En plena efervescencia del uso de las redes sociales como extensión de la convivencia física, es preciso reflexionar sobre las fronteras entre libertad de expresión y discurso de odio.

El The New York Times hizo un compendio de las 282 personas, lugares o cosas a las que el presidente electo de Estados Unidos Donald Trump se ha dedicado una y otra vez a insultar. Treinta y ocho son mujeres.

Startup Stock Photos

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La excandidata Hillary Clinton es la más atacada; los adjetivos “neurótica” y “desagradable” se los ha lanzado varias veces a senadoras y periodistas; llamó a la reportera Megyn Kelly bimbo (“mujer atractiva y tonta”) y a la senadora indígena Elizabeth Warren le dijo “Pocahontas”, además de invitar a sus seguidores a que busquen la cinta sexual de la exMiss Universo Alicia Machado o quejarse de que la abogada Elizabeth Beck quería ponerse a amamantar frente a él.

Diseñadoras de videojuegos reciben amenazas de violación; artistas lidian con mensajes de acoso sexual; a miles de mujeres les roban sus fotos íntimas para compartirlas en la web (práctica llamada revenge porn), lo cual empujó a una mujer italiana a suicidarse; estudiantes son violadas, filmadas y luego esas imágenes son convertidas en memes.

¿Qué es libertad de expresión y qué es el discurso de odio? ¿Dónde están las líneas? ¿Quién las traza?

 

LA LIBERTAD NO ES GRATUITA

Hay matices con los que la libertad de expresión se viene ejerciendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, entendiéndose desde distintas interpretaciones y viendo cómo a su alrededor surgen diversos derechos: a la verdad, a la no censura, a la réplica o sencillamente a la información (la gente tiene el derecho a estar correctamente informada).

El discurso de odio es cualquier expresión que ataca a una persona o grupo con base en su nacionalidad, raza, religión o género. La Corte Europea de Derechos Humanos tiene tipificado el discurso de odio en internet y ha emitido recomendaciones en casos específicos, argumentando que tener libertad de expresión no equivale a tener la oportunidad de propagar ideas que inciten al odio y la violencia.

“Algunas personas argumentan: ‘si limitas mi libertad de expresión, me estás censurando’. Pero todos los derechos tienen limitaciones y ningún derecho humano es absoluto, y esta limitación vendrá cuando tu derecho choque con el derecho de otros”, afirma Ana Sofía Torres, profesora del Departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos.

“La libertad de expresión es general y abierta, pero en este caso [violencia en las redes sociales] choca con el principio de igualdad y no discriminación”, el cual, “busca la armonía de convivencia entre lo diferente y tiene que ver con la construcción cultural del género”.

¿No sabes si has caído en violencia de género en redes? En su artículo “La violencia de género en México y las tecnologías de la información”, las académicas Estefanía Vela (cofundadora de la plataforma feminista Estereotipas) y Erika Smith, identifican cinco tipos de agresiones:

SI HACES ESTO, LEGALMENTE ES VIOLENCIA

Difundir sin el consentimiento de la víctima sus datos e imágenes personales. En octubre de 2015, alumnas reclamaron la existencia de grupos de Facebook e Instagram (Pollos ITESO y I Love ITESO) en los que los usuarios tomaban sus fotos sin su consentimiento, colocando incluso los horarios y salones para localizarlas. La Universidad demandó legalmente el retiro de los sitios; dos fueron cerrados y uno permanece abierto.

Amenazar a la víctima con tecnologías de la información. La empresa de seguridad digital Norton reportó este año que una de cada siete mujeres ha recibido amenazas de violencia física, y una de cada 10 ha sufrido el revenge porn.

Difamar a la víctima. En las redes de México fue trending topic y fuente de numerosos memes una foto en la que Lady Coralina, una novia que en su despedida de soltera besaba a otro hombre, una forma común de slut shaming (responsabilizar a la mujer de una agresión a partir de su comportamiento sexual).

Acechar a la víctima utilizando las tecnologías. La plataforma de investigación Demos reportó en 2014 que las usuarias de plataformas sociales como Tinder reciben al año un promedio de 100 mensajes sexualmente explícitos (dick pics) o amenazadores, mientras que a los hombres les llegan menos de cuatro.

En este mismo estudio, las palabras slut (zorra) y whore (puta) se usaron en Twitter más de 6 millones de veces en 45 días. La palabra rape (violación) se utilizó en un 12% como amenaza frontal. Lo alarmante, concluye el estudio, es la cantidad de misoginia ‘casual’, es decir, el 29% de esos tuits, de acuerdo con sus usuarios, son “bromas” o “comentarios inofensivos”.

“SOLO ESTABA BROMEANDO”

¿Es válido escribir en redes bromas con frases como “feminazis”, “zorras”,  “por eso las matan” en un país como México, en el que mueren al día seis mujeres por violencia de género, según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio? ¿Por qué lo hacen los alumnos de una comunidad universitaria en la que las alumnas reclaman protección contra el acoso de algunos profesores y compañeros?

Hay varios recursos discursivos que se prestan para la broma y la sátira –los memes, por ejemplo–, explica Magdalena López de Anda, coordinadora de Ciencias de la Comunicación.

Anteriormente, refiere, los recursos como la caricatura política servían para realizar una crítica editorializada a los agentes en el poder, pero ahora esa arma también se emplea para la burla y el bullying contra determinados grupos raciales o con preferencias sexuales distintas a la heterosexual.

¿Cómo entender una dinámica como el Tren del Mame, grupo de Facebook en el que, tras el paro activo en contra de los feminicidios del 19 de octubre, se desataron ataques contra las feministas?

“Son un montón de factores. Una variable es que, al recurrir a una imagen o meme, usas una forma de expresar emoción sabiendo que estás en el margen de la broma y crees que tienes permiso de decir ciertas cosas”, explica López de Anda, quien profundiza al respecto:

“Los recursos digitales son una extensión de nuestra manera de relacionarnos. ¿Con qué criterio alegaban que en el Tren del Mame sí se podía bromear con lo de ‘feminazis’, pero no podían salir de ese ámbito para decírselos a la cara? Algunos sí salieron del espacio virtual y admitieron: ‘No sé cuándo ofendo y cuándo es broma’”.

PARAR (ENTRE TODOS) LA IMPUNIDAD

Ignorancia e impunidad son dos de los principales factores que permiten que la violencia en las redes se incremente, afirma López de Anda, y si bien es cierto que existen recursos legales que protegen a las mujeres, su colega Torres insiste en introducir los derechos humanos como el eje que atraviese nuestras dinámicas sociales.

“Somos una sociedad de locos y neuróticos diciendo una cosa en las redes o en el espacio público y pensando otra en lo privado”, lamenta Torres.

“No sabemos cómo conciliar ambas esferas –lo público y lo privado–, porque hablamos desde la herida y la inconsciencia. Estamos atravesados por unas dinámicas de género instituidas que luego ves en Facebook”, dice Torres, quien remata:

“Seamos maduros: no hay que esperar a que me pongan un grillete o me demanden o me pidan que respondan ante un juez. Todas y todos necesitamos hacernos cargo de lo comunitario. Esa es la cultura de la legalidad: entender que si yo expreso algo ofensivo contra otro grupo social habrá consecuencias, además de que no estoy colaborando en la construcción de un proyecto común”. Fotos Luis Ponciano/Archivo