Hashtags, reels y transmisiones en vivo de 24 horas continuas fueron algunas de las herramientas que utilizaron para movilizar al electorado, dando una lección sobre cómo dar la vuelta a la tendencia y recuperar la esperanza.
Este año, los procesos electorales alrededor del mundo han dado avance a proyectos políticos radicales sostenidos en el nacionalismo, la xenofobia y la intolerancia. En nuestro continente, los triunfos de Espirella en Colombia y Fujimori en Perú sumaron fichas en el tablero inclinado a la derecha. Junto a Milei en Argentina, Kast en Chile, Noboa en Ecuador, Asfura en Honduras y Bukele en El Salvador, han construido un bloque común afín a los planes de Trump para la región y con un firme propósito de luchar contra lo que ellos llaman la agenda woke y la amenaza del comunismo.
Sin embargo, el triunfo —inesperado— de Lula da Silva en Brasil ha dado un giro a la narrativa sobre un porvenir inevitable en el que los proyectos políticos nacionalistas y xenofóbicos arrasan frente a proyectos más incluyentes e igualitarios.
Un ejército de último momento
A principios de octubre, la primera vuelta electoral en Brasil perfilaba a Flavio Bolsonaro como ganador, con un 47 % de votos a favor, frente al 45 % de votos a favor de Lula. En ese momento, el panorama era bastante desalentador para el Partido de los Trabajadores, al que representa Lula da Silva. El sistema electoral brasileño obliga a una segunda vuelta cuando ningún candidato obtiene más del 50 % de los votos en la primera. Para la segunda contienda, solo participan los dos candidatos con mayor votación en la primera.
Con un margen estrecho de tiempo entre elección y elección, había que cambiar de estrategia para poder remontar en las encuestas. Hay que resaltar dos elementos fundamentales para entender este acontecimiento: la destacada participación de Lula en el último debate presidencial y el uso de redes sociales para movilizar al electorado. Este último ha sido el recurso favorito de la derecha brasileña, donde además se difunden bulos y mensajes discriminatorios contra las minorías raciales. El canal de WhatsApp “Exército do Lula” entró en la arena el 5 de octubre, liderado por el diputado André Janones, del estado de Minas Gerais, quien echó mano de las prácticas comunicativas que habían llevado a Jair Bolsonaro al triunfo en 2018 para movilizar al electorado y amplificar el entusiasmo de la juventud que apoyaba a Lula.
Hashtags, reels y transmisiones en vivo de 24 horas continuas fueron algunas de las herramientas que Janones utilizó para movilizar al electorado, dándonos una lección sobre cómo dar la vuelta a la tendencia y recuperar la esperanza.
Un triunfo limitado
Lula resultó vencedor; sin embargo, tiene un margen de maniobra muy limitado, pues solo hubo cuatro puntos de diferencia respecto de Flavio Bolsonaro. La capacidad de acción de su gobierno se topará con el desafío de no contar con mayorías que le permitan aprobar sus proyectos y reformas. Por otro lado, la experiencia del golpe de Estado perpetrado por Jair Bolsonaro hace cuatro años mantiene la duda respecto a si, en esta ocasión, Flavio Bolsonaro y su partido político tramarán algún acto de desestabilización que lo impida.
El primer gesto ya lo dejó ver al no reconocer el resultado de la elección, para después huir a Estados Unidos y, desde ahí, emitir un comunicado de aliento a sus seguidores, reclamando inconsistencias en el proceso y, al principio, autoproclamándose presidente electo, aunque en un segundo momento se desdijo.
Sin lugar a dudas, el panorama no se muestra sencillo, pero el caso de las elecciones en Brasil nos muestra que sigue habiendo maneras de cambiar las tendencias. André Janones nos lo demostró al usar medios que han sido utilizados para difundir el miedo y la paranoia como canales para animar al cambio y transmitir esperanza, animando y replicando el entusiasmo de las juventudes por construir un mundo mejor.
