ITESO. UNIVERSIDAD JESUITA DE GUADALAJARA

El deterioro ambiental detrás de las pandemias

Jul 6, 2020 | Covid-19, MEDIO AMBIENTE |

En el medio de la vorágine de la pandemia, conviene reflexionar sobre las causas y consecuencias, no solo de esta emergencia sanitaria, sino de las que han sido y de las que posiblemente vendrán.

POR MARINÉS DE LA PEÑA DOMENE. PROFESORA DEL CIFOVIS

“Nuestra salud depende de la salud del planeta 

Dra. María Neira, OMS 

Aunque de origen aún incierto, tenemos la seguridad de que el Covid-19 es una enfermedad zoonótica, es decir que es transmitida por algún animal y posteriormente se adaptó a vivir en humanos. Si bien es cierto que las enfermedades zoonóticas han estado presentes en la humanidad desde su inicio, es muy probable que estas hicieron más recurrentes con la domesticación de animales, la que volvió que nuestro contacto con ellos fuese más cercano y más frecuente. Lo que ha cambiado en los últimos 30 a 40 años es la frecuencia de incidencia de estas epidemias y pandemias.  

Pero demos un paso atrás. Antes de pensar en enfermedades, no hay que olvidar que vivimos y coexistimos a diario entre trillones de bacterias, virus, hongos, protozoarios y otros microorganismos. Se estima que solamente el 43% de nuestro propio cuerpo son células humanas, mientras que el resto corresponden precisamente a ésta microbiota que nos habita y que sólo en algunas ocasiones nos causa enfermedades. Aún falta por conocer a toda la biodiversidad que habita nuestro cuerpo, pero podemos entrever la caja de Pandora cuando pensamos que solamente conocemos el 1% de la microbiota que habita a los animales silvestres. 

Hoy estamos viviendo de muy cerca las consecuencias de una enfermedad zoonótica. La magnitud de ésta es enorme por sus efectos en la salud, su impacto económico, así como las consecuencias asociadas en dimensiones como la seguridad y el desempleo, en los derechos humanos y hasta en nuestra propia libertad. A veces desesperadamente, gobiernos, organizaciones internacionales, organizaciones de la sociedad civil y cada uno de nosotros tratamos de manejar las graves consecuencias de esta pandemia, pero ¿qué tanto hemos pensado en las causas de esta y de otras pandemias? Diferentes grupos de científicos han documentado y han tratado de alertarnos de que la principal causa detrás de las cada vez más recurrentes epidemias: la crisis mundial de la biodiversidad. La ONU ha identificado 5 factores que aumenten el surgimiento de las zoonosis: primero, y quizá la causa más evidente, es el tráfico de vida silvestre global ya que de manera muy directa aumenta el contacto entre especies y, por ende, también con sus enfermedades, en su mayoría aún desconocidas. Por ejemplo, el pangolín, uno de los sospechosos de la actual pandemia, es la víctima número uno del tráfico de especies, siendo utilizada en la medicina tradicionales de algunas partes de China y otras partes de Asia.  

El segundo y posiblemente el más devastador es la deforestación y el cambio de uso de suelo que conllevan a la reducción de los hábitats para animales silvestres, lo cual genera en los animales que sobreviven, mayor estrés y competencia haciéndolos más vulnerables ante enfermedades. La deforestación también genera mayor contacto entre la las especies silvestres y los humanos, exponiéndonos a nuevas enfermedades. Además, la pérdida de hábitat también ocasiona pérdida de especies. La biodiversidad actúa como una barrera que diluye la incidencia de enfermedades, a esto se le conoce en ecología como “efecto de dilución”. Básicamente, donde coexisten en forma equilibrada la fauna y la flora del lugar, los patógenos están diluidos y, por lo tanto, no tienen condiciones para generar brotes de enfermedades. Al perder la biodiversidad, también estamos perdiendo esa barrera de protección ante enfermedades, haciendo así que los ecosistemas alterados sean “zonas de riesgo” para la transmisión de epidemias. Lo anterior nos lleva al tercer factor, la agricultura y ganadería intensiva, principales causas de deforestación y pérdida de hábitat. Ya sean los inmensos mares de cultivos de maíz en las planicies del medio oeste de Estados Unidos o las grandes extensiones de soya en la Amazonía, estos ambientes son extremamente homogéneos. Esta homogeneidad crea condiciones perfectas para especies oportunistas, es decir, aquellas que se adaptan a vivir en ambientes degradados y que, frecuentemente también son aquellas que suelen ser excelentes reservorios de enfermedades zoonóticas. El escenario es aún más evidente cuando encontramos granjas de producción de animales donde el hacinamiento es atroz. Un solo animal contagiado puede fácilmente contagiar a los miles que ocupan los reducidos espacios. Así hemos visto otras pandemias propagarse como la influenza porcina (N1H1), las dos fiebres aviares (N5N1 y H7N9), el coronavirus porcino (HKU15) y el humano (OC43), el virus de Nipah (NiV), entre otras.  

Marines de la Peña, es profesora del Centro Interdisciplinario para la Vinculación y Formación Social del ITESO. Puedes buscarla en su correo marinespd@iteso.mx

Lo anterior nos lleva al cuarto factor, la resistencia antimicrobiana. Específicamente, el uso excesivo de antibióticos que, en el caso del ganado bovino que a nivel mundial le es subministrado 8 millones kg de antibióticos anuales, y no por estar enfermo, sino para acelerar la ganancia de peso y para prevenir algunas enfermedades. Este sobreconsumo de antibióticos, lejos de ayudar a que no se generen epidemias, han tenido un efecto contrario al aumentar la resistencia de microorganismos zoonóticos y haciendo las enfermedades que se presentan sean más problemáticas y resilientes. Tal es en caso de diversos coronavirus y hantavirus que han evolucionado en ambientes modificados ganando resistencia y transformándose en un mayor riesgo epidemiológico. El quinto factor exacerba todos los demás desastres naturales, el cambio climático. Bajo los escenarios de cambio climáticos se amplifican las principales amenazas que afectan a la biodiversidad y se favorece la expansión de virus y bacterias, o de sus vectores. Diversas especies oportunistas son favorecidas por hábitats alterados y/o por cambio climático teniendo preferencia por ambientes húmedos y cálidos. Ejemplo de ello son los mosquitos transmisores de dengue y otras enfermedades que cada vez son más abundantes en lugares en donde antes no se encontraban.  

Así el escenario que en el que nos encontramos… alarmante, sí, pero con una línea de acción clara que la ecóloga Julia Carabias explica así: La primera línea de defensa contra próximas pandemias es la conservación de los ecosistemas y de la conservación de la biodiversidad.  

Referencias 

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