Durante treinta años, el Centro de Promoción Cultural (CPC) del ITESO ha sido motor de creatividad, pensamiento crítico y sensibilidad en la comunidad universitaria. Desde sus inicios, ha ofrecido diversas actividades que integran arte, ciencia y cultura, reflejo de la inquietud de generaciones por expresarse y del compromiso jesuita con una formación integral que también cultiva los afectos
La cultura, es inherente al ser humano. Sin embargo, precisa de un entorno que la impulse y la haga florecer en comunidad. En ese sentido, el ITESO ha sido terreno fértil para consolidar un espíritu de libertad creativa y reflexión.
“El arte y la cultura dentro de una formación universitaria son importantísimos para crear personas diferentes, personas más sensibles, personas que cuidan al otro. Personas que no educan, sino que, junto con el otro en comunidad, hacen conocimiento”, menciona Bernardo González Huezo, integrante del equipo de Desarrollo Comunitario del CPC.
El origen de lo que se consolidaría como el CPC comenzó con una simple invitación: “Que hagamos un festival de la canción”, propuso José Luis Coronado (actual director de los Museos Exposiciones y Galerías de Jalisco MEG), a su amigo Bernardo González. Era el año de 1994 y ambos cursaban su último semestre en la universidad.
El evento, que se llevó a cabo frente al edificio central tuvo como juez a Juan Calleros, integrante del grupo Maná, lo que aportó un toque distintivo. Aunque pequeño, el festival representó un parteaguas: mostró el interés, el talento y la necesidad de contar con espacios dedicados a la expresión en el campus, así como financiamiento.
“Fue la semilla de lo que, en pocos años, se convertiría en la oficina”, recuerda González Huezo.
En 1995 se formalizó la Coordinación de Cultura, responsable de gestionar las dos áreas: la formativa, a través de talleres artísticos y las presentaciones. La primera coordinadora fue María del Carmen Álvarez. Entre sus integrantes hubo varias personas que hoy continúan vinculadas al ITESO: Maya Viesca, actual integrante del equipo de Gestión del Conocimiento del CPC; Mario Rosales, coordinador de la licenciatura en Arte y Creación; y Mayra Kitroser, actual directora del CPC, quien se unió al equipo como parte de su servicio social.
En 2002, la coordinación se transformó en el CPC. Bajo la dirección de Alfonso Hernández Barba se impulsaron múltiples estrategias para fortalecer esta instancia y el trabajo del ITESO en favor de la cultura.
La primera de ellas fue que los cinco talleres secuenciales enfocados a las artes se transformaron en 50 asignaturas del área complementaria (actualmente son cursadas por alrededor de mil 500 alumnos al año), y sirvieron como espacio de experimentación para el diseño de la licenciatura en Gestión Cultural, que abrió en 2012.
“Implicó un proceso de aprendizaje, de capacitación y de desarrollo de todo el personal del centro y de los profesores que en ese tiempo daban clases en los talleres […] El área de formación con el tiempo fue creciendo mucho, y eso le dio al centro uno de sus grandes ámbitos de trabajo”, recuerda Kitroser.
Antes de la existencia de auditorios y escenarios, la cultura en el ITESO encontraba su lugar en distintos puntos del campus, como la Plaza Central, que muchos recuerdan con cariño como “el ombligo”. Si bien las presentaciones al aire libre ya formaban parte de la vida estudiantil, la implementación de los talleres de la Coordinación de Cultura evidenció la necesidad de contar con espacios adecuados para la enseñanza.
“Allá en 2001 soñábamos con el edificio”, recuerda Hernández en alusión al actual Edificio V, también conocido como Edificio Vivo. Veinte años más tarde, ese sueño se materializó. Kitroser lo describe como “un hormiguero”, debido a la intensa actividad que alberga por los servicios que ofrece: áreas colaborativas, salones para danza, música, gráfica, teatro, el espacio para artes escénicas llamado Blackbox.
El Festival Cultural Universitario (FCU) también es un momento habitado por la cultura. Fue creado en 2002 con el fin de ofrecer un evento anual que reuniera a la comunidad en torno al arte y la reflexión. Con el paso del tiempo, evolucionó hacia una estructura más compleja, con temáticas y ejes curatoriales.
La vida cultural del ITESO va más allá del campus. A inicios de los 2000, Casa ITESO Clavigero, que antes era parte de la Dirección de Relaciones Externas (DRE), se integró al CPC. Este lugar fue elegido con el objetivo de fortalecer la vinculación de la Universidad con la ciudad, la región. Por su alto valor histórico y simbólico, obra del arquitecto Luis Barragán, se impulsó una política para su conservación, entre ellas su declaratoria como Patrimonio Artístico del Estado de Jalisco y como Monumento Artístico de la Nación en 2006.
Presente y futuro
El centro atiende a más de 30 mil personas al año, a través de asignaturas y eventos. A esto se suman las actividades impulsadas por sus distintas coordinaciones, como el Café Scientifique, VAS! y Noches de Baile, que emergieron durante la dirección de Ruth Rangel.
Como parte de la celebración por los 30 años del CPC, se realizó un encuentro entre universidades y gobiernos locales para establecer vínculos de colaboración. Además, académicos y profesores participaron en un taller impartido por el artista conceptual y educador Luis Camnitzer. También se preparan diversas actividades dentro del marco del FCU, para conmemorar la historia e impacto del centro.
“Empezamos a hacer un proceso de reflexión sobre dónde estaba el centro de promoción cultural, cuáles eran sus fortalezas y hacia dónde nos queríamos proyectar”, añade Kitroser. A partir de esto, se propuso fortalecer una política cultural a partir de cuatro ejes: Cuidado de la casa común, Construcción de ciudadanía, Bienestar y ser, y Patrimonio e identidades.
