Para que la actividad física sea una herramienta transformadora, hace falta que las y los entrenadores tengan clara la intencionalidad pedagógica. Esa es la perspectiva con la que Carlos González, egresado del ITESO y director de Deporte competitivo del Code, lleva el deporte a niños, niñas y jóvenes de todo Jalisco
Entre la actividad física formativa y el deporte competitivo hay una relación simbiótica. Sin embargo, en la práctica también hay una tensión constante, pues parece que el alto rendimiento está conquistado por experiencias de abuso y expectativas que sacrifican el bienestar de los atletas por el resultado.
Para Carlos González, director de Deporte competitivo del Consejo Estatal para el Fomento Deportivo (Code) Jalisco y egresado de la Especialidad en Deporte para el Bienestar y el Desarrollo del ITESO, lo que falta para transformar esa realidad es invertir en la profesionalización de los instructores deportivos y otros agentes al frente de la formación de niños, niñas y adolescentes. En el proceso, la adopción de una intencionalidad pedagógica es clave.
“La práctica deportiva sin intencionalidad pedagógica recurre a una competencia que puede generar exclusión y valores ambiguos, pero cuando le damos esa intencionalidad, cuando trabajamos de manera muy profunda en lo que queremos desarrollar a través de la formación, podemos desarrollar habilidades para la vida y valores explícitos que permitan (a los niños) integrarse de mejor manera a su comunidad o a la sociedad”, explicó González durante su participación en los foros académicos de la Semana de la Actividad Física 2026 del ITESO.
En su conferencia “El deporte como camino al desarrollo: más allá del rendimiento, una herramienta para transformar vida y comunidades”, el egresado tuvo la oportunidad de presentar el programa del Code a través del cual ha impulsado su visión formativa: las Academias Deportivas por la Paz.
Estos espacios comenzaron en 2022 como una política pública sostenida entre el consejo estatal, las administraciones municipales y referentes deportivos locales que han apadrinado la iniciativa. Si bien la propuesta es acercar el deporte a los niños, niñas y jóvenes de diversas comunidades al interior de Jalisco, su intención no se limita a ofrecerles clases de básquetbol, fútbol, atletismo, charrería u otra disciplina, sino que pretende formar personas que se conviertan en agentes de cambio.
“Ahora estamos en un replanteamiento académico de las academias para darles la sustentabilidad que garantice que el programa se mantenga a largo plazo y realmente transforme la vida de muchas personas”, explicó Carlos González.
Los agentes formadores son clave
Actualmente las Academias Deportivas por la Paz tienen registro de más de 12 mil beneficiarios en 281 academias de los 125 municipios del Jalisco. Algunas de ellas son de deporte adaptado como paratletismo y paranatación, dirigido a personas con discapacidad.
El director de Deporte competitivo insiste en que esos no son espacios para competir, pero tampoco están peleados con el rendimiento. Esa visión ha conseguido que 78 alumnos destacados de deportes convencionales 11 de deportes adaptados lleguen a distintos equipos de la Selección Jalisco.
Igual que estos casos de éxito, la política pública ha encontrado retos como la infraestructura limitada para cumplir con su misión formativa y el escaso nivel técnico pedagógico de los instructores deportivos. Impulsar un cambio en este último punto es de suma importancia para desarticular los ciclos de la violencia que se perpetúan en las prácticas culturales, incluyendo las deportivas.
Carlos González hizo referencia al trabajo del sociólogo noruego Johan Galtung para explicar los tres tipos de violencia presentes de en la vida cotidiana y la actividad física: la violencia directa, la cultural y la estructural.
“Las novatadas son una violencia directa que puede ser una agresión física, verbal o psicológica. La violencia cultural consiste en que esa práctica es bienvenida porque creemos que va a hacer a los deportistas fuertes y resilientes. Y la violencia estructural de las novatadas es que las instituciones deportivas la dejan pasar y dicen ‘no pasa nada’. Lo más difícil es romper esos paradigmas en los que creemos”, ejemplificó el especialista egresado del ITESO.
Luego, mencionó que uno de los cambios estructurales que él considera más importantes es la participación de los padres y madres de familia en el desarrollo deportivo de niños y jóvenes. Mientras que algunas instituciones y entrenadores aún prefieren excluir a las familias de los entrenamientos y competencias de sus hijos, el conferencista asegura que son agentes formadores con la misma importancia que los instructores.
“El éxito pedagógico depende de empoderar a esos dos agentes formadores clave”, sostiene González apoyado en las investigaciones sobre aprendizaje social del psicólogo Albert Bandura. Bajo esa perspectiva es que el González, con dos décadas de trayectoria en el Code, se compromete a trabajando para asegurar que las Academias Deportivas por la Paz integren la perspectiva de género y, en todo momento, la intencionalidad pedagógica.
Los dos foros académicos de la Semana de la Actividad Física 2026 se llevaron a cabo el jueves 16 de abril con la intención de compartir una visión amplia del deporte como un espacio formativo y transformador para promover una cultura de paz.
FOTO: Zyan André
