El ITESO inauguró su nueva librería de la mejor manera: como parte de los festejos por el Día Mundial del Libro, con Alberto Ruy Sánchez y Bernardo Esquinca como invitados de lujo y, sobre todo, con la confianza de que el espacio se constituirá en un punto de encuentro entre la comunidad universitaria y los libros

Si alguien quisiera unir todos los fragmentos y reconstruir completo el listón que se cortó durante la inauguración de La Libre, enfrentaría una misión imposible porque le faltaría una parte: lo primero que hizo Alberto Ruy Sánchez luego de cortar su sección de tela azul con las tijeras, fue preguntar si se lo podía quedar. Y se lo quedó. A cambio, mientras la gente comenzaba a curiosear entre las estanterías llenas de libros nuevos, Ruy Sánchez dejó un mensaje en el libro de visitas del espacio: “Para mí tiene un significado especial, profundo y viejo estar aquí e inaugurar esta librería, como exalumno de colegio y universidad jesuitas, como tercera generación de exalumnos jesuitas, como editor y como autor, este espacio es corazón vivo, rítmico, de una vida espiritual posible, de una vida espiritual con sentido, de una vida abierta a lo posible. Gracias ahora y siempre por esta invitación”.

Ubicada en el edificio de la biblioteca Jorge Villalobos Padilla, SJ, dentro del ITESO, La Libre es el nuevo proyecto universitario que es producto del trabajo conjunto de la Oficina de Publicaciones y la Dirección de Información Académica (DIA). Durante la ceremonia de inauguración, Mónica Márquez, directora de la DIA y la biblioteca, dijo que, en el marco del Día Mundial del Libro, “no inauguramos sólo un espacio: abrimos un umbral. Abrir una librería es un gesto a contracorriente: es hacer una pausa en tiempos donde se prioriza la velocidad; se apuesta por la profundidad contra lo superficial; las preguntas contra las respuestas inmediatas. Leer es detenerse en lugar de seguir; escuchar en lugar hablar; buscar la complejidad en un mundo superficial”.

Márquez Hermosillo afirmó que una librería es un lugar para aprender a pensar por cuenta propia y añadió que “pensar no siempre es cómodo, pero es necesario. La libertad se ejercita y se defiende y el libro es una herramienta para ejercitar la libertad”. En ese sentido, dijo que La Libre es un espacio a donde las personas acudirán a encontrarse con los libros, a descubrirlos y a dejarse atravesar. Sobre el proyecto, mencionó: “La Libre no nace de una voz, es un proyecto de lento cocimiento que conjunta muchas visiones, ideas y voluntades, porque la cultura, cuando está viva, siempre es colectiva”, y remató su intervención diciendo: “Aquí se piensa, así se duda y aquí se lee”.

Manuel Verduzco, director de la Oficina de Publicaciones, recordó que esta es la cuarta librería que tendrá el ITESO y compartió que durante el proceso que tuvo el proyecto para su creación, tuvo dos dudas principales: por qué debía haber una librería en el ITESO y cuáles libros debía tener. Para responder a esas preguntas, tomó como punto de partida las ideas de John B. Thompson en el libro Las guerras del libro. Edición y revolución digital, quien afirma que “un libro es algo más que un simple transmisor de contenidos, se trata de un objeto que puede habitar nuestros espacios y, al mismo tiempo, nos delata: basta con asomarnos a los libros que una persona conserva para intuir sus intereses, sus preguntas, incluso sus afectos. En ese sentido, los libros no solo permanecen, también nos acompañan y nos representan”.

Por otra parte, para definir qué libros habría de tener La Libre, también recurrió a Thompson quien decía que había dos maneras de catalogar los libros: los desechables y los que se quiere conservar. “A partir de estas ideas, asumimos el reto de pensar qué libros debían habitar el espacio de La Libre. Más que una selección limitada, buscamos construir una curaduría que abriera posibilidades de hallazgo, que invitara a la exploración y al descubrimiento”, dijo Verduzco, quien detalló que esta curaduría está compuesta por 5 mil títulos de 160 editoriales de México, Colombia, España, Argentina y Chile, así como del Sistema Universitario Jesuita.

El tercero en tomar la palabra fue el escritor Bernardo Esquinca, invitado especial de la ceremonia y egresado de Ciencias de la Comunicación del ITESO, quien recordó su paso por el ITESO y dijo que había sido “muy feliz en los jardines, en los edificios. En ese entonces no había librería, habría sido más feliz” —“Es lindo volver a casa”, escribiría más tarde en el libro de visitas—. En su intervención, recordó el libro Farenheit 451, de Ray Bradbury, y dijo que este presenta “un mundo distópico en el que ya vivimos”. Recordó que la novela trata de una sociedad en la que los bomberos se dedican a quemar libros porque el gobierno autoritario quiere impedir que la gente piense. “Yo estudié en la secundaria, la prepa y la universidad con los jesuitas, que nos enseñaron a pensar y defender el pensamiento propio”, dijo Esquinca y mencionó la importancia de “defender la casa del pensamiento que son los libros”.

Finalmente, Alexander Zatyrka, SJ, rector del ITESO, dirigió unas palabras en las que dijo que la universidad, la biblioteca y la librería forman un triángulo perfecto para las personas que leen. “En el ITESO nos faltaba un vértice, y eso es La Libre”. El rector dijo que se espera que el espacio fomente el pensamiento crítico, creativo, que amplié los horizontes y permita entrar en contacto con el ecosistema lector que se promueve en la biblioteca del ITESO. Dijo que si bien la lectura es un acto individual, se buscará alentar el espíritu comunitario, combinando la lectura en soledad con las experiencias grupales para “generar nuevos lazos colectivos”. Por otra parte, también dijo que el espacio será una oportunidad para que las y los autores publicados por el ITESO sean protagonistas relevantes y entren en contacto con la comunidad lectora. Concluyó diciendo que la apertura de La Libre “es un sueño que veníamos anhelando: tener nuestra propia librería”.

Luego de las intervenciones, tuvo lugar el corte del listón, al que se sumó Guillermo Gatt Corona, presidente de ITESO A. C. y después se realizó la bendición, en una ceremonia presidida por Alexander Zatyrka y que en su mensaje creó un puente entre la apertura de la librería y la práctica de la Lectio Divina, a la que describió como “una metodología que retoma san Ignacio y que busca leer cómo Dios se comunica con nosotros a través de la palabra”. Explicó en qué consiste cada parte de la metodología —Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio, Collatio, Actio— y concluyó haciendo votos para que La Libre se constituya en un punto de encuentro, de conocimiento profundo, de trabajo conjunto para “empujar el paradigma detrás de la narrativa de la época en la dirección correcta, la de la humanización”. En su mensaje en el libro de visitas, apuntó: “Querida itesiana, querido itesiano de ahora y del futuro: En ti y contigo soñamos y concretamos este espacio. Que sea un lugar crecimiento, de diálogo, polilogo, de contemplación, de construcción de comunión e identidad. Nos seguiremos encontrando ahora y siempre. Un abrazo y bendiciones”.

Los libros, los jesuitas y el azar

Como parte de las actividades de la inauguración, también tuvo lugar la conferencia magistral “La librería: azar y necesidad”, a cargo del escritor y editor Alberto Ruy Sánchez, quien comenzó diciendo que estaba muy alegre y honrado por haber sido invitado a la inauguración de La Libre. “Es un momento especial por varias razones: la primera, porque soy editor; la segunda, porque soy un editor interesado en la vida de las librerías; la tercera, porque como lector soy un navegante de las librerías”.

El editor de Artes de México comenzó compartiendo que, sin ser especialmente religiosa, su familia siempre estuvo “preocupada por que todos fuéramos educados por los jesuitas”, ya que siempre consideraron que la jesuita “era la mejor educación posible”. Con este antecedente, arrancó una disertación en la que, a partir de múltiples anécdotas, hizo un recorrido por el legado de diferentes jesuitas, comenzando Ignacio de Loyola, estableciendo un parlelismo entre el Quijote y el fundador de la Compañía de Jesús: así como el personaje de Cervantes quiso volverse caballero andante a partir de la lectura de las novelas de caballería, así Ignacio de Loyola quiso ser santo luego de la lectura de las vidas de los santos, con las que tuvo contacto durante la convalecencia después de ser herido en la batalla de Pamplona. “San Ignacio, que fundó todo por lo que estamos aquí, lo que tenía era un delirio quijotesco por los libros que leía”, dijo Ruy Sánchez.

El recorrido trazado por el escritor y editor pasó también por los trabajos de los jesuitas misioneros Francisco Javier y Mateo Ricci. Sobre el segundo, destacó sus trabajos para reivindicar “la idea jesuita de que se puede llegar a Dios a través de las sensaciones, no sólo de la palabra”. En esa línea, recordó lo dicho previamente por Manuel Verduzco y dijo que el cerebro se activa de manera diferente cuando entra en contacto con cosas físicas. “La activación del cerebro al leer en papel es muy distinta de la que ocurre al leer en pantalla”, algo que se vincula con los trabajos de Mateo Ricci relacionados con la memoria. Sin embargo, añadió Ruy Sánchez, es importante “valorar el libro impreso pero no con nostalgia u odio hacia el electrónico. Hay que aprender a usar ambas herramientas y valorar la letra impresa».

Alberto Ruy Sánchez dijo que es importante que las universidades den un lugar primordial al contacto entre el estudiantado y los libros y lamentó que haya espacios donde algunas personas “quieren meter los libros a una bodega y que sólo sean consultables por catálogo. Negar la posibilidad de encontrarse con los libros es negar el azar, porque el azar comienza en las bibliotecas”, dijo. Por eso, para concluir señalo que el reto de las librerías, y por supuesto de La Libre, es propiciar “la vinculación con la comunidad, una vinculación que sea dinámica, importante, que invite a comprar libros y a relacionarse de diferentes maneras”

FOTOS: Luis Ponciano y Zyan André