Luego de una pausa, el Foro de Soberanía Alimentaria regresó a la agenda de actividades de la Licenciatura y Nutrición. En su sexta edición, estuvo dedicado a la alimentación y los ecofeminismos como alternativas al modelo de producción agropecuaria imperante 

 

En mayo de este año, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) informó que, a escala mundial, en 2022 hubo 250 millones de personas padeciendo hambre aguda. Asimismo, 258 millones de personas, en 58 países, enfrentaron escenarios de inseguridad alimentaria. Estas cifras, que se alejan cada vez más de la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas, han aumentado por diversos factores, entre otros un modelo de producción agroalimentaria que no respeta el medio ambiente y que se ha visto afectado por la crisis climática. Este escenario de crisis hace necesario propiciar espacios de reflexión que permitan explorar soluciones que permitan cambiar el rumbo, como el Foro de Soberanía Alimentaria y Nutrición, cuya sexta edición tuvo lugar en el ITESO los días 6 y 7 de septiembre pasados. 

Después de una primera jornada que incluyó un taller de metodologías participativas con perspectiva de género y un conversatorio, la inauguración oficial tuvo lugar el segundo día del foro. Durante la ceremonia, el Rector del ITESO, Alexander Zatyrka, SJ, expresó que “nos enfrentamos a una emergencia climática que amenaza la salud del planeta y de sus habitantes, una crisis a la que contribuye el modelo agroalimentario industrial”. Ante ese escenario, añadió el Rector, es “fundamental unir esfuerzos, compartir sabres y experimentar soluciones”, trabajar colectivamente para “incidir positivamente en la salud de las personas y la sostenibilidad ambiental”. 

Zatyrka Pacheco también dijo que “los ecofeminismos anteponen las necesidades de las personas y del ecosistema por encima de los intereses del capital”, y añadió que es importante poner en relieve el papel de la mujer en el diseño de políticas públicas relacionadas con la alimentación. 

El Foro de Soberanía Alimentaria y Nutrición fue organizado por el Departamento de Educación, Psicología y Salud (DPES) —a través de la Licenciatura en Nutrición—, el Departamento de Formación Humana (DFH) y el Comité Interdireccional para la Igualdad de Género del ITESO. Eugenia Catalina Casillas, directora del DPES, resaltó la colaboración de las tres instancias universitarias y señaló que el foro de reflexión busca ver la alimentación como un derecho humano, más que como una mercancía. Por su parte, Alejandra de la Torre, titular del DFH, calificó como “valioso” el aporte que da la perspectiva feminista al modelo agroalimentario. “Las mujeres campesinas tienen mucho que decir sobre la producción y distribución de los alimentos”, aseguró De la Torre. 

 

Ecofeminismo y alimentación

El plato fuerte del foro fue el panel que reunió a Érika Jiménez, fundadora de la cooperativa Milpa; Valeria de León, académica de la Ibero Puebla e integrante del Tianguis Alternativo de Puebla, y Carmen Cuéllar, doctora en agroecología y académica de la Universidad de Córdoba, en España. 

En su exposición “Somos naturaleza”, Érika Jiménez habló de cómo el ecofeminismo hace frente a las estructuras de poder y dijo que un primer paso para adentrarse en el modelo ecofeminista es ver el cuerpo como un territorio —“el primer territorio es nuestro cuerpo y el cuerpo se puede defender”—. “El ecofeminismo busca dignificar la vida, visibilizar las desigualdades y plantear alternativas”, continuó y luego dijo que ante un modelo de producción que homogeniza y contamina territorios y cuerpos es necesario salir de la opresión, politizar los cuerpos, buscar derechos, compartir saberes, trabajar en colectivo. “Politizar el cuerpo implica pensarnos como personas vivas”. 

Valeria de León tituló su intervención “Mujeres en los sistemas alimentarios” y dijo que estuvo basada en una investigación realizada en Puebla. Mencionó que las personas suelen dar por sentadas muchas cosas de la cadena producción-distribución-comercialización-consumo de los alimentos, pero que las Redes Alimentarias Alternativas (RAA) buscan otras formas de articular la producción con el consumo, formas que permitan visibilizar aspectos que muchas veces no son tomados en cuenta, como “el intercambio de recursos, de tiempo, de energía y de afectos, así como los trabajos de cuidados, domésticos y reproductivos”. 

La investigadora dijo que el modelo actual señaló que el modelo actual busca sostener el Estado y el mercado, pero que las RAA atienden otras necesidades humanas como el afecto, la participación, la libertad y el ocio. “En el tema de la alimentación ¿dónde están las mujeres? Están en todas partes y en todo momento”, dijo De León, pero hizo hincapié en no idealizar la participación de las mujeres, ya que “es necesaria una redistribución de las prácticas para avanzar a soluciones colectivas y locales, construir espacios para ensayar otras formas de organización”. 

Por su parte, Carmen Cuéllar tomó como punto de partida tres dimensiones de la agroecología —ecología, tecnología y producción; socioeconomía; política-cultural— para luego exponer los diversos cuestionamientos que plantea el feminismo, como quiénes tienen acceso a los bienes, la organización, el acceso a los recursos, capacidad de decisión, la autonomía, las estructuras de poder, el uso de la voz, entre otros.  

Sobre la alimentación, la académica española dijo que ésta va más allá de cubrir necesidades nutricionales, pues también implica “identidad, amor y cuidado, además de salud física, mental y emocional. La comida es un eje vertebral y la alimentación es un instrumento de lucha y resistencia”. 

 

FOTO: Luis Ponciano