Integrantes de la comunidad universitaria escucharon las voces de quienes protagonizan luchas por la defensa del territorio ante megaproyectos energéticos en el estado de Jalisco

Una pequeña población de apenas seis mil habitantes está luchando contra la construcción de un gasoducto en el municipio de Lagos de Moreno. Otra comunidad de Poncitlán, de alrededor de 700 personas, mantiene en vilo la instalación de una terminal de trasvase de refinados, y otros cuantos miles de personas tienen detenido el proyecto de una termoeléctrica en Juanacatlán. 

Todos argumentan que el progreso que las diferentes multinacionales pregonan con la llegada de estos megaproyectos energéticos se ve inmensamente opacado por el impacto a la salud y al medio ambiente que conllevan.  

“Progreso, ¡ni madres!”, dice Juanita Márquez, habitante de Casa Blanca, municipio de Poncitlán. “[Estas empresas] quieren acabar con nuestra tranquilidad y llevar progreso, pero es un progreso que mata”, afirma. 

El ITESO fue sede de uno de los diálogos de la semana de incidencia “Nuestro futuro, nuestra energía”, celebrada del 22 al 25 de agosto pasados, tanto en línea como de manera presencial en la Ciudad de México, Guadalajara y Mérida. Esta iniciativa surgió de un esfuerzo colectivo de más de 25 organizaciones y movimientos de la sociedad civil, así como académicos que trabajan en torno a temas de energía en el país. 

Pablo Montaño Beckmann, activista y moderador del encuentro titulado “Resistencias contra combustibles fósiles en Jalisco”, compartió que, más allá del cambio en los hábitos de consumo de las personas, la verdadera lucha es otra. 

“Las emisiones de gases de efecto invernadero no vienen nada más porque sí; hay industrias que se están llenando los bolsillos a costa del futuro de nuestro planeta. Y no hay comunidad lo suficientemente pequeña para resistir”, dijo.  

El también coordinador de Conexiones Climáticas y egresado del ITESO señaló que, como estudiantes, colectivos y sociedad comprometida con el medio ambiente, toca visibilizar lo que las industrias y el gobierno están invisibilizando, a la vez de amplificar las voces de quienes están permanentemente resistiendo.  

Megaproyectos en Jalisco

La empresa IEnova, filial de la estadounidense Sempra Energy, busca establecer una terminal para el trasvase de combustibles —gasolina regular y premium, diésel, etanol y éter metil-terbutílico (MTBE)— de trenes a pipas, en la comunidad de Casa Blanca, Poncitlán, Jalisco.  

Sin embargo, los lugareños nunca fueron tomados en cuenta en la toma de esta decisión, acusó Juanita Márquez, quien señaló que incluso las autoridades se han doblegado para favorecer la instalación de la terminal de refinados.  

“[La empresa] manifiesta que creará 27 empleos. Por 27 empleos para una empresa de esta magnitud, joderles la vida a miles de habitantes yo creo que no es nada bueno. A la gente pobre, a los de los ranchos, al cabo que no se defienden, son ignorantes; a ellos les chingan la vida”, exclamó. 

Liliana Martínez Facio, integrante del Consejo General del Pueblo Indígena de San Juan Bautista de La Laguna, compartió que en dicha comunidad existe la intención de poner un gasoducto. Acusó a la indiferencia de la sociedad como una de las razones por las que, en vez de servicios de salud, educación y cultura, a los territorios marginados llegan empresas queriendo imponer megaproyectos “que traen un crecimiento que no necesitamos, que no deseamos y que no es sustentable con el medio ambiente”. 

«Resistimos para existir. Nosotras nos hemos organizado como mujeres y hemos apostado al arte como lenguaje para poder conocernos, compartir y platicar si de verdad necesitamos ese gasoducto o no. Cuando empezamos a defender [nuestro territorio] empezamos a reconocerlo», dijo. 

Por su parte, Iris Hernandez Cárdenas, integrante del colectivo Un Salto de Vida y del Concejo Indígena de Xonacatlán, lamentó que el área comprendida por los municipios de Juanacatlán y El Salto sea considerada una zona de sacrificio, donde las tasas de mortalidad en niños y jóvenes se elevan gracias a enfermedades como cáncer, insuficiencia renal y enfermedades respiratorias y crónicas. 

“Eso es lo que tenemos y todo por la industria, por el llamado progreso. Nos rodean tiraderos y derrames industriales, falta de agua y riesgos sanitarios. Nuestro río está muerto completamente, pero nosotros lo vamos a salvar. Tenemos esa esperanza, esa lucha y esa resistencia”, dijo. 

Justamente, fue Juanacatlán el lugar elegido en 2019 por la empresa de origen español Fisterra Energy para instalar una termoeléctrica que incluye un gasoducto que pasa por zonas agrícolas y en conservación.  

María Tiburcia Cárdenas Padilla, madre de Iris y también integrante del grupo ecológico El Roble, compartió que al momento la comunidad sigue en litigio para evitar que este proyecto continuara y se siguiera perjudicando a la gente del lugar. “Basta de tanta contaminación. Estamos realmente preocupados por toda la deforestación, por el cambio climático, por el cambio de uso de suelo”, exclamó. 

Una lucha que nos involucra a todos

Las mujeres coincidieron: la lucha por la defensa de los territorios es una lucha que se debe llevar en lo colectivo. “Esto está en nuestras comunidades, pero nos afecta a todos”, afirmó Iris Hernandez. 

Leonor Canadas, integrante del colectivo portugués Climáximo, afirmó que la crisis climática y ambiental se traduce también en una crisis en el orden de lo social, lo político y lo económico, que demanda un cambio en el sistema socioeconómico actual.  

“No es sólo un cambio de fuente de energía, sino un cambio en la forma en la que nos organizamos y pensamos nuestras economías. Tres por ciento de la población mundial es responsable de casi el 50 por ciento de todas las emociones de gases con efecto invernadero”, señaló. 

Asimismo, la activista y organizadora de la Conferencia Global de Empleos Climáticos afirmó que la colectividad es una herramienta muy poderosa para la resistencia; “[salvarnos] va a depender de que nos organicemos y que retemos las estructuras que nos han dicho que no se pueden mover y empezar a moverlas”. 

Coincidió con ella Montaño Beckmann, quien cerró el diálogo señalando que la lucha climática no debe delegarse a otros para “para hacerla por nosotros en nuestro lugar, tenemos que encontrar cómo organizarnos y desde ahí trabajar”. 

FOTOS: Luis Ponciano