¿existe una diferencia significativa en la manera de percibir los feminismos y las conductas machistas entre hombres de diferentes generaciones? La investigación que movilizó este cuestionamiento se tituló “Del machismo al cambio: un análisis intergeneracional entre hombres mexicanos”. El objetivo del estudio era comparar los significados que los hombres de distintas generaciones atribuyen a las conductas machistas, y explorar sus posicionamientos hacia los movimientos feministas. Para ello, se hicieron entrevistas a profundidad y se aplicó una encuesta entre dos grupos de hombres de 18 a 25 años y de 42 a 50 años de edad, vinculados con la vida universitaria y académica y residentes de la zona metropolitana de Guadalajara. 

Entretejiendo nuestras voces con las de nuestros interlocutores, retomamos los hallazgos más significativos que tuvimos como equipo de investigación. Como si se tratara de un espejo, los procesos de los hombres para aprender y ejercer otras formas de masculinidad, y construir un posicionamiento informado sobre los feminismos, nos ayudó a observar nuestra propia experiencia. Tanto para los participantes del estudio como para nosotras, como aprendices de investigación, superar el temor a equivocarnos y el acompañamiento en los procesos de aprendizaje resultaron claves para asumir otras formas de pensar y actuar en el mundo.  

Aprender de los demás y con los demás es, desde nuestro punto de vista, la forma más genuina y auténtica de generar conocimiento y no solamente “aprender por aprender” o “investigar por investigar”.  

En la vida universitaria existen frustraciones y temores de los que nadie nos advierte. Aquellos que nos encontramos en el camino de aprender a hacer una investigación reconocemos las inquietudes y luchas internas que conlleva la tarea de proponer una pregunta de investigación e intentar responderla. En el sistema escolar tradicional nos hemos acostumbrado a un ritmo de tareas mecánicas que parecen insinuar que el aprendizaje acaba cuando se obtiene una calificación, pero la investigación requiere un compromiso diferente. Esta vez nos encontramos con una situación de aprendizaje en la que casi siempre se nos devolvían las entregas con algo más que añadir, considerar y problematizar. Nos sentíamos como relojes de arena que cuando parece que caerán los últimos granos, los vuelven a voltear. 

A diferencia de una tarea ordinaria, la investigación es un trabajo continuo y complejo que parece no tener fin, por lo tanto, es un reto acostumbrarse a la idea de que investigar es encontrarse con nuevas preguntas. Por ese motivo, nuestro proceso llegó a ser con frecuencia desalentador. Como estudiantes, nos sentíamos navegando en un mar cambiante en donde era necesario idear diferentes estrategias para mantenernos a flote. Durante la travesía reconocimos el miedo que teníamos a equivocarnos y entendimos que se trataba de un temor extensivo a la vida universitaria y académica. No obstante, la investigación nos permitió entender aspectos cruciales sobre un grupo de varones (des) aprendiendo formas de masculinidad hegemónicas en tiempos cambiantes. Descubrimos que para los participantes del estudio aprender nuevas formas de masculinidades y entender qué son los feminismos y cuál es su relevancia social, es un proceso dominado por el temor a equivocarse, a ser juzgados o rechazados por expresar sus opiniones. Reconocían que sus puntos de vista estaban más marcados por la duda que por la certeza y se asumían en un proceso de aprendizaje.  

Las coincidencias con nuestros interlocutores durante el proceso de investigación nos motivaron a sacudir la incertidumbre y abrazar los desaciertos como formas de aprendizaje. A pesar de que en el contexto escolar equivocarse esté asociado al fracaso y a la falta de atención, entendimos que el conocimiento está más relacionado con el interés genuino de explorar, descubrir e intentar comprender que con el miedo a equivocarnos. 

Investigar es una experiencia colectiva que nos conduce a la toma de conciencia y acción sobre nuestra realidad; y que el proceso en sí mismo es igual o más valioso que el resultado. 

En su libro, Manifiestos para la innovación educativa, Roberto Carballo (2009)1 nos propone una concepción alternativa del aprendizaje que bien podría aplicar a la investigación, en donde la meta es trabajar sobre un proceso que siempre nos trae nuevas preguntas. Carballo nos pide que imaginemos el proceso de aprender como una galaxia, incluso como una caracola. Entre nosotras propusimos, ¿y si lo pensamos como un tobogán? Un tobogán en espiral, como aquellos por los que nos deslizamos en la infancia. Como la investigación, un tobogán es una estructura firme y concreta, donde también hay lugar para la emoción. Para nosotras, el momento de caída libre y vibrante, donde todo cobró sentido, fue cuando captamos la experiencia humana, cuando sentimos que los datos tenían rostros y nombres, cuando acuñamos una reflexión escuchando a los entrevistados y analizando los datos. 

Concluimos que investigar es un aprendizaje que se desprende de las experiencias que compartimos con las personas que participaron en el estudio, y que el fruto de esa interacción es el conocimiento más valioso que se puede obtener. Aprender de los demás y con los demás es, desde nuestro punto de vista, la forma más genuina y auténtica de generar conocimiento y no solamente “aprender por aprender” o “investigar por investigar”. Investigar es una experiencia colectiva y de reciprocidad, ¿cómo sería si nos encontráramos completamente solos ante el conocimiento? ¿podríamos apropiarnos de ese vasto mundo sin ser acompañados? El proyecto de investigación en el que participamos fue un claro ejemplo de que aprender de y con los demás ha sido un camino hacia el crecimiento no solo en el ámbito de investigación sino también en nuestra vida personal.  

En el proceso de investigar nos dimos cuenta de nuestros propios prejuicios y particularmente de uno: la edad como única variable del cambio. Para nosotras, los hombres mayores eran sinónimo de machismo y los jóvenes de apertura. La investigación nos permitió deconstruir esa idea. A través de las entrevistas nos dimos cuenta que la diferencia entre ambos grupos de hombres radicaba en las relaciones y experiencias significativas que habían tenido con mujeres feministas y no solo en su edad. Sin importar la edad, los hombres tendían a mostrar más aceptación a los movimientos feministas a partir de experiencias cercanas con hermanas, esposas, hijas o amigas feministas. Incluso su conocimiento respecto a los movimientos incrementaba de acuerdo con estas relaciones.  Nos llamó la atención que nuestro proceso personal no fuera tan diferente. Compartíamos con ellos la oportunidad de sumergirnos y aprender de los feminismos de la mano de otras mujeres que han sido significativas en nuestras vidas, hermanas, amigas y profesoras. Al igual que nosotras, los hombres que conocimos supieron encontrar en esa convivencia un espacio seguro para desaprender, deconstruir y volver a cargar nuevas ideas y valores sobre los feminismos y la trascendencia de esta lucha política y social, como motor para impulsar un pensamiento diferente que nos permita crecer colectivamente como una sociedad más justa y equitativa. Al tiempo en que comprendíamos esta relación, pudimos reflexionar sobre la necesidad urgente de que los hombres asuman la responsabilidad de aprender y de construirse acompañados de otros hombres para que sus procesos hacia nuevas masculinidades no dependan únicamente de las mujeres que los acompañan. 

Las reflexiones finales a las que llegamos a partir de esta investigación es que las conductas machistas y el rechazo al movimiento feminista no están vinculados a una generación en particular. Los hombres con más noción y aceptación hacia la lucha por la equidad y la justicia no fueron necesariamente los hombres jóvenes, sino aquellos que, a través de la convivencia, se habían permitido (des)aprender. De manera semejante a nosotras, los participantes se reconocían en un proceso de aprendizaje continuo sobre el valor social de las luchas feministas y de reconocimiento y modificación de conductas machistas. Por todos estos aprendizajes, la investigación significó para nosotras una nueva forma de compartir (nos), conocer (nos) y saber (nos) parte del mundo. Nos dimos cuenta que investigar es una experiencia colectiva que nos conduce a la toma de conciencia y acción sobre nuestra realidad; y que el proceso en sí mismo es igual o más valioso que el resultado.  

FOTO DE PORTADA: Luis Ponciano

Ana Cristina Skinfield Vértiz es estudiante de tercer semestre de la carrera de Psicología en ITESO. Lo que más la motiva a ejercer es el poder lograr un cambio a través del contacto humano, fomentar la empatía y acompañar al otro tocando distintas realidades que a su vez alimenten su autoconocimiento. En sus tiempos libres disfruta de jugar fútbol, escribir y pasar tiempo con las personas que quiere. 

Victoria Rodríguez Bravo actualmente cursa el tercer semestre de la licenciatura de Psicología en el ITESO; estudia esta carrera ya que cree fielmente en el cambio a través del acompañamiento. Le apasiona seguir aprendiendo sobre la mente y la conducta humana; también disfruta plasmar su interpretación del mundo a través de distintos medios, como lo son la pintura y la escritura.

Carolina Herrera Valderrama cursa su tercer semestre de Psicología en el ITESO. Se considera una persona que busca dejar una huella positiva en la gente y el mundo, siempre intenta buscar el lado bueno de las cosas, por ello decidió estudiar esta carrera. Disfruta leer mientras hay música de fondo para poder crear mundos nuevos. 

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