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Jóvenes que protegen a sus hermanos mayores

Jóvenes que protegen a sus hermanos mayores

Un modelo de resiliencia, que ha abrigado a la comunidad de jesuitas en retiro y enfermería en Guadalajara, es el que integraron estudiantes, novicios, enfermeras y enfermeros, cocineros, personal de limpieza, médicos y sacerdotes de la Compañía de Jesús cuando la covid- 19 llegó a la Casa Canisio, SJ, conocida también como Villa María.

A casi un año del inicio de la pandemia, hemos aprendido muchas cosas y recordado otras que habíamos olvidado hace tiempo. Entre ellas, ya logramos asumir que la naturaleza humana tiene un categórico componente de fragilidad y que la población más propensa a morir por las complicaciones que provoca el SARS Cov 2 son los hombres mayores de 65 años. Sabemos que los momentos más críticos de la enfermedad, que en muchos casos terminan en muerte, los transitamos en soledad por el ineludible aislamiento al que nos sometemos para aquietar el latente contagio.

Somos conscientes también que, sin una campaña de vacunación oportuna y masiva que frene la cadena de transmisión del virus, nuestra máxima prioridad es proteger a las personas mayores o con una condición de salud delicada. Un modelo de resiliencia, suscitado en la comunidad de jesuitas en retiro y enfermería en Guadalajara, es el que han ejercido estudiantes, novicios, enfermeras, enfermeros, médicos y sacerdotes de la Compañía de Jesús cuando la covid- 19 llegó a Villa María. La historia nos la cuenta José Martín del Campo Casillas, SJ, el padre Pepe, superior de esta comunidad de jesuitas e integrante del Centro Universitario Ignaciano del ITESO.

La ayuda que llegó a la Casa Casa Canisio, SJ, conocida también como Villa María, fue un equipo integrado por jóvenes jesuitas,  seis estudiantes de Filosofía del ITESO y cuatro novicios, que atendieron el llamado del padre Hernán Quezada, SJ, asistente de Formación de la Compañía de Jesús en México y responsable de las dos enfermerías jesuitas en el país.

Encarar la crisis

La Casa Canisio, SJ, más conocida como Villa María, funciona como una de las dos enfermerías con las que cuenta la Compañía de Jesús en México y en ellas se atiende y acompaña a veteranos jesuitas. Como en cualquier otra casa, la llegada del virus Sars Cov 2  era posible, aunque no deseable, por lo que debían estar preparados.

Al igual que en otros hogares, para frenar la cadena de transmisión del virus, esta casa hizo una división de espacios e ideó un plan de contingencia. Comenzaron eligiendo dónde atenderían a los hermanos enfermos de covid y se establecieron medidas y criterios de convivencia para mantenerse seguros. También aumentaron al máximo el monitoreo de síntomas de todos los integrantes de la casa, incluyendo al personal que labora ahí.
El padre Pepe recuerda que el 23 de enero, cuando se presentó el primer contagio, eligieron la biblioteca como área de atención para quienes enfermaran de covid, pues era un espacio separado del resto de la casa, con entrada y salida independiente y aledaña a un baño. Instalaron un tapial que tiene función de muro, para aislar completamente la entrada de la biblioteca.

Días después, cuando se confirmaron más casos, la ayuda externa era necesaria y urgente.

“Le hablé al padre Hernán Quezada SJ, que, además de ser el encargado de las dos enfermerías que tenemos en México, es médico. Con mucho gusto se ofreció para ayudar junto con jesuitas que ya habían enfermado de covid y podrían atender a los padres que estaban infectados”.

El padre Hernán había integrado a un equipo de jóvenes jesuitas, seis estudiantes de Filosofía del ITESO y cuatro novicios que ya habían contraído el virus previamente y se encontraban en condiciones para ayudar.

Quienes hemos padecido o hemos tenido una persona enferma de covid 19 en casa,  experimentamos que las labores de atención al paciente no se limitan al cuidado de síntomas, en ocasiones las tareas de limpieza y desinfección de espacios y de ropa, se duplican o triplican, el transporte de medicinas, equipos y alimentos precisa ser puntual y el resto de la familia, que también está en aislamiento, no detiene sus actividades, por lo que sus necesidades tampoco desaparecen.

En Villa María, la suma de los jóvenes jesuitas al personal de base de la casa fortaleció sustantivamente la atención tanto a quienes enfermaron de covid, como a quienes requerían de cuidados por otras enfermedades. El padre Pepe cuenta que los jóvenes con formación en medicina y enfermería, a cargo del padre Hernán, se integraron al equipo que atendía a los pacientes de covid; en tanto que el resto del grupo fortaleció las labores de atención a los hermanos mayores. “Fue importantísima su presencia pues se sumaron haciendo trabajos de enfermería, de aseo de los cuartos y baños de los jesuitas veteranos, toma de signos vitales, llevando ropa sucia a la ropería y tendiendo camas”, recuerda el padre Pepe.

Los que atendían el área de covid se aislaron por completo “dormían, comían y vivían apartados del área de piso, incluso el personal no regresó a sus casas para evitar contagiar a sus familias, nos prestaran un espacio en la Comunidad de la Ciudad de los Niños donde el equipo llegaba a bañarse y a dormir.

Después de 10 días de encierro total, pruebas continuas, y medidas restrictivas, los padres y hermanos de la casa comenzaron a salir de sus habitaciones al comedor y a los jardines, con sana distancia. Incluso pudieron volver a celebrar eucaristías al aire libre en los  jardines de la casa.

José Martín del Campo, SJ, recuerda que los jóvenes estudiantes y novicios no solo atendieron el llamado del padre Hernán Quezada, SJ, quien es Asistente de Formación de la Compañía de Jesús en México, sino que ofrecieron su servicio voluntario para ayudar a sus hermanos mayores. “Para nosotros es una ayuda increíblemente maravillosa y para ellos ha sido una prueba de entrega, de trabajo y de fidelidad muy grande”.

Pero aclara que la pandemia no solo representa para los jóvenes en formación la oportunidad de probar sus competencias en una circunstancia tan real como peligrosa, y de comprobar si su vocación de servicio da para entregarse a otra persona e intentar salvarla, con el inminente riesgo que conlleva. La pandemia representa también, para la Compañía de Jesús, una prueba de su naturaleza resiliente, de su capacidad para responder a las crisis y del talante de sus jóvenes en formación. “Lo que hemos vivido en Villa María es un gran testimonio a la Provincia de México. Muchas veces criticamos a los jóvenes, decimos que no tienen la formación que tuvimos los mayores, o que las cosas no son como antes, pero ellos tienen una entrega muy grande. Hemos descubierto en la práctica, en la crisis, la enorme capacidad de estos jóvenes, que van a ser los futuros jesuitas de la Provincia.

A su vez, los jóvenes han caído en la cuenta cada vez más, que la Espiritualidad Ignaciana es una experiencia que impulsa al servicio, a cumplir con nuestra Misión: en todo amar y servir. Los jesuitas mayores ven en la acción de los jóvenes que la Compañía les tiene un especial cariño y dedicación, porque ellos han entregado su vida a la Misión de la Compañía, y esta no nos abandona cuando somos viejos.”

“Quienes podemos narrar esto que pasó, pudimos vivir algo muy espiritual en los momentos de crisis. Cada quien, desde sus diferentes servicios y saberes, entregó todo lo que tenía. Ha sido una experiencia humana, jesuítica, de mucha entrega, y mucho dolor; pero está dando frutos y yo puedo contarla.”

Un modelo de esperanza ante la enfermedad y la muerte

Este modelo de intervención para atender y acompañar a los veteranos de la Provincia Mexicana de Jesús alojados en la Casa Canisio, SJ, como otros testimonios que hemos conocido durante esta pandemia, desmonta la añeja idea de que las grandes hazañas responden al arrojo de una sola persona que dirige la batalla desde su cuartel, evitando enlodarse en el campo. Este modelo es más un andamiaje bien articulado por la implicación de las personas que lo componen, que contiene al escenario para las batallas largas y críticas que encaran quienes están enfermos y quienes le asisten directamente; y está cobijado alrededor por la operación de soporte, que les nutre de confianza, un componente esencial para volver a la batalla. La labor para crear confianza implica un desempeño diligente, silencioso y constante que se extraña solo cuando falla o está ausente, y la realizan quienes preparan los alimentos, surten medicinas y despensa, hacen el transporte, mantienen ropa y espacios ordenados, limpios y desinfectados, y que buscan oportunidades para acompañar y dar esperanza cuando la muerte se presenta 

A partir de algunas parábolas bíblicas, el teólogo alemán Jurgüen Moltmann explica cómo se manifiesta el Reino de Dioen los distintos momentos en los que Jesús cura a los enfermos. En principio, propone que evitemos conceptualizar aReino, porque el Reino eexperienciase comprende al implicarse y ser parte de un todoLuego, expone que las enfermedades graves son emisarias del gozo de la resurrección, que implican sufrir e incluso morir. Específicamente sobre la enfermedad y la muerteque son parte de esta experiencia de Reino, Moltmann dice “en la curación de los enfermos el Reino toma cuerpo. El Espíritu vivifica lo enfermo, lo mortal” 

 Desde esta experiencia de Villa María y de su comunidad jesuita en la lucha contra la enfermedad y la muerte ¿podemos hablar de resiliencia y de esperanza?  

El superior de la Casa responde“Quienes podemos narrar esto que pasó, pudimos vivir algo muy espiritual en los momentos de crisis. Cada quien, desde sus diferentes servicios y saberes, entregó todo lo que tenía. Ha sido una experiencia humana, jesuítica, de mucha entrega, y mucho dolor; pero está dando frutos y yo puedo contarla.  

Logramos mucho porque los escolares que se contagiaron se encargaron de atender a sus hermanos mayores en el área covid. Cuando a los jesuitas nos dan una Misión y la asumimos desde nuestra espiritualidad, todos juntos la sacamos adelante.  

 Todavía lloro de la emoción de lo que hemos vivido. Durante los momentos más duros, se sentía una pasión, una mística y una fuerza de servicio impresionante. No había rollos, estábamos con el corazón vibrando en contacto con la enfermedad, con la muerte y el dolor, hermanados todas y todos juntos en una misión. Me venía aquello que dijo San Pablo ‘todo ayuda a aquellos que aman a Dios’”. 

  El testimonio del equipo de jesuitas de la Casa Canisio, SJ, me recuerda que Jesús no explicó o les contó a sus discípulos cómo curaba a los enfermos. Éactuó, se puso en contacto con ellos y se entregó vibrando con sufrimiento por la enfermedad y la muerte.  me conmueve la reflexión porque la invitación que nos hace Jesús a través de vivencias es implicarnos, a exponernos e incluso a contagiarnos para consolar y salvar a otra persona. En el fondo, básicamente se trata de aprovechar las crisis como oportunidad para desmontar estructuras y paradigmas que nos hacen creer que estamos lejos de desarrollar la capacidad o el espíritu de vivir la paradoja de la pasión que Jesús experimentó.  

  A la luz de la Espiritualidad Ignaciana, José Martín del Campo, SJ, dice que cuando se tiene un horizonte de trascendencia, de ir más allá del narcisismo egoísta que nos ata y nos mantiene ‘seguros’, emerge la fuerza humana para salir de uno mismo. Decía San Ignacio que las cosas espirituales sirven: ‘Tanto cuanto nos ayudan a salir de nuestro propio amor, querer e interés”. 

De izquierda a derecha se encuentran (de pie) José Martín del Campo, SJ, David Alejandro Serafín, Conrado Paz, Diego Flores Rebollar, Iván Jesús Hernández, Sebastián Salamanca, Mauricio González y Hernán Quezada, SJ, (sentados) Joel Hernández y Rubén Smith.

Un Santo que inspira y hace guardia

En la Casa de San Pedro Canisio, SJ se experimenta un cambio que quedará en memoria de servicio de los jóvenes en formación y de los veteranos de la Compañía de Jesús. El padre Pepe concluye que en un momento dado de la historia de nuestra Casa se rompió el paradigma de formadores y formados, de jesuitas y de personal, todos hicimos comunidad y donde hay comunidad está el Espíritu de Dios.  

   Los fines de semana, cuando llegan los jóvenes escolares, se siente su presencia, se percibe mayor alegría, espíritu de servicio. Yo siento que tenemos una memoria de servicio, de comunidad, que hace más llevadera la insoportable levedad del ser. 

“En un momento dado de la historia de nuestra Casa se rompió el paradigma de formadores y formados, de jesuitas y de personal, todos hicimos comunidad y donde hay comunidad está el Espíritu de Dios. “

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Sobre el Autor

Karina Osorno Hinojosa

Es la editora del semanario CRUCE. Coordina la comunicación interna del ITESO. Puedes contactarla en karina@iteso.mx

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