Para Minerva Ochoa, profesora del Departamento de Lenguas, su nombramiento como profesora numeraria es un fruto que fue sembrado por muchas otras manos

Eurídice Minerva Ochoa Villanueva cree que su vocación como docente se forjó en la infancia, en un hogar donde leer y escribir eran actividades profundamente valoradas y donde la biblioteca ocupaba un lugar central. No es casualidad que sus nombres coincidan con los de personajes de la mitología clásica, (ninfa y diosa respectivamente). “No teníamos muchos […] pero los libros eran algo que se atesoraba”.

Recuerda la primera vez que ayudo a alguien a leer y escribir. “Ella tenía seis años y yo diez”, cuenta. Aquella niña, cuya lengua materna no era el español, enfrentaba muchas dificultades y miedo a equivocarse. Sin embargo, cuando Minerva le explicaba, surgían la confianza y el valor para descifrar los signos escritos. Ahí comprendió que aprender es un proceso que requiere acompañamiento y que enseñar implica ponerse al lado de quien aprende.

Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas y la maestría en Lingüística Aplicada en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Durante ese periodo conoció a un grupo de jóvenes que llamaron su atención. “Me gustaba mucho su forma de pensar y la manera en la que afrontaban la vida”, recuerda. Los describe como personas capaces de tomar distancia antes de asumir una postura y de darse un momento para la reflexión crítica. “Ahora entiendo que hacían un trabajo de discernimiento”. Todos ellos eran egresados del ITESO. Minerva tuvo claro que quería formar parte de esa comunidad. “Quería trabajar donde ellos se habían formado”.

En 2001 ingresó al ITESO como profesora de Comunicación Escrita. “La primera clase creí que se me saldría el corazón”, confiesa. Desde entonces, ha entendido la docencia como una profesión marcada por la incertidumbre: “No sabemos cómo vienen los grupos, las generaciones van cambiando, los programas se actualizan y el conocimiento se modifica”. Ese dinamismo es, precisamente, una de las dimensiones que más disfruta, pues le permite encontrarse con distintos perfiles, intereses y formas de aprendizaje. “Dentro de toda esta riqueza, poder acompañar de manera adecuada para que alcancen los objetivos por su propio camino es uno de los retos más interesantes”, afirma.

Continuó su formación con una especialidad en Ciencias Sociales, con mención en lectura, escritura y educación, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), y obtuvo el doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad de Santander. Actualmente es profesora del Departamento de Lenguas (DL), donde imparte asignaturas vinculadas con la comunicación y la formación lingüística universitaria y también en el Instituto Superior Intercultural Ayuuk (ISIA), en Oaxaca.

A lo largo de su trayectoria ha participado en investigaciones sobre literacidad académica y proyectos como Analítica de datos en los servicios con enfoque social, utilizando métodos de inteligencia artificial y aprendizaje automático, iniciado en 2023 con apoyo del Fondo de Apoyo a la Investigación (FAI) del ITESO y liderado por Gabriela Calvario. En esta iniciativa, el equipo explora el uso de la inteligencia artificial para el desarrollo de tecnologías que reconozcan lenguas originarias, como el tseltal, mediante herramientas de traducción.

Con los años, Minerva ha sido testigo de cómo la enseñanza de la lengua ha transitado a perspectivas socioculturales que reconocen las trayectorias previas de los estudiantes y promueven su agencia como comunicadores. Desde su experiencia, enseñar ya no consiste en transmitir reglas, sino en generar condiciones para que cada persona tome decisiones discursivas con sentido.

Sobre la distinción menciona que es un fruto que hoy le toca recoger, pero que fue sembrado por muchas otras manos. Al mirar hacia atrás, reconoce que siempre tuvo la certeza de querer ser profesora, pero admite que hubo algo que no anticipó: “No sabía que mis estudiantes iban a aportarle tanto sentido y significado a mi vida. Que el ITESO se iba a convertir en otra casa, y mis compañeras, compañeros, en una segunda familia”.

FOTO: Zyan André