REPORTAJE / SOCIEDAD

Artesanas se convierten en empresarias

Desde el Proyecto de Aplicación Profesional “Desarrollo de Proyectos Productivos Sociales” el ITESO colabora en consolidar la cooperativa Corazón de Maíz, Centro Artesanal, conformado por mujeres artesanas de San Cristóbal Zapotitlán

POR JUDITH MORÁN

Un sinnúmero de figuras hechas con hojas de maíz espera en los estantes del Centro Artesanal Corazón de Maíz, muchas de ellas extienden sus amplias faldas y parece que forman parte de un grupo folclórico que está bailando un son, otras cargan alcatraces como si posaran para Diego Rivera, otras van en pequeñas embarcaciones cargadas de flores, las hay de distintos tamaños, la curiosidad por contemplarlas de cerca es imperativo para quien entre al recinto.

El Centro Artesanal está a 14 kilómetros de Jocotepec, en San Cristóbal Zapotitlán. En uno de los salones del lugar una veintena de mujeres espera a estudiantes y profesoras del ITESO; es el cierre del segundo periodo del Proyecto de Aplicación Profesional “Desarrollo de Proyectos Productivos Sociales”.

Los equipos de estudiantes de Relaciones Industriales, Ingeniería Financiera, Psicología, Diseño o Administración Financiera, van presentando lo que este semestre trabajaron con ellas: herramientas para establecer el costo de sus artesanías, un organizador para preparar su participación en ferias, un manual de cómo se hace cada una de sus tipos de artesanía –catrinas, coronas, –, etiquetas, entre otros.

En el lugar, mujeres y estudiantes ríen con complicidad al recordar los incidentes que sortearon durante el proceso, hay momentos en que a más de una los ojos se le humedecen, para algunos estudiantes este es la segunda vez que están en este PAP y no volverán a las sesiones semanales del periodo de Primavera 2018 para acompañarlas en los nuevos retos que tiene la cooperativa Corazón de maíz, Centro Artesanal.

“Pretendo que nuestras artesanías sean valoradas, reconocidas nacional e internacionalmente, ya se vende en el extranjero, pero nada más en Estados Unidos, por lo pronto; en Plaza Liberación vendimos en Semana Santa (a personas) de España de Colombia, les gustaron, les atraen, quiere decir que hay mercado, entonces hay oportunidad y si tenemos esa oportunidad hay que explotarla” dice Catalina García, la presidenta de la mesa directiva de la cooperativa a la que pertenecen 43 mujeres.

“Quiero que realmente todas estas señoras tengan un beneficio para su familia, que mejoren con el hecho de pertenecer a la cooperativa y tengan una artesanía bien pagada”, señala Catalina García.

Ellas llevan un largo recorrido al día de hoy en donde ya se constituyeron como cooperativa, comenzaron a participar en nuevos espacios para exponer y comercializar su artesanía, entre ellos el concurso de altares de muertos del 15 Festival Cultural Universitario del ITESO en el que con sus catrinas ganaron el primer lugar.

Los intentos de consolidar el proyecto con las mujeres de esta comunidad llevan más de 20 años, cuenta Gabriela Muñoz, profesora que lleva este PAP junto con Soledad Ramírez.

“Ya tenemos años en esto, antes estábamos luchando porque nos hicieran aquí nuestro centro artesanal y teníamos las reuniones en la plaza y en otros lados” recuerda María de la Luz Gómez, integrante del colectivo. Ya con el centro edificado, comenta, hubo varios intentos de formar el grupo, personas llegaron y se fueron.

En diciembre de 2016 inició un proceso de integración del grupo de artesanas entre las que había descontento y rivalidad, explica Soledad Ramírez; el Instituto de la Artesanías Jalisciense “estaba preocupado porque ya no se trabajaba en el centro”.

El equipo para la integración, en principio, se formó con la Fundación con Causa Azul, “integramos el equipo con Mario Limón –egresado del ITESO–, quien es el responsable de la fundación y quien nos convocó a Horacio Ceballos –profesor del ITESO– y a mí”, recuerda Soledad Ramírez.

Antes de terminado este proceso, se analizó la posibilidad de que el ITESO las acompañara en su formación para impulsar la parte empresarial. Entonces entró la Escuela de Negocios del ITESO.

“El Centro de Universidad Empresa (CUE) dijo que le entraba con un equipo de consultores para formarlas en temas de mercadotecnia, finanzas, empresariales, de emprendimiento y, por el otro lado, el Departamento de Economía, Administración y Mercadología (DEAM) apostó por abrir un grupo de PAP que tuvo como responsable al profesor Horacio (Ceballos) y la Fundación queda como un agente paralelo, siempre ha estado acompañando y siempre se ha mantenido ahí de manera transversal”, relata Soledad Ramírez.

La artesana María de la Luz Gómez recuerda que Horacio Ceballos tenía presente la frase de “amar y servir, y así lo han hecho ellos, siempre sin ninguna ventaja de nada, nos han echado la mano”.

Transformaciones profundas

Animarse a decir lo que piensan, sentirse con mayor libertad, ser capaces de tomar decisiones, experimentar la sensación de aprecio por sus artesanías y ser revaloradas por su familia son algunas de las transformaciones que las asesoras del PAP perciben en las artesanas.

“Son pequeños comentarios que, a la vez, te hablan más allá de si venden o no artesanías, de lo que ellas se sienten capaces de hacer, que es una preocupación que tenemos, el sentirse empoderadas como mujeres a ser capaces de llevar un proyecto rentable porque también se trata de que mejoren sus condiciones de vida” señala Gabriela Muñoz.

La intención es que ellas lleguen a ser autosuficientes, Gabriela enfatiza que “es mérito de los alumnos que supieron acompañar para que ellas supieran costear sus productos, y lo que para ellas representa conocer esto es saberse como empresarias, decir sé cuánto cuesta mi producto, a cuánto lo tengo que dar, cuánto va a ser mi beneficio y no lo estoy regalando porque tiene un valor”.

El reto para los estudiantes, relata Soledad Ramírez, es la tropicalización de sus conocimientos a una realidad distinta: muchas de ellas no asistieron a la escuela, otras no tienen posibilidad de trabajar en el campo por su edad y trabajar figuras de la hoja de maíz era la única actividad que podían hacer desde casa.

Y agrega que para los estudiantes “es un shock porque están acostumbrados a recibir o a hacer desde su propio conocimiento, y ahora no, van a estar junto con alguien que tienen que enseñar y buscar la manera de hablarle en su idioma; ellos daban por un hecho que las señoras los iban a entender y cuando hacían el ejercicio del acompañamiento para ver realmente cómo estaban costeando se dieron cuenta que no había quedado claro”, entonces tenían que regresar; es un proceso que puede llegar a ser frustrante y el sortearlo implica crecimiento para los alumnos en un área que no está dentro de lo que les enseñan en la carrera.

Los estudiantes desarrollaron un procedimiento que les ayudará a costear las artesanías de manera colectiva para que sea un proceso transparente para las integrantes de la cooperativa. En el costo de cada pieza se toma en cuenta el precio del material, el tiempo de elaboración y hasta el desgaste de sus herramientas.

Además, de un tabulador de precios de acuerdo al espacio en el que las venderán tomando en cuenta distintos escenarios, como si en el lugar son las únicas que tienen ese tipo de artesanía.

María de la Luz, quien primero aprendió a hacer canastas viendo a sus cuñadas, resume el acompañamiento de los estudiantes en que les están dando las herramientas para actuar, “mi sueño sería que algún día lleguemos a decir ya solas sabemos valernos por nosotras mismas, sabemos hacer un trato directo de comprador a vendedor”.

Para la presidenta de la cooperativa Corazón de Maíz, Centro Artesanal, un aporte de los estudiantes y de la universidad, además de los conocimientos, fue abrir su visión hacia nuevos mercados.

“Es una cooperativa de mujeres con mucho entusiasmo por salir adelante y aprender, las artesanías se hacen realmente con el corazón”, afirma Catalina García quien cuando se le pregunta por qué una cooperativa de mujeres responde: “porque somos la base de todo, porque somos la fuerza de la vida”.

 

 

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