El Proyecto de Aplicación Profesional Observatorio En Ruta y el Colectivo Caracol urbano llevan a cabo el Seminario “Vida urbana y Gentrificación”.
POR OBSERVATORIO EN RUTA
Durante la última década, el Centro Histórico de Guadalajara ha sido foco de múltiples intervenciones urbanísticas simultáneas que trastocan drásticamente la vida barrial, como la edifica – ción de la Ciudad Creativa Digital en el entorno del Parque Morelos, la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero o la habilitación de la avenida Alcalde como paseo peatonal. Se trata de la asociación entre inversiones públicas y privadas que intervienen de golpe una zona de la ciudad que durante mucho tiempo no había suscitado su interés. Desde el año 2012 el Colectivo Caracol urbano ha señalado que nos encontramos ante un franco proceso de gentrificación –aburguesamiento– (bit.ly/2yEH0PL), definido por la revaloración económica de barrios céntricos e históricos que tiene como consecuencia el desplazamiento de sus habitantes originales.
Aunque en Guadalajara se trata de un proceso que no ha sido consumado, uno de sus rasgos más evidentes es el largo tiempo de deterioro y estigmatización que sufrió la zona, previo a las intervenciones, para convertirla en una mercancía potencialmente rentable para los grandes capitales, pero hostil para sus habitantes, comerciantes y transeúntes tradicionales.
Con el propósito de comprender estos procesos urbanos desde una perspectiva crítica, el Proyecto de Aplicación Profesional Observatorio En Ruta y el Colectivo Caracol urbano llevan a cabo, desde agosto, el Seminario “Vida urbana y Gentrificación”; un espacio para problematizar, desde la investigación-acción, las operaciones simbólicas y materiales desplegadas por distintos actores globales y locales sobre la ciudad, con efectos como el despojo, el desplazamiento y la segregación.
En la primera sesión, la Dra. Nizaiá Cassián explicó que una de las estrategias implementadas en Guadalajara por la administración pública desde la década pasada ha sido la misma que en otras ciudades que siguen un modelo de mercantilización de la vida urbana: el posiciona – miento de “la Cultura” como una necesidad de la población, asociada a lo que ella llama “vitalidad productiva del espacio público”, es decir, un tipo de vida urbana fabricada en torno a la atracción de inversión mercantil e inmobiliaria.
Parques remodelados, movilidad sustentable y espectáculos al aire libre aparecen de la mano con sucursales de grandes franquicias comer – ciales y torres habitacionales cuyos departamentos alcanzan precios poco o nada asequibles para las clases trabajadoras. El desarrollo imparable de la vitalidad productiva del espacio público avanza por encima de la vitalidad cotidiana que le antecede, dando por hecho que, lo que había antes de su arribo, no era vida urbana.
El posicionamiento de la cultura y la vitalidad del espacio público como valores urbanos son impulsados principalmente por sectores de la sociedad civil que logran tener incidencia en políticas públicas, que luego son capitalizadas por el Estado para la agenda del desarrollo inmobiliario.
En la segunda sesión del seminario se discutió la forma en que estos procesos se sustentan en manuales de city branding, que sugieren, entre otras cosas, recuperar valores, símbolos, identidades y movimientos sociales locales para producir e introducir mensajes ligados al desarrollo político y económico de los centros históricos. Así, la ciudad se convierte en una mercancía, caracterizada por una marca que ha de competir con otras por la inversión transnacional, apelando a discursos homogéneos a nivel global como el desarrollo tecnológico y la creatividad.