La trayectoria profesional de Alfredo Cruz Vázquez lo ha llevado a convertirse en un antropólogo de la tecnología. Desde hace casi 20 años es académico de la Biblioteca del ITESO, donde ha puesto su destreza como ingeniero para traer innovaciones al servicio de la comunidad.

“Yo les digo a mis estudiantes que en esta vida hay curiosidades, intereses, objetivos, propósitos y causas”, dice Alfredo Cruz Vázquez. Dentro de esas categorías, en las que el compromiso es progresivo, su causa es entender la tecnología. Esa brújula lo ha llevado a dialogar con diversas disciplinas academias en el ITESO. Como egresado de Ingeniería en Sistemas Computacionales ha sido docente en proyectos de ingeniería, pero también de psicología, negocios y cultura de la información.

La Biblioteca ha sido su hogar desde hace casi 20 años, cuando comenzó como asesor de información en el primer piso para financiar sus estudios en la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura de la universidad. Más que esperar a que se presentara una oportunidad, Alfredo la creó al proponer un proyecto que más tarde se convertiría en su investigación de posgrado.

Su trabajo consistió en observar cómo las personas antropomorfizan (o atribuyen características humanas) los sistemas computacionales para navegar en ellos con mayor facilidad. Específicamente, analizó el uso de metáforas al utilizar los motores de búsqueda de las bibliotecas. Así, logró estudiar esos espacios desde una perspectiva sociocultural, sin dejar atrás sus intereses como ingeniero.

Algo similar sucedió con su Doctorado Interinstitucional de Arte y Cultura por la Universidad de Guadalajara. Ahí se dedicó a estudiar el tránsito industrial de la mecanización a la automatización a través de imágenes. Entre ellas los “Murales de la Industria de Detroit” que Diego Rivera pintó en aquella ciudad estadounidense, donde los cambios de la tecnología llevaron a la industria automotriz al colapso, junto con la vida en las comunidades a su alrededor.

Fue entonces cuando Alfredo profundizó en la obra de Arturo Rosenblueth. Este científico mexicano, pionero de la cibernética, sostenía que el comportamiento del sistema nervioso es equiparable al funcionamiento de las máquinas. “El descubrimiento tecnológico del ‘feedback’ es una manera de reentender la vida misma porque se teoriza también en la biología. (Igual que en los enlaces cerrados) los organismos vivos requieren de una respuesta del entorno para adaptarse a un sistema”, explica el académico del ITESO.

Ese fundamento es el que lo ha impulsado a mirar más allá de los códigos de programación en su computadora, y también a transformarlos en objetos que se puedan insertar en la vida cotidiana de las personas. Él dice: “Lo digital, cuando solo se queda en lo digital, es una fantasía. Cuando logras materializarlo, se vuelve algo que impacta al mundo. Es necesario encontrar un sano balance entre esas dos posibilidades”.

La innovación no ha quedado atrás

Antes de ser capaz de aplicar sus conocimientos en casi cualquier campo de estudio, la carrera de Alfredo sí comenzó en los espacios tradicionales de la computación. La inmersión sucedió cuando la disciplina era algo tan nuevo en Guadalajara, que casi cualquier paso era una oportunidad para la innovación.

Tras graduarse del ITESO, a principios de los años 2000, desarrolló un sistema para detectar errores en la impresión fotográfica de discos duros y una plataforma de impresión automatizada para impulsar la inclusión laboral de personas con discapacidad visual. Con el respaldo del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) trabajó en un traductor automático de lenguajes de seguridad para maquinaria industrial y otro enfocado en simplificar el inglés técnico al básico; este último proyecto fue reconocido con el Premio de Innovación de la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico.

Luego de esas experiencias volvió al ITESO a poner su creatividad al servicio de la vida académica vinculada a la Biblioteca. Ahí participó en el diseño de estrategias formativas para optimizar el uso académico de Google y, posteriormente, en la implementación de la perspectiva de “cultura de información en red” dentro de la asignatura Manejo de la Información y Datos Numéricos, conocida como ManInfo.

En 2018, con el proyecto de renovación y ampliación de la Biblioteca, Alfredo se sumó al impulso para transformar el lugar en un centro de ideas, más que un almacén de libros. Su “input” —dice él en lenguaje ingenieril para referirse a su aportación— fue la propuesta de espacios como la Sala de exploración del conocimiento (P-316) para el desarrollo y exposición de aplicaciones tecnológicas. “Hasta cierto punto ha funcionado como un gabinete de curiosidades”, dice.

Alfredo ha alimentado su vocación por entender y experimentar la tecnología. Convencido de que esta debe responder a las necesidades humanas, como los organismos a su entorno, seguirá desarrollando soluciones para el aprendizaje en diálogo con otras disciplinas y colegas.