ITESO. UNIVERSIDAD JESUITA DE GUADALAJARA

El distanciamiento social obligado por la pandemia del Covid-19 reta al sentido comunitario, reta a la solidaridad y la compasión más urgentes y más incluyentes que nunca antes.

POR JAVIER ESCOBEDO CONDE, SJ, INTEGRANTE DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS Y PROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE  PSICOLOGÍA, EDUCACIÓN Y SALUD DEL ITESO

Desde varias generaciones atrás vivimos en escenarios impregnados de una narrativa de violencia, exclusión y muerte. En estos tiempos se suma a esta escalada de odio y miedo el brote endémico del virus SARS COv2, coronavirus, causante de la enfermedad Covid-19 que ha ocasionado grandes impactos en diferentes ámbitos en la población mundial.

Vivimos desde tiempo atrás entre la corrupción, la impunidad, el miedo, la rabia, el rencor y la venganza; en medio de la polarización y el doble discurso, en la frustración, la violencia, la inseguridad y la vulnerabilidad. La estela de personas asesinadas, desaparecidas, desplazadas no acaba, si bien cambió nuestros hábitos e incrementamos la seguridad hasta la exageración de blindarnos personal y socialmente. Esta exacerbación ha dado pie a normalizar la mirada y la palabra de odio y la mano armada.  Hoy, por si fuera poco, el Covid-19 nos impone medidas extremas como el aislamiento social, el uso de cubre bocas, guantes y caretas, que resultan también barreras simbólicas. Ojalá que no nos acostumbremos y lo normalicemos, ni hagamos que las economías del miedo y el odio, marquen nuestro estilo de vida y que nos distancien cada vez más de vivir como Dios nos manda: más cercanos que nunca.

Y es que vivir en tiempos de miedos y odios, sin morir en el intento, es estar más cercanos que nunca, es vivir al modo de Jesús, como Dios Manda. El tiempo de la compasión, la solidaridad y lo comunitario, hoy es más urgente que nunca. Si entendemos que, la figura del pastor es la invitación a cuidarnos, si escuchamos la voz que nos dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” obraremos en consecuencia natural: nos cuidamos cada una y cada uno, entre todas y todos y cuidamos del resto de nuestra Casa Común.

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