Las empresas familiares, además de ser una fuerza de la economía del país, también son memoria, identidad y proyecto compartido
Celebrar por quinta ocasión el Día Internacional de la MiPYME en el Centro Universidad Empresa (CUE) del ITESO es también reconocer el legado que este espacio ha venido construyendo desde 2022: abrir un punto de encuentro entre la universidad, las empresas y la sociedad para pensar el desarrollo económico desde una mirada más humana, justa y sostenible. Cada edición ha sido una oportunidad para reconocer a quienes emprenden, sostienen y transforman empresas que no sólo generan ingresos, sino también vínculos, aprendizajes y comunidad.
Este año, el tema es sobre el legado y trascendencia pues nos invita a mirar más allá de la operación diaria de las empresas. El legado, lo entendemos como el impacto que una persona deja a través de lo que construye: las enseñanzas, los valores que vive y promueve, las decisiones y los ejemplos de vida que permanecen en quienes colaboran con ella. La trascendencia, por su parte, nace cuando una empresa tiene un “para qué”, un propósito capaz de unir a sus colaboradores y generar confianza profunda con clientes, proveedores y la comunidad.
Las MiPYMES son una fuerza esencial para la economía y para la vida cotidiana. De acuerdo con los resultados definitivos de los Censos Económicos 2024 del INEGI, en México había 7 millones 93 mil 631 establecimientos que daban trabajo a 36 millones 592 mil 279 personas. Dentro del sector privado y empresas paraestatales, operaban 5 millones 468 mil 180 unidades económicas en las que laboraban 27 millones 965 mil 433 personas. Las microempresas representaron 95.4% del total y dieron empleo a 41.4% del personal ocupado; si se suman las pequeñas y medianas empresas, las MiPYMES concentran prácticamente la totalidad de las unidades económicas y 71.3% del personal ocupado. El Boletín de Análisis Económico de la Escuela de Negocios del ITESO en su número 2 de enero del 2025 recuerda que los Censos Económicos son “el producto estadístico más relevante en materia económica”, precisamente porque permiten comprender con detalle la estructura productiva del país. Ese mismo boletín señala que la economía mexicana está sostenida por una estructura empresarial altamente fragmentada y basada en pequeños negocios, lo que plantea retos de formalización, financiamiento, protección laboral y productividad.
Los datos anteriores, confirman algo que quienes acompañamos empresas vemos todos los días: las MiPYMES no son un sector menor. Son una base viva de la economía, del empleo y de la cohesión social. Pero las MiPYMES no sólo se explican por sus números. También se explican por sus historias. Muchas nacen del esfuerzo familiar, de la intuición emprendedora, de la necesidad de sostener un hogar o del deseo de servir mejor a una comunidad. En las empresas familiares, el legado tiene una fuerza particular, porque la empresa suele ser también memoria, identidad y proyecto compartido. Ahí, trascender no significa permanecer igual.
Significa conservar lo valioso, aprender de quienes abrieron camino y tener la valentía de profesionalizarse, innovar y abrir espacio a nuevas generaciones. Esta mirada dialoga profundamente con los valores del ITESO: hospitalidad, horizontalidad, igualdad sustantiva, participación, responsabilidad, respeto, dignidad, confianza, agencia y crítica. En el Centro Universidad Empresa, estos valores se traducen en una forma concreta de acompañar: escuchar la realidad de cada empresa, reconocer la dignidad de las personas que la integran, promover aprendizajes compartidos, fortalecer su capacidad de acción y construir, junto con ellas, alternativas que renueven la esperanza en su entorno.
Por eso, el CUE no acompaña a las empresas únicamente para que crezcan, sino para que crezcan con sentido. Su propósito está alineado con impulsar un modelo económico más humano, justo y sostenible, mediante procesos de formación y acompañamiento que contribuyan a mejores prácticas empresariales, empleos dignos y compromiso social.
Hoy celebramos a quienes emprenden, sostienen, arriesgan, aprenden y permanecen. A quienes hacen de su empresa una escuela de vida. A quienes entienden que el verdadero éxito no termina en los resultados del año, sino en aquello que queda sembrado en las personas, las familias, los equipos de trabajo y la sociedad. Porque cuando una MiPYME descubre su propósito y se sabe acompañada, deja de ser sólo una empresa que responde al presente y se convierte en una comunidad capaz de sembrar futuro, sostener vidas y trascender en la historia de las personas que toca.
Acompañar a una MiPYME, como lo hace el CUE, es apostar por aquello que no siempre aparece en los indicadores, pero que sostiene el futuro: la confianza que se construye, las personas que se forman, las comunidades que se fortalecen y el legado que permanece.
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