La edición 25 de la revista Clavigero, Comunidades de Saberes, reúne expertos que proponen en sus textos análisis, retos e iniciativas en torno a esta crisis multidimensional

¿Qué vas a comer hoy? ¿Qué de eso es producido localmente? ¿Cuánto costó producirlo, en términos económicos y medioambientales? ¿Es saludable? ¿Y cuánto de eso que te serviste no te comerás y terminarás tirándolo a la basura? 

La alimentación es un proceso que puede ser entendido desde diferentes dimensiones: económica, medioambiental, social, cultural, ética y, por supuesto, de salud. Todas estas aristas son analizadas en las páginas del más reciente número de la revista Clavigero, Comunidades de Saberes, “Ante la crisis alimentaria y ambiental, ¿qué hacemos?” en el que, a través de diferentes artículos, se propone escarbar la relación de la alimentación con la crisis multidimensional que enfrenta la humanidad a nivel mundial. 

Marinés de la Peña Domene, académica del Centro Interdisciplinario para la Formación y la Vinculación Social (Cifovis) y una de las coordinadoras de esta edición, compartió que este número se pensó para ser detonador de reflexiones respecto a la crisis alimentaria y ambiental, así como para fomentar el diálogo en torno a alternativas paliativas. 

“Estamos acostumbrados a pensar en lo que comemos por la salud que nos brinda, pero no pensamos en el impacto ambiental que tiene la producción del alimento que nos comemos. Las decisiones que tomamos sobre lo que ponemos en nuestro plato sí tienen impacto en nuestra salud y también en nuestro medio ambiente”, dijo. 

Ana Paola Aldrete González, académica del Departamento de Economía, administración y Mercadología (DEAM) y también coordinadora de este número, señaló que “todo lo que hacemos tiene una repercusión a nivel individual, organizacional y social. ¿Qué podríamos cambiar en esas decisiones y cómo desde ahí podríamos reducir nuestros impactos?”, preguntó a integrantes de la comunidad universitaria que acudieron a la presentación de la revista, realizada el pasado 26 de octubre en la Plaza de los 50 Años. 

El panorama mundial es desalentador. El acelerado crecimiento de la población; la masificación, la alta tecnificación y la poca sustentabilidad de los sistemas productivos, así como el desequilibrio en la oferta y la demanda de alimentos han dado como resultado una dieta deficiente en nutrientes que, a su vez, conlleva problemas de salud en la población, ecosistemas de producción locales con poco o nulo apoyo y un desperdicio de hasta 40 por ciento de la producción de alimentos, a pesar de que más de 690 millones de personas viven condiciones de hambruna. 

Una causa cercana a la misión jesuita 

Paulo Orozco Hernández, académico del Departamento de Educación, Psicología y Salud (DPES), compartió que esta edición de Clavigero amalgama dos de las preferencias apostólicas universales de la Compañía de Jesús con la crisis alimentaria y ambiental.  

La primera de estas preferencias, señaló, conmina a “caminar junto a los pobres, los descartados del mundo y los vulnerados en su dignidad, en una misión de reconciliación y justicia”, traducido a quienes son marginados por el sistema alimentario. La segunda se refiere al cuidado de la casa común, principio invisible para la agroindustria, considerada la responsable del 90 por ciento del daño ecológico del planeta. 

“La destrucción del medio ambiente que se está generando con el sistema económico dominante infringe un daño intergeneracional, porque afecta no sólo a los actuales habitantes de la Tierra, sino que condiciona y arriesga la vida de generaciones futuras”, mencionó el investigador.  

Señaló que, más que hablar de una crisis multidimensional, resulta más adecuado hablar de un colapso ambiental y social cuyas consecuencias ya se viven. “Ya no podemos pensar en la salud de las personas sin hablar de la salud del planeta y la sociedad”, afirmó. 

Las plumas que escriben en este número informan acerca de los retos y las iniciativas que entraña esta crisis. La revista presenta artículos de Natalia Mesa Sierra, especialista en temas de capital natural y sustentabilidad; María José Ibarrola Rivas, del Instituto de Geografía de la UNAM; Marien Aubert, directora de Sarape Social Guadalajara y fundadora de Food Funding; Gregorio Leal Martínez, académico del Cifovis, y Rodrigo Rodríguez Guerrero, académico del Centro Universitario de Incidencia Social (Coincide). 

También hay textos de Maya Viesca Lobatón, académica del Centro de Promoción Cultural (CPC); José Rosario Marroquín Farrera, SJ, académico del Departamento de Filosofía y Humanidades (DFH); y, por parte del DPES, los académicos Éric Alvarado Castro, Paulo Orozco Hernández y Laura Patricia Arellano Gómez. En tanto, Louise Guibrunet y María Magaña, también del Instituto de Geografía de la UNAM, complementan la edición con una infografía que hace una analogía entre el metabolismo urbano y la cadena alimentaria. 

Mercados alternativos

Luego de la presentación, un panel de representantes de mercados alternativos compartió algunos de sus objetivos ante una industria que apuesta por las ganancias económicas y que deja de lado el desarrollo comunitario y la salud de los consumidores. 

Patricia Pocovi, profesora jubilada del ITESO y miembro del mercadito Flor de Luna, señaló que los mercados alternativos tienen como objetivo ofrecer productos saludables a los consumidores, además de acompañarlos en la reflexión para saber de dónde vienen los alimentos que consumen y cuál es el proceso agroecológico de los mismos. 

A su parecer, contar esta información y acercar a consumidores finales con productores “es el sabotaje que los consumidores podemos hacer ante esta crisis alimentaria”, puesto que se incide en la salud de las personas y se promueve un consumo más responsable y solidario.  

Coincidió Silvia Aguilar Slane, estudiante de la Licenciatura en Hospitalidad y Turismo y parte de la Cooperativa de Consumo Consciente MILPA, quien añadió que los consumidores informados pueden tomar decisiones que, potencialmente, “inspiren un nuevo modelo de consumo justo y sustentable”. Una de las estrategias que maneja esta cooperativa es la venta de productos en canasta, que incluye alimentos frescos, semillas y huevo, entre otros productos locales. 

Ana Ojeda, representando al Mercado Toca, señaló que esta iniciativa se consolidó durante la pandemia, con un enfoque educativo que involucra también a los niños en el comercio y el consumo responsable, ofreciendo además actividades como música en vivo y obras de teatro que se suman al trueque y la compraventa de enseres, redondeando así la experiencia. “Desde el Mercado Toca no pretendemos cambiar al mundo, pero sí dar herramientas a los jóvenes para empezar a transformar sus territorios”, dijo. 

Estuvo presente también Marien Aubert, fundadora del proyecto Food Funding, que es un servicio de catering que aprovecha comida rescatada de los mercados con la intención de reducir el desperdicio de alimentos y detonar reflexiones en los consumidores respecto a este despilfarro. “Nosotros la transformamos y hacemos estos banquetes”, mencionó. 

Víctor Flores Gutiérrez, de Feria De Productores, confió en que acercar este tipo de opciones a las nuevas generaciones tendrá un impacto en sus hábitos de consumo. “Es importante buscar opciones de alimentación que nos puedan acercar un poco más con procesos naturales y desde donde se pueda fomentar la comunidad”, dijo. 

 

FOTOS: Luis Ponciano