La Dirección de Información Académica (DIA), o la “biblio”, como casi todos la conocen, reúne más de medio millón de libros, revistas, materiales videográficos, bases de datos y recursos digitales que pone al alcance de los más de mil 500 visitantes que recibe cada día. Además del acervo, ofrece servicios y espacios para estudiar, reunirse, conversar o simplemente descansar
Hoy, este espacio alberga más de 500 mil recursos entre impresos, digitales y audiovisuales, y se ha transformado en algo mucho más amplio que un sitio para consultar libros. La DIA es responsable de seis funciones que van desde asegurar el acceso a recursos de información actualizados, fomentar la cultura informacional, apoyar la producción académica, hasta resguardar la memoria histórica del ITESO e impulsar prácticas lectoras dentro y fuera del aula.
Márquez comparte algunas de las actividades que se organizan desde la dirección para el fomento de la cultura: “Tenemos los sábados de biblioteca familiar, donde invitamos a los niños y tenemos actividades gratuitas de fomento a la lectura para las familias […] las exposiciones […] y proyecciones de cine”. Para conocer más sobre las actividades puedes consultar aquí.
Esta lista de responsabilidades la perfila como una biblioteca contemporánea. Una que ya no funciona sólo como archivo o depósito, sino como un entorno vivo donde ocurren múltiples formas de aprendizaje. Un refugio para la diversidad de ideas, para el estudio solitario y el trabajo en grupo; para el silencio y la conversación; para enseñar y aprender. Como señala Márquez, “somos el lugar donde el conocimiento se teje con otras personas”.
“Las personas o los estudiantes ahora aprenden de más de mil maneras”, señala. Por ello la dirección se actualiza continuamente para ofrecer la mayor variedad de recursos posibles. Desde la llegada de aquella primera computadora en los años 1981, hasta la incorporación de talleres sobre el uso ético de la Inteligencia Artificial (IA), la biblioteca ha acompañado cada transformación del aprendizaje universitario y ha abierto la puerta a nuevas herramientas, lenguajes y modos de estudiar.
Además del préstamo y la consulta de su acervo, la biblioteca ofrece apoyos para acompañar el aprendizaje. Detrás de este trabajo hay un equipo de alrededor de 50 personas, distribuidas entre áreas técnicas, procesos educativos, sistemas, clasificación, archivo histórico y atención a usuarios, quienes mantienen en movimiento este gran recinto.
Una de sus labores principales es brindar asesorías personalizadas, ya sea de manera presencial, por correo o a través de sesiones para grupos y asignaturas. El área de asesores orienta en búsquedas complejas, uso de bases de datos, selección de fuentes y manejo de información especializada: “Ellos te dan asesoría sobre lo necesites para encontrar la información más vigente y adecuada para tu proyecto”, explica.
En materia de formación, cada semestre ofrece cursos y talleres sobre manejo de información como uso de recursos especializados y herramientas digitales. Asimismo, se imparten cursos a la carta para docentes que requieren apoyo puntual en sus clases o proyectos.
Para facilitar el acceso autónomo a la información, la biblioteca pone a disposición de los estudiantes las guías temáticas por carrera, donde se encuentran recursos seleccionados por asesores especializados: bases de datos, materiales digitales, plataformas, estadísticas y contenidos recomendados. “Nuestros asesores hacen una curación y un ordenamiento para que no se pierdan en el mar de información”. Además, el portal ofrece tutoriales que permiten aprender a utilizar herramientas o plataformas sin necesidad de asistir a un taller.
La biblioteca cuenta con una serie de servicios que permiten acceder a sus recursos de manera ágil y sin complicaciones. Uno de ellos es el autopréstamo, que permite llevar y devolver materiales sin hacer fila. Si algún título no está disponible, existe la opción de adquisición de materiales, mediante la cual estudiantes, docentes y personal pueden sugerir hasta cinco libros o recursos por semestre para integrarlos al acervo; como explica Mónica, este mecanismo permite que la colección crezca “a partir de los intereses reales de sus usuarios”.
También es posible renovar o reservar materiales desde la cuenta institucional, revisar fechas de entrega y gestionar préstamos de forma autónoma. A través del servicio de Obtención de artículos académicos electrónicos, la comunidad puede solicitar artículos, capítulos o documentos electrónicos que no están en la colección, ampliando así las posibilidades de investigación.
Para proyectos académicos, los equipos de enlace apoyan a profesores y departamentos en la búsqueda y selección de recursos especializados. Y, en la vida cotidiana, la biblioteca ofrece una variedad de espacios (cubículos, salas colaborativas, zonas silenciosas o áreas de trabajo en grupo), que pueden reservarse según las necesidades de cada persona. “Hay mil 200 plazas. Es decir, puede haber esa cantidad de personas sentadas en algún lugar de la biblioteca”, comparte Márquez.
Quienes desean una relación más cercana con la lectura pueden unirse a la membresía lectora, que brinda acceso a una sala exclusiva, actividades especiales y avisos anticipados. Además, mediante SECUDIS, la biblioteca ofrece materiales accesibles para personas con discapacidad visual o necesidades específicas de lectura. Finalmente, los servicios de impresión y reproducción completan este conjunto de apoyos, facilitando la preparación de trabajos, tareas y proyectos dentro del campus.
