Gabriel Vallejo y Maia Baeza, estudiantes del ITESO, trabajan en NextVision: un proyecto que busca crear un sistema operativo capaz de fortalecer el aprendizaje a cada persona mediante la neurociencia y la Inteligencia Artificial. La iniciativa promete mejorar la atención sostenida y ofrecer una educación más inclusiva. 

“Muchas veces uno no sabe cómo estudiar, porque no sabe identificar cuáles son las razones por las que no comprende un tema”, dice Gabriel.

En cuanto un niño logra ponerse de pie y entablar una conversación básica, es llevado a la escuela, si tiene la oportunidad. Allí descubre que el acto de “aprender” está vinculado a permanecer sentado en una banca, rodeado de otros en la misma situación, para escuchar durante horas a una persona frente a él. Un rito impuesto en múltiples regiones que, con frecuencia no toma en cuenta las diversas capacidades y dificultades que puedan llegar a tener los alumnos.

El sistema educativo tradicional funciona para algunos. Sin embargo, para otros representa múltiples retos. “Es importante cambiar la forma en la que aprendemos y en la que enseñamos, porque cada individuo es distinto”, menciona Gabriel V. Castro, estudiante de Ingeniería en Sistemas y líder del proyecto NextVision, junto con Maia Baeza, de la carrera de Psicología. La iniciativa busca desarrollar un sistema operativo con inteligencia artificial (IA), capaz de identificar cómo aprende cada persona y cuáles son sus habilidades potenciales, para adaptar los contenidos y facilitar el proceso sin perder la atención.

La pandemia de Covid-19 reveló la importancia de la enseñanza presencial. Durante la cuarentena (que fue mucho más tiempo del que sugiere la palabra), millones de estudiantes se vieron obligados a aprender desde casa. Este cambio aceleró la digitalización de la educación, pero también profundizó las desigualdades. No todos contaban con dispositivos, conectividad ni espacios adecuados. El impacto fue contundente: pérdida de aprendizajes, deterioro en habilidades sociales y motrices. Un rezago educativo que hoy afecta a más de 24 millones de personas en México.

Además, la sobreestimulación generada por redes sociales y videojuegos ha dejado una huella profunda en la capacidad de atención sostenida. Estos medios, diseñados para ofrecer recompensas inmediatas, han reconfigurado el sistema de motivación del cerebro, haciendo que actividades como leer o seguir una clase resulten frustrantes.

Es en este contexto que surge la investigación, pero ¿cómo puede una IA comprender las necesidades de cada estudiante? El equipo está por entrar en la fase de recopilación de datos biométricos mediante tecnologías que el ITESO pone a su disposición: Eye tracking, que analiza hacia dónde y por cuánto tiempo se dirige la mirada para medir la atención; neurofeedback, que registra la actividad cerebral en tiempo real; biofeedback, que monitorea indicadores físicos como ritmo cardíaco y respiración; y encefalogramas (EEG), que permiten detectar patrones eléctricos del cerebro.

“Empezaremos por el área de lectoescritura […] ya que es la base de todo”, explica Baeza.

El proyecto abordará el aprendizaje desde una perspectiva integral. No se limitará a rastrear la respuesta del cerebro durante la lectura o en una simulación de clase, sino que también considerará factores emocionales para detectar estrés y pérdida de atención. El objetivo es monitorear los niveles de concentración. Con ello modificar los contenidos para hacerlos más atractivos y accesibles, fortaleciendo las habilidades de manera personalizada.

También se contemplan las diferencias biológicas entre hombres y mujeres: “Por ejemplo, la idea de que el cerebro se divide en dos hemisferios solamente aplica para hombres. En las mujeres es la parte central del cerebro entonces no podemos usar los resultados de una sola población para todos”, señala Baeza. A esto se suman variables como el ciclo menstrual y otras condiciones hormonales.

Por su diseño, el sistema también representará una herramienta importante para las personas neurodivergentes. “Todos tienen métodos y habilidades distintas para aprender […] Cada cabeza es un mundo”, dice Gabriel.

En el futuro, planean desarrollar un sistema operativo basado en su modelo EOBARD (Educational Optimization Bootstrapping Assistant for Research and Development), capaz de acompañar a los estudiantes en su vida académica desde cualquier dispositivo. Este avance plantea retos importantes, como la protección de datos personales, que el equipo planea resolver mediante sistemas de seguridad similares a blockchain. “Se trata de amplificar las habilidades del maestro y de los estudiantes”, añade Gabriel.

La iniciativa acaba de recibir el respaldo del Centro Universidad Empresa (CUE) de la Escuela de Negocios del ITESO, que les otorgó un 85% de apoyo para la incubación del proyecto, además cuentan con la asesoría de académicos del Departamento de Psicología, Educación y Salud (DPES). “Creo que es importante hacer un cambio de paradigma a muchos sistemas que actualmente hay en el mundo”, asegura Gabriel.

FOTO: Zyan André