Responder el Instrumento de Apreciación Estudiantil (IAE) no se trata solo de evaluar a los profesores. Es la oportunidad para que el alumnado sea parte de la mejora de cursos, planes de estudio y espacios de trabajo. Construir la universidad en colectivo.

Del 10 a 22 de noviembre se abrirá el periodo para responder el Instrumento de Apreciación Estudiantil (IAE), un cuestionario de 19 reactivos que invita a las y los alumnos a compartir su experiencia en las materias que cursaron a lo largo de este semestre. Su objetivo consiste en recabar información para la mejora de los espacios, actividades y dinámicas que impactan en su formación.

El cuestionario es un instrumento de Valoracción, un sistema institucional desarrollado hace 15 años con el objetivo de que las perspectivas de estudiantes, docentes y coordinadores dialoguen para enriquecer la experiencia universitaria. “Es una plataforma que busca crear espacios donde los estudiantes y, en general, los miembros de la comunidad universitaria tengan un papel activo en la mejora y el enriquecimiento de la gestión educativa”, explica Humberto J. Núñez Manzano, encargado de Inteligencia de Negocios e Información Institucional de la Dirección de Planeación y Evaluación del ITESO.

Valoracción opera a lo largo del semestre mediante tres etapas que integran la participación docente y estudiantil. Todo comienza con la planeación, cuando antes de iniciar clases los profesores suben las guías de aprendizaje a la plataforma para definir objetivos de las materias. Durante el curso se desarrolla la etapa de seguimiento, en la que el profesorado registra evidencias de las actividades realizadas, así como casos de éxito y áreas de oportunidad. Núñez explica que, a través de la plataforma, otros docentes pueden consultar estas experiencias y aprovecharlas para fortalecer sus dinámicas en clase o implementar nuevas estrategias. Finalmente, al cierre del semestre, se lleva a cabo la evaluación: se aplican los instrumentos, se generan reportes y cada profesor realiza una autoevaluación que comparte con su coordinador docente.

Actualmente, existen cinco instrumentos de evaluación. El más conocido es el IAE, aplicado en asignaturas de licenciatura. A este se suman dos instrumentos específicos para los Proyectos de Aplicación Profesional (PAP), que permiten evaluar tanto al profesor como al proyecto. El sistema también incluye dos instrumentos para los programas posgrado, que tienen una reflexión adicional sobre la contribución del estudiante para que el curso se haya impartido de manera efectiva, lo que fomenta una evaluación integral.

La información que surge de estas evaluaciones transforma en decisiones. Para los docentes, las evaluaciones son un termómetro que les ayuda a medir su desempeño. Además, son clave en procesos como las promociones académicas: “Cuando un profesor no es evaluado lo que nosotros interpretamos es que no le es importante escuchar al estudiante [..] Eso no es congruente con el MEI”, apunta Núñez.

Al implementarse en todas las fases del proceso de aprendizaje, ValorAcción no solo es un medio de retroalimentación, sino también un ejercicio que impulsa una enseñanza consciente: una práctica que no ocurre por inercia, sino que se planifica y se evalúa con el objetivo de una mejora constante. Como señala Núñez: “Es una responsabilidad compartida […] la universidad la hacemos todos en un proceso de comunicación y de diálogo».

FOTO: Luis Ponciano