Expertas y experto en temas de historia, género y educación sexual discutieron sobre los mitos del placer en el panel realizado por Unisida ITESO.

“Cogí a Cristo del brazo y le besé la boca largamente; noté cuánto le agradaba mi gesto de amor”, se lee en un texto de un monje varón delo siglo XXII, en plena edad Media. El fragmento lo leyó Pedro Reyes, SJ, en el panel “Hablemos de Placer: Discursos, modelos y transiciones”, y preguntó a la audiencia si imaginaban el género y momento histórico de este texto de alguien que había redactado sobre su experiencia mística.

“El placer es un tema que cruza prácticamente toda la filosofía y que muestra las diferentes formas en las que fue concebido el placer en la historia”, explicó. “En el discurso religioso, de la Iglesia Cató- lica en particular, hay documentos antiguos que destacan el placer espiritual de una manera más libre”.

Este y otros mitos fueron confrontados en el panel organizado por Unisida, voluntariado del Centro de Acompañamiento y Estudios Juveniles, el lunes 9 de abril en el Auditorio D2.

El jesuita formó parte del panel con la investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Karla Alejandra Contreras, la profesora del Centro Interdisciplinario para la Formación y Vinculación Social Mariana Espeleta, y la educadora sexual Delia González.

El objetivo del panel fue analizar cómo el discurso hegemónico de la sexualidad construye prácticas y discursos y reconocer las diversas formas de expresión de las sexualidades contemporáneas, del placer y el erotismo con perspectiva de género.

“El discurso hegemónico es aquel que se ha legitimado como válido, predominante en torno a la sexualidad y con el fin de regular los placeres, prácticas y formas de relacionarnos”, explicó Mariana Espeleta. “Los adoptamos, interiorizamos y nos convencemos de ellos”.

Esto es clave, afirmó, porque explica cómo hemos asumido el sistema sexo-género. Por estos roles, la figura de mujer monógama y reproductiva ha sido ligado al tema de bienes y propiedad. “Es el control del cuerpo de las mujeres lo que obliga a la monogamia femenina para controlar la transmisión de bienes, y es reproductivo porque, en el proyecto hegemónico económico, político y cultural, debe reproducir a los siguientes obreros, y proveer de comida, sexualidad y descanso, completamente gratis, a los trabajadores”.

“Es importante entender de dónde proviene el modelo heterosexual, reproductivo y monógamo; comprender su complejidad y resignificar cómo hemos asumido discursos y prácticas sexuales como la norma”, dijo Karla Contreras, quien compartió algunos de los resultados de sus investigaciones, sobre todo los de su estudio de maestría, titulado “Posiciones discursivas frente al placer, deseo sexual y sexualidad en jóvenes”. Este fue un estudio comparado entre jóvenes heterosexuales entre 15 y 19 años de Ocotlán, México y Antofagasta, Chile. De ella, encontró ocho discursos con respecto al placer: La sexista; la esencialista sexual, “en la que se cree que el hombre no puede refrenar sus impulsos sexuales y no se les puede sancionar”.

La normativa performativa costumbrista, que cree que el placer solo es válido en relaciones estables; la posición discursiva romántica; la erótica con otro, en contraposición con el erotismo auto centrado, que busca placer desde distintos medios, como la masturbación; y, por último, la contra sexual, crítica ante todas las posiciones anteriores, que afirma que “no debe ser que las mujeres sean marcadas por sus prácticas. Se debe pensar y discutir en el discurso hegemónico. El placer sexual no solo es actos coitales o heteronormativos, y la sexualidad no solo existe desde genitalidad”.

Delia González, egresada de Psicología, contó que perteneció al Colectivo de Diversidad Igualitaria ITESO, que le permitió conocer historias desde la diversidad sexual; esto le hizo entender que no había espacios dónde aprender prácticas sexuales fuera de la penetrativa, porque hay información que se deja fuera en la educación sexual.

“Todes tuvimos una educación sexual, y no me refiero a la de la escuela o la escasa que obtuvimos en casa; la educación sexual está en todos lados”, explicó. Para su proyecto, titulado Masturbatorium, realizó una encuesta sobre aquellas películas de la infancia en la que sus seguidores vieron por primera vez una escena sexual.

“Todas las películas mencionadas compartían tres cualidades: todas eran prácticas heterosexuales, eran penetrativas y, además, exclusivas pene-vagina. Y lo que no vemos en el cine, lo acabamos de ver en lo que es la madre de la educación sexual informal: la pornografía”.

Vivir en una cultura hiper sexualizada, afirmó la sexóloga por el Instituto Nacional de Sexología, no es sinónimo de vivir en una cultura del placer. “Todas estas imágenes que vemos todo el tiempo se convierten en una guía de un deber erótico, en el que muches quedamos fuera por no pertenecer a este grupo hegemónico heterosexual”.