Las actividades del Ciclo de la Comunidad Solidaria son una oportunidad para articular múltiples proyectos de vinculación, voluntariados y Proyectos de Aplicación Profesional del ITESO.

Desde hace 26 años el Ciclo de la Comunidad Solidaria —antes Día de la Comunidad Solidaria— es uno de los momentos en los que el ITESO procura traducir sus compromisos sociales en hechos. Es una oportunidad para articular múltiples proyectos de vinculación, voluntariados y PAPs que ya existen en la institución.

Ese esfuerzo solo puede entenderse con la participación de las comunidades con las que colabora la universidad. Por eso este año el laboratorio gastronómico La Combi Rosa y el Colectivo Alma Mixteca ocuparon un espacio en el programa de actividades del Ciclo para visibilizar las alternativas de soberanía alimentaria con las que trabajan. FM4 Paso Libre se unió para compartir sus metodologías de hospitalidad en atención a las personas migrantes. Y los integrantes de Un Salto de Vida, junto con la comunidad de San Pedro Valencia, dieron muestra de que su trabajo organizado da paso al desarrollo local y sostenible a largo plazo.

Con la contribución de estos y otros actores sociales, el Ciclo de la Comunidad Solidaria 2026 se llevó a cabo entre el 11 de mayo y el 1 de junio, como un espacio para analizar problemáticas contemporáneas y construir alternativas desde el enfoque de “Ecologías integrales y economías transformadoras para la vida”.

Este marco, que articula la reflexión y la acción, fue propuesto por el Centro Universidad Empresa (CUE) y el Centro Universitario de Incidencia Social (Coincide). Por un lado, desde la ecología integral, observan la degradación ambiental, social y cultural como una misma crisis interconectada. “Lo que sucede no son pequeñas problemáticas aisladas que demandan atención, sino que forma parte de una crisis amplia y compleja. Pensarla de manera integral ayuda a pensar soluciones que vayan en la misma lógica”, explica Rodrigo Rodríguez, del Programa de Economía y Soberanía Alimentaria de Coincide.

La visión de economías transformadoras es, a su vez, una respuesta a esta policrisis a través de modelos de producción centrados en la vida, el territorio y el tejido comunitario. Esta propuesta cobra vida en las prácticas de los artesanos que participaron en la feria “Manos que crean, economías que sostienen la vida” entre el 13 y el 15 de mayo; así como en la labor de los productores de café y pitaya de Amacueca, quienes recibieron la visita de los participantes del Ciclo el pasado sábado 23 de mayo.

“El Ciclo se hace desde una lógica de vinculación y para potenciar las redes que ya tenemos como universidad. […] Buscamos una reflexión que nos ponga en contacto con los actores que están afuera, que sufren de un problema y que están intentando resolverlo en su cotidianidad, no desde el asistencialismo, que solamente es dar sin abrir la puerta a todos los conocimientos, aprendizajes y sensibilidad (de las comunidades)”, explica Pilar Rodríguez Martínez, titular de la Dirección de Integración Comunitaria. Esta es la instancia universitaria que coordina el Ciclo anualmente.

Una metodología de aprendizaje

La jornada de actividades de la comunidad solidaria del ITESO debe su nombre de “ciclo” a la metodología bajo la que se desarrolla. Esta sigue las etapas de ver, pensar, actuar, celebrar y evaluar, y con ellas se asegura de que haya espacios para el análisis crítico y a profundidad, pero también aterriza las reflexiones en acción colectiva. “Es una metodología de aprendizaje. No solamente nos quedamos en el reconocimiento de la problemática, sino que también generamos una propuesta que incida e intentamos colaborar”, asegura Rodríguez Martínez.

Para la etapa de ver, los primeros días del Ciclo se llevó a cabo una conferencia y un panel de contextualización sobre las crisis y los enfoques de trabajo. Luego, en el momento de pensar se realizó un acercamiento reflexivo a las problemáticas a través de dos sesiones “Café Express”. El propósito de ambas era conversar sobre la necesidad de transitar hacia economías que prioricen el cuidado de la vida, la justicia y la sostenibilidad.

En una tercera fase, la de actuar, el protagonismo pasó a las comunidades en vinculación. Entre el 23 y el 28 de mayo se realizó la visita a los comerciantes de Amacueca y se impartieron los talleres sobre sobre movilidad humana, monitoreo del agua y gastronomía como infraestructura socio-ecológica de cuidado. También se llevó a cabo una actividad vivencial de Golombiao, conocido como el juego de la paz a través del futbol, y un par de charlas sobre el potencial de la organización comunitaria.

Así como los enfoques, las líneas temáticas del Ciclo —soberanía alimentaria, migración, trabajo digno y organización colectiva— se eligieron para funcionar como un paraguas que cubriera el trabajo de incidencia que ya se realiza en el ITESO. Las experiencias comunitarias presentes se integraron bajo la misma premisa, la de visibilizar y legitimar los esfuerzos locales que ya generan impacto.

“Es un trabajo que se hace desde la esperanza, para demostrar que hay cosas que sí se pueden hacer”, explica Stella Maris González, coordinadora del Laboratorio de Intervención y Formación en Economía Social del CUE. Rodrigo Rodríguez de Coinide, agrega: “la idea de una crisis fragmentada nos despoja de la idea de que podemos ser partícipes de algo, […] pero las universidades tenemos el papel de ser generadoras de soluciones y también de recoger, reconocer e integrar las que ya existen”.

El Ciclo de la Comunidad Solidaria 2026 concluye este lunes 1 de junio con mesas de trabajo dedicadas a las etapas de celebración y evaluación. En ellas se proyectarán acciones para estrechar el vínculo entre la universidad y la realidad social. Luego, el trabajo continuará para demostrar que las propuestas universitarias adquieren sentido cuando se construyen no solo desde el aula, sino desde la acción colectiva con las comunidades.

FOTOS: Economía Social ITESO