Yeriel Salcedo, egresado de la maestría en Ciudad y Espacio Público Sustentable, invitó a las personas a organizarse para combatir las diferentes problemáticas que afectan el libre ejercicio del derecho a la ciudad. También compartió la creación del Laboratorio de Conflictos Socioambientales

Para frenarla desaparición del parque Resistencia Huentitán. Para cuidar La Primavera. Para alertar sobre la gentrificación. Para ganar kilómetros de ciclovías y otras alternativas de movilidad. Las diferentes luchas que se viven en la urbe, muchas veces cada una por su lado, tienen un objetivo en común: el ejercicio del derecho a la ciudad. En torno a este tema giró la charla organizada por la maestría en Ciudad y Espacio Público Sustentable, del ITESO, como parte de su ciclo de conversatorios virtuales, y que en esta ocasión tuvo como invitado a Yeriel Salcedo Torres, quien tituló su participación “Derecho a la ciudad: luchas por la dignidad y contra el despojo”. 

Para sentar las bases de la charla, el también académico del ITESO recurrió al Foro Social de las Américas para señalar que “todos tenemos derecho a la ciudad sin discriminación de ningún tipo, así como a preservar la memoria y la identidad cultural”. Luego, citando a David Harvey, explicó que el derecho a la ciudad no tiene que ver sólo con habitar la urbe y tener acceso a ella, sino a cambiarla “a partir de los anhelos más profundos”. 

Según Salcedo Torres, hay cinco situaciones que impiden el libre ejercicio del derecho a la ciudad: el extractivismo urbano, ejemplificado en casos como el del bosque del Nixticuil, el del parque Morelos o el del jardín de Mexicaltzingo; el despojo, como se puede ver en el parque Resistencia Huentitán o en Arboledas Sur; la desigualdad social, cristalizada en la gentrificación o el rezago de la infraestructura ciclista; la contaminación, en el río Santiago, La Primavera y los vertederos; y, finalmente, el cambio climático, con una ciudad llena de islas de calor, inundaciones y sequías. 

En todos estos casos, destacó Yeriel, “hay personas, instituciones y colectivos buscando hacerle frente a la situación, gente que reconoce sus derechos y que quiere una vida más segura y sustentable”. En muchos casos, añadió, la lucha de estos grupos no es sólo contra la industria o contra el gobierno, sino contra otros ciudadanos que ven amenazados sus privilegios. Como ejempló, citó el caso de la ciclovía de avenida Guadalupe, que todavía hoy enfrenta el rechazo de un grupo de vecinos que prefiere seguir destinando espacio a los automotores. 

El egresado de la maestría en Ciudad y Espacio Público Sustentable señaló que es importante que las luchas se articulen y se piensen formas de habitar la ciudad más comunitarias, siguiendo el ejemplo de algunas comunidades rurales y de los pueblos originarios.  

También señaló que es importante formar a las y los ciudadanos para que conozcan los derechos que tienen al habitar una ciudad. Para eso, compartió, se está trabajando en la creación del Laboratorio de Conflictos Socioambientales, que en una primera etapa contará con un repositorio de información en el que las personas podrán acceder a recursos que les permitan identificar cuáles son sus derechos y, sobre todo, imaginar nuevas formas de construir la ciudad. 

Aunque aún hay mucho trabajo por hacer, Yeriel Salcedo reconoció que en la Zona Metropolitana de Guadalajara se han registrado muchos avances. Como ejemplo puso la peatonalización de la avenida Alcalde, algo que parecía inconcebible, o el proyecto Mi Macro Periférico. “Hace diez años no teníamos ciclovías y hoy tenemos 200 kilómetros en la ciudad. Sí hay cambios, pero falta mucho por hacer”. 

Para finalizar, reiteró la invitación a “construir el espacio público desde la diversidad, desde los anhelos, para lo cual es necesario que la gente sienta que es tomada en cuenta”. 

“Todos tenemos derecho a la ciudad sin discriminación de ningún tipo, así como a preservar la memoria y la identidad cultural”. Yeriel Salcedo, egresado de la maestría en Ciudad y Espacio Público Sustentable, profesor del DHDU y colaborador de la Coordinación de Programas de Incidencia Social (COINCIDE).

FOTOS: Luis Ponciano