El trabajo de investigación que hicieron durante meses dio lugar a la propuesta de un complejo escolar en el que conviven materiales industrializados y técnicas vernáculas
«En la arquitectura, la investigación del sitio donde estás trabajando es lo más importante. No importa qué tan atractiva estéticamente sea tu propuesta si no dialoga con el lugar en donde estará”. Este es uno de los principios que Camila Briani ha aprendido durante su formación en el ITESO y es esa misma sensibilidad hacia el entorno la que llevó al equipo del que forma parte a ganar el Senegal Secondary School, un concurso internacional de arquitectura para enfrentar la deserción escolar en zonas rurales del país africano.
El proyecto ganó entre propuestas de todo el mundo —al menos 35 reconocidas como finalistas y 10 menciones honoríficas— gracias a la postura de diseño crítico de quienes lo desarrollaron. Entre ellos Camila Briani y Mateo Rubio, estudiantes de la Licenciatura en Arquitectura; Sandra Sánchez González, egresada de la misma carrera en 2020; y Rodrigo Velasco, profesor del ITESO y arquitecto especialista en estrategias bioclimáticas aplicadas.
El trabajo de investigación que hicieron durante meses dio lugar a la propuesta de un complejo escolar en el que conviven materiales industrializados y técnicas vernáculas. Además de su eficiencia, su fórmula se apoya en las tradiciones de emplazamiento arquitectónico de las personas que habitarán el espacio, con la intención de impulsar su pertenencia e identificación. “Demuestra una sensibilidad absoluta hacia los recursos disponibles y las capacidades reales de construcción de la comunidad”, reseñó uno de los jueces del concurso.
El reto propuesto por la plataforma internacional de arquitectura Archstorming y Let’s Build My School, organización no gubernamental francesa, tuvo como propósito ofrecer nuevas oportunidades de educación para niñas y niños de Djilakh, un pueblo rural de alrededor de cuatro mil habitantes en Senegal.
En dicha comunidad, la ausencia de secundarias provoca una alta tasa de abandono escolar, especialmente entre las niñas, por lo que el reto era diseñar un nuevo centro de formación para 160 estudiantes usando materiales basados en tierra y técnicas de construcción accesibles para trabajadores locales.
Como en ediciones anteriores del concurso, el proyecto ganador será construido luego de una etapa de recolección de fondos por parte de los organizadores. Así que el equipo del ITESO verá materializado el esfuerzo que emprendió en otoño de 2025, en el que todos fueron mitad arquitectos y mitad aprendices con el fin de “hacer futuro con la tierra”, como les dijo Ana Rosa Olivera, una de sus asesoras y profesora de la universidad.
El reto estructural y de sentido de pertenencia
Sandra y Rodrigo fueron los primeros en animarse a entrar al concurso e invitaron a la dupla de estudiantes porque reconocieron en ellos la capacidad de resolver los problemas detrás de una solicitud de diseño arquitectónico.
Para desarrollar este proyecto se encontraron con dos desafíos principales. El primero era un reto estructural relacionado con el techo, pues los organizadores del concurso consideraban que ese era un elemento que no había quedado resuelto en convocatorias anteriores. Esta vez solicitaban un sistema de cubierta que garantizara el confort térmico y que, a la vez, fuera asequible y replicable.
Una segunda dificultad que el equipo del ITESO percibió fue la de presentar un proyecto que fuera coherente con la manera de vivir de la comunidad de Djilakh. No querían convertirse en agentes externos que, desde otro continente, llegaran a enseñarles a las personas un nuevo sistema constructivo bajo una lógica colonial.
Esa consideración ética se volvió imperativa para los arquitectos al descubrir la resistencia de la población senegalesa hacia ciertos sistemas educativos; una postura que oscila entre percibir la enseñanza francesa como una imposición —frente a una mayoría que habla el idioma wolof— y reconocer los abusos y la explotación de menores en torno a las escuelas coránicas conocidas como daaras.
Lo mejor de dos paradigmas
Lo que se propusieron, entonces, fue crear espacios donde los estudiantes de Djilakh se sientan identificados en lugar de alienados. Esto no hubiera sido posible sin una postura crítica, liberada de los purismos que guían el trabajo arquitectónico por solo uno de dos caminos posibles: el de enfrentar los diseños con materiales industrializados o a través de técnicas ancestrales. Los arquitectos del ITESO recurrieron a ambas opciones.
“Son dos caras de la moneda, como en las luchas con los rudos y los técnicos. Desde nuestra postura decidimos tomar lo mejor de las dos. Recurrimos a la durabilidad, la garantía y lo habilitantes que son los materiales industrializados y los hibridamos con el conocimiento vernáculo”, explica Rodrigo Velasco, en referencia a las propuestas metodológicas que aprendió de Alessio Battistella, uno de sus profesores asesores durante su paso por la Maestría en Arquitectura y Diseño Urbano del Politecnico di Milano.
La arquitectura vernácula es aquel conocimiento constructivo nativo de un territorio y que no se desarrolla mediante un estudio racional, sino que responde a la manera en la que las personas resuelven con sus propios medios, sin asesoría técnica especializada.
A través de ella el equipo ganador diseñó un techo de doble cubierta para la escuela secundaria. La primera será una capa hecha mediante la técnica de caruna, un sistema aislante natural construido con barro y paja, tradicional entre las comunidades del norte de Chile, donde el clima semiárido cálido o de estepa coincide con el de Senegal. Mientras la caruna servirá para bloquear la radiación, estará coronada una segunda cubierta de lámina que garantice la impermeabilidad. Los muros se erguirán con bloques de tierra comprimida.
“Como nos dijo Ana Olivera, una buena construcción con tierra necesita unas buenas botas y un buen sombrero. Por eso, se proyectó una segunda cubierta de lámina que protegiera la estructura de tierra”, ejemplificó Mateo Rubio, quien estudió la preparatoria en el Tecmilenio.
Esa propuesta representó un riesgo en el contexto del concurso, pues lo organizadores habían dejado claro que no querían recurrir a materiales como la lámina para el techo. Sin embargo, el equipo del ITESO sostuvo ese gesto de rebeldía, al concluir que era el diseño más ligero, que a la vez tenía mejor desempeño técnico. Se arriesgaron a “salirse del guion” y su tenacidad fue recompensada.
Para impulsar la apropiación del lugar entre las personas del pueblo senegalés, el diseño adoptó una morfología no racional que, en lugar de maximizar el espacio mediante ángulos rectos, los organiza de manera orgánica alrededor de los árboles en el terreno, replicando los patrones de asentamiento de Djilakh. Esta integración cultural se refuerza con el uso de componentes arquitectónicos tradicionales del norte de África como el takhtabush, el sahn y la mashrabiya.
Una invitación al discernimiento en la arquitectura
Sandra, Rodrigo, Camila y Mateo tienen la intención de viajar al pueblo senegalés una vez que su obra comience a edificarse, para colaborar en su construcción, aunque todavía no hay una fecha establecida para que suceda. Ver el proyecto materializado y ser testigos de su impacto tendrá un significado profundo para este grupo de arquitectos, que iniciaron la aventura con el sencillo propósito de enriquecer su práctica profesional.
“Hace un mes yo me preguntaba si algún día se construiría algo diseñado por mí. Pensaba que tal vez a los 45 años lo lograría. Por eso todavía no me la creo. Esto tiene un gran impacto en mí, para creer en mi trabajo”, comparte Camila quien cursó el bachillerato en el Instituto de Ciencias
Y Sandra agrega: “Con la rutina de la vida diaria es difícil que uno siga sus pasiones con la constancia que quisiera, pero lo que esta experiencia me deja es que hay que seguir con firmeza en lo que uno cree y no dar nada por sentado, porque siempre que existen grandes recompensas, es porque hay un trabajo muy grande detrás”.
Como explica Rodrigo, este logró en el Senegal Secondary School es también una invitación para que otros arquitectos del ITESO se animen a salir de la domesticidad, apoyados en el potencial del discernimiento ignaciano. A ellos les permitió estar a la altura de colegas de todo el mundo y destacar por atender desafíos que están más allá de lo evidente.
FOTOS: Cortesía

Trackbacks/Pingbacks