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Ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Qué viene después?

Ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Qué viene después?

Tres estudiantes de Psicología nos comparten, en la quinta entrega de la serie #AprendizajesDePandemia, algunos resultados de una investigación que elaboraron acerca de los métodos mixtos entre quienes iniciaron, como ellos, su carrera universitaria de forma virtual, y estudiantes que habían comenzado sus estudios antes de la pandemia

Por María Lorenza Águila Arvizo, María Fernanda Rentería Casillas y Seth Rafael Alfaro

Al igual que les sucedió a otros estudiantes de primer ingreso, la pandemia frenó nuestras expectativas sobre la vida universitaria y nos impidió vivir todo aquello que esperábamos experimentar al convertirnos en parte de la comunidad estudiantil del ITESO. En vez de las situaciones que habíamos imaginado tuvimos que reducir nuestra experiencia a aprender detrás de una pantalla y a interactuar con compañeros que muchas veces no tenían rostro o voz. Después de vernos obligados a convertir nuestro hogar en escuela, la desesperación, el miedo a lo desconocido, el cansancio y la incertidumbre de no saber cuándo tendríamos oportunidad de vivir la experiencia universitaria que anhelábamos nos llevaron a querer conocer las maneras que tenían otros estudiantes para sobrellevar la situación que estábamos viviendo, las formas de adaptación que habían generado, así como su pensar y sentir sobre el modo en que adaptaron y/o modificaron su vida para poder tener sus clases en línea.  

Las experiencias siempre han sido importantes para entender los fenómenos que se busca estudiar y nuestro caso no fue la excepción. Como estudiantes de la asignatura de Seminario de Métodos de Investigación I y II asumimos el reto de comprender cómo es que la comunidad estudiantil de ITESO estaba construyendo y reconstruyendo su experiencia universitaria a partir de la pandemia. Para ello, elaboramos una investigación de métodos mixtos entre estudiantes que iniciaron su carrera universitaria de manera virtual, y jóvenes que habían tenido oportunidad de comenzar sus estudios antes de la pandemia. Nos impulsaban dos motivaciones. En primer lugar, el hecho de ser parte del fenómeno que deseábamos comprender. En segundo, la necesidad de darle voz a quienes vivían esta situación de una manera diferente a la nuestra. Más allá del rendimiento académico o de su forma de apropiarse del conocimiento, nos interesaba saber cómo se sentían. 

Al iniciar esta investigación creíamos que los estudiantes que iniciaron su carrera universitaria en línea estarían más afectados por no poder asistir al campus y ver truncadas sus expectativas – como nos pasaba a nosotros – de lo que imaginaban que sería la universidad. Claro que dichas expectativas o conjeturas estaban determinadas por la forma en que nosotros nos sentíamos respecto a la situación.  

Las entrevistas realizadas nos hicieron darnos cuenta de que los estudiantes que entraron en la modalidad presencial a la universidad eran quienes más lamentaban el cambio. Curiosamente, quienes habían entrado bajo la modalidad virtual mostraban ser, en apariencia, más flexibles y adaptables. Por supuesto, nos hicimos varias preguntas, ¿por qué era más difícil para los estudiantes con experiencia presencial asumir el cambio?  ¿será el hecho de perder lo que tenían? ¿su red de compañeros y amigos? ¿la experiencia en el campus? ¿la nostalgia por las salidas en grupo para conocerse y convivir? Ciertamente, era imposible que el grupo de universitarios virtuales añorara lo que nunca había conocido, y eso nos animaba intentar comprender qué significaba ser universitario para aquellos que, cómo nosotros, habíamos reducido nuestra experiencia universitaria a una larga video llamada.

No nos malinterpreten, nuestros profesores pusieron todo de su parte para sacar adelante los semestres, pero el sentimiento de estar incompletos, desajustados o frustrados se asomaba como un fantasma sobre nuestros deberes académicos, día tras día, unos más que otros.  

Curiosamente, quienes habían entrado bajo la modalidad virtual mostraban ser, en apariencia, más flexibles y adaptables. Por supuesto, nos hicimos varias preguntas, ¿por qué era más difícil para los estudiantes con experiencia presencial asumir el cambio?  ¿será el hecho de perder lo que tenían? ¿su red de compañeros y amigos? ¿la experiencia en el campus? ¿la nostalgia por las salidas en grupo para conocerse y convivir? 

Las clases en línea han afectado a estudiantes y docentes, pero de acuerdo con nuestro estudio, los estudiantes que ya habían ido a clases presenciales al campus y ya habían formado sus relaciones de amistad y compañerismo, establecido rutinas dentro y fuera del campus, asistiendo a fiestas o quedándose hasta tarde entre los libros de la biblioteca, eran los más afectados.

Comprendimos que poco se hablaba de ellos y del modo en que la pandemia no sólo llegó a modificar la modalidad del aprendizaje, sino a arrebatarles un estilo de vida y una rutina que les daba identidad. Nos dimos cuenta de que las clases en línea les quitaron el balance entre desvivirse académicamente y revitalizarse socialmente. Por ejemplo, de acuerdo con nuestros datos, esta parte del alumnado limitó sus salidas con amigos, principalmente al inicio de la contingencia, y disminuyó el contacto físico al que tanto estaban acostumbrados. Nos impactó que, justo esa parte, la que difícilmente puede medirse, estaba estrechamente ligada a su forma de ser y de aprender.  

Desde otra perspectiva, el alumnado que comenzó su carrera universitaria durante la pandemia carecía de estándares sobre lo que implica ser parte de la comunidad universitaria de manera presencial, lo que han vivido día a día durante el último año es lo que realmente perciben como “ser universitario” y al no tener punto de comparación, pues dicen “ojos que no ven, corazón que no siente”. Por lo tanto, podría decirse que lo que el alumnado virtual sufre es el ideal que no ha llegado. Aunque es muy difícil entender y sobrellevar el hecho de no poder ir al campus, y reducir la universidad a una computadora, esto es lo que nos tocó vivir y aunque ha sido difícil, hemos sabido adaptarnos. 

Estamos cerca de volver, nos han dicho. Aunque todavía, todos los días, una ligera amenaza sobrevuela esa ilusión. Por el momento, nosotros seguimos idealizando cómo será la experiencia universitaria en campus. Nos imaginamos entrando al salón de clases y ver a nuestros compañeros, conocer a nuestros maestros mas allá de la pantalla, ir a fiestas, relacionarnos con personas de otras carreras. Deseamos, más que nada, que la universidad abandone nuestra casa y suceda en otro lugar. Es posible que nuestro regreso a clases no sea sencillo, quizá enfrentemos dificultades y limitaciones y seguramente nos tendremos que volver a adaptar. ,

De nuevo se viene la incertidumbre, pero esta vez creemos que estamos mejor preparados, ¿cómo no podríamos estarlo, si somos la generación que inauguró la experiencia de ser universitario en línea por causa de esta pandemia? Otra vez, vamos a necesitar del apoyo de todos para reconstruir nuestra identidad universitaria y demostrar nuestra adaptabilidad y resiliencia, pero también nuestras nuevas preguntas y temores, ¿qué sentirá el corazón cuando pueda ver, finalmente, lo que no pudimos vivir en un inicio? ¿de qué manera va a cambiar nuestra mirada sobre la universidad el haber sido universitarios sin campus? ¿de qué modo iremos nosotros a transformar la universidad con nuestra experiencia? 

Agradecemos el apoyo de la profesora Gabriela Sánchez López por acompañarnos en esta aventura y a la profesora Liliana García Ruvalcaba por ayudar a abrir este espacio de diálogo.

Las clases en línea han afectado a estudiantes y docentes, pero de acuerdo con nuestro estudio, los estudiantes que ya habían ido a clases presenciales al campus y ya habían formado sus relaciones de amistad y compañerismo, establecido rutinas dentro y fuera del campus, asistiendo a fiestas o quedándose hasta tarde entre los libros de la biblioteca, eran los más afectados. 

María Lorenza Águila Arvizo es estudiante de Psicología y está por cursar su tercer semestre, con interés por la neuropsicología. Le gusta escuchar música, escribir y viajar. Está contenta de compartir los resultados de lo que comenzó como un trabajo académico y terminó en infinidad de aprendizajes y nuevos amigos. 

María Fernanda Rentería Casillas es estudiante de psicología y espor cursar su tercer semestre en el ITESO; terminando la carrera le gustaría especializarse en psicología clínica. Es muy contenta de poder compartir junto con su equipo un poco de su experiencia con este nuevo fenómeno llamado clases en línea.

Seth Rafael Alfaro Suarez es estudiante de psicología en el ITESO y está por cursar su tercer semestre de la carrera. Entre las cosas que disfruta hacer es escribir, leer y comer. Espera que los resultados de su investigación, junto su propia experiencia, sean interesantes de leer. 

FOTOS: Luis Ponciano y cortesía de las autoras y el autor

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