Durante el conversatorio Acciones, desde la esperanza, frente a la crisis climática los participantes invitaron a mirar lo que se asoma detrás de los ecosistemas heridos: la vida, la memoria y las comunidades que resisten

Érase una vez un río que era juego y vida. Luego llegaron las descargas tóxicas y murieron los peces, los árboles y muchas personas. Pero, aun así, la vida en él resiste. Esta es la historia del Río Santiago, uno de los ríos más contaminados del mundo, que aún con su espuma venenosa es hogar del pequeño mosquero cardenal de pecho rojo, del halcón peregrino, del pinzón mexicano y de muchas otras especies de animales y plantas.

Fabiola González y Angie Dueñas, del colectivo estudiantil Resiste del ITESO, fueron las narradoras de esta historia. Junto a ellas estuvieron Nicole Partida y Natalia Odriozola del colectivo Sentir(es), y Pablo Montaño, activista fundador de la organización Conexiones Climáticas y egresado de Ciencias Políticas y Gestión Pública de nuestra universidad. En un conversatorio rumbo a la Semana del Cuidado de la Tierra, los reunió la pregunta ¿cómo actuar ante la crisis climática sin perder la esperanza?

Entrenar los sentidos

Entre las estrategias que los participantes han encontrado en sus recorridos, compartieron la de entrenar la mirada y todos los sentidos para encontrar la vida incluso en los escenarios menos imaginables. Por ejemplo, en los ecosistemas alrededor del Río Santiago, en los municipios de El Salto y Juanacatlán.

Allí, niños menores de tres años tienen tres mil veces más metales pesados en su sangre que un trabajador industrial y en los últimos 18 años 3 mil 338 personas han muerto por enfermedades como la insuficiencia renal y el cáncer, causadas los residuos industriales vertidos en el agua. Eso significa una persona fallecida cada dos días de acuerdo con los datos recopilados por el colectivo Resiste.

Lo queda del “Niágara mexicano” es casi irreconocible, pero una observación cuidadosa permite encontrar muchas formas de vida que siguen ahí. “Ustedes dirán, este lugar está vacío, pero con una cámara puedes ver que hay muchas cosas ocurriendo. Hay que saber convivir con la dualidad de lo contaminado y lo que todavía vale del territorio. Porque si les compramos las narrativas de que el territorio está muerto, de que no vale la pena, es muy fácil que nos lo quiten”, dijo Pablo Montaño, luego de hablar de las flores, las plantas y las aves que observó en un recorrido organizado por la asociación Un Salto de Vida.

Mientras la naturaleza se abre paso a sí misma, también hay esfuerzos comunitarios, como en el caso del Bosque del Fin del Mundo. Esta es una iniciativa de la misma organización para crear un área natural en Juanacatlán y, según la opinión de Montaño, muestra la resiliencia de las personas, que no se compran la idea de que los lugares que habitan son territorios de sacrificio en los que no queda nada por hacer.

Enamorarse del territorio

Una segunda estrategia para conservar la esperanza es recurrir a la memoria y el afecto por los entornos naturales en riesgo. En este punto, el activista de Conexiones Climáticas aprovechó para relatar la experiencia en la campaña ¿Ballenas o gas?, relacionada con el Proyecto Saguaro de Gas Natural Licuado (GNL), que amenaza Golfo de California o “el acuario del mundo”, como se le nombra en el corto documental recién estrenado en el festival Ambulante y que también se proyectó en el ITESO el pasado 19 de marzo.

En esa experiencia de defensa de la biodiversidad marina, los habitantes de Topolobampo, Sinaloa abrazaron su identidad como pueblo pesquero para unirse frente a al megaproyecto que acabaría con su vida como la conocen. Así, lograron que se cancelara una de las tres plantas del Proyecto Saguaro. Ese vínculo con un entorno natural es igual de potente para el caso de Jalisco, dijo el activista: “Si perdemos la memoria, si no consideramos lo que el territorio era, perdemos por completo la brújula de lo que puede volver a ser. Y este territorio era hermoso”.

Incitar a la participación con el arte

La tercera estrategia es el arte colectivo, esta vez presentada por los grupos estudiantiles del ITESO. Un caso ejemplar es el cuento del Río Santiago que leyeron las integrantes de Resiste durante el conversatorio. En la historia el protagonista es UME, una criatura espumosa que nació por la contaminación en la Cascada de Juanacatlán y que viaja a distintos sitios de la región para conocer su historia. Actualmente las estudiantes trabajan en un cuento impreso en el que UME narre lo que sucede en el Bosque del Fin del Mundo.

La creación está inspirada en el conocido Tour del Horror y la Esperanza de Un Salto de Vida, en el que se recorren puntos del territorio que hacen evidente el desastre ambiental. “Nosotras notamos que muchos de nuestros compañeros no querían ir al tour porque se les hacía muy lejos o porque querían evitar los olores y sentirse incómodos. Entonces surgió la idea ¿por qué no traemos el tour del horror aquí al campus donde más personas puedan verlo?”, contaron Fabiola y Angie sobre la muestra que estuvo presente en la Biblioteca entre el 23 de febrero y e 6 de marzo.

Nicole Partida y Natalia Odriozola de Sentir(es) también hablaron de una experiencia reciente a través de la cual quieren incentivar la participación: el mural colaborativo que realizaron a un costado del edificio V, el marco de su maratón artístico entre el 9 y 12 de marzo.

Su objetivo era utilizar el arte para reunir a la comunidad y propiciar la conversación sobre las problemáticas como la del Río Santiago. “El arte pone en juego no solo lo bonito que se ve, también lanza el mensaje de que la esperanza está en lo colectivo. Que lo colectivo somos todos y todos debemos actuar”, dijo Nicole.

Tanto las integrantes de Sentir(es) como las de Resiste invitaron a los asistentes del conversatorio a unirse a sus iniciativas. El primero es un colectivo dedicado a divulgar actividades culturales a través del arte; el segundo, se conforma como una red para luchar por la justicia socioambiental. Una de sus próximas intervenciones abiertas a todo público es una jornada de reforestación en el Bosque del Fin del Mundo el próximo 16 de mayo. De esa manera, ambos grupos impulsan la idea de que las acciones desde la esperanza se logran en comunidad.

FOTOS: Zyan André