En el marco del paro Un Día Sin Nosotras, integrantes de la comunidad universitaria comparten su visión sobre lo que el 9 de marzo representa para ellas

Hace seis años se planteó el paro Un Día Sin Nosotras para visibilizar el impacto de la presencia de las mujeres en los distintos ámbitos de la vida (económico, cultural, social).

La idea es relativamente simple: el día posterior al 8M, las mujeres se ausentarían de oficinas, escuelas, tiendas, así como de actividades laborales, de hogar y de cuidado. Hoy, no es sólo un acto de protesta, es un día para reflexionar, todas y todos, sobre las desigualdades y la violencia de género.

En el ITESO, existe diversidad de miradas sobre lo que representa Un Día Sin Nosotras.

Elegir entre la presencia y la ausencia es un acto político que incomoda

Karla Rueda, estudiante de Psicología y parte de la colectiva LaVanda desde hace tres años, recuerda la primera vez que participó en el Día Nacional sin Mujeres. Aún estaba en secundaria cuando vivió aquel paro que, en sus palabras, generó un impacto evidente. “Se creaba un shock. Este sentimiento al percatarse de que ‘hoy no están’”.

Para ella, ese primer contacto con la protesta significó “hacer presencia en la ausencia”, una forma de visibilizar el valor del trabajo de las mujeres, tanto en los espacios domésticos como en los públicos. Trabajos que suelen darse por sentado. También lo entendía como un recordatorio urgente. “Nos siguen desapareciendo y a esto vamos a llegar”, señala.

Con los años ese impacto se transformó. Cuenta que ciertos cambios en la forma en que se vivía esta manifestación silenciosa la hicieron cuestionar su participación: comentarios de personas que reducían el día a un descanso, hombres celebrándolo como “un día sin mujeres”, y la gestión institucional para permitir las faltas sin repercusiones. “El hecho de que te tengamos que pedir permiso para hacerlo, le quita una gran parte del valor al paro”, explica. Sintió que la esencia se desdibujaba, por lo que eligió “incomodar más estando ahí” desde su presencia.

Aunque ya no participa en el paro, Karla forma parte de LaVanda, y colabora en la organización de actividades en torno al 8M. Dentro de la colectiva convive con otras estudiantes que sí llevan a cabo el paro, pero esto no genera ningún conflicto. Para ellas lo más importante es que cada una pueda vivir el feminismo desde su realidad. “Todas tenemos nuestras opiniones, tenemos distintas experiencias, entonces vamos a crear desde esa diversidad”.

Su acercamiento al feminismo comenzó en la secundaria. Lo que la movió fue la indignación frente a reglas diferenciadas para las alumnas. “En un principio fue por coraje”, recuerda. Ya en la universidad, su vínculo con los colectivos se volvió algo más profundo: “representó encontrar un espacio donde me siento acompañada y donde puedo crear comunidad”. La colectividad dejó de ser solo una herramienta para organizarse y se volvió refugio también.

Este año, LaVanda prepara una jornada amplia que incluye actividades la semana previa y durante el 8 de marzo. Habrá conferencias, espacios de escritura creativa, proyecciones, talleres de bordado, intervenciones visuales y actividades en los jardines del campus. La intención es que el diálogo no se quede únicamente en el ámbito académico. “Queremos que cuando tú vayas caminando y veas lo que está pasando, algo se mueva dentro de ti y participes”.

Respecto a la marcha, este año la logística será diferente puesto que será en domingo, por lo que las estudiantes no podrán apoyarse en el transporte y los espacios del campus. Aun así, las estudiantes desarrollan estrategias de cuidado: rondas para trasladarse juntas según las zonas donde viven, grupos coordinados para ubicarse durante la marcha y mecanismos para monitorear la seguridad del contingente. Para Karla, la acción colectiva es esencial.

El 9M no puede entenderse sin lo colectivo

Elsa Jiménez, profesora del Departamento de Desarrollo Humano, cree que Un día sin Nosotras, Tiene que ser colectivo, tiene que ser masivo y una respuesta de desobediencia, no un gesto simbólico individual. Para ella, la convocatoria invita a que las mujeres se ausenten de sus labores remuneradas y no remuneradas (infravaloradas e invisibilizadas por el sistema patriarcal capitalista) y a que ese día sirva como espacio de encuentro, reflexión y organización. La académica retoma los planteamientos de la economista feminista Verónica Gago para explicar el trasfondo político de esta acción: El paro es una herramienta de lucha de clases, desde los movimientos sindicalistas y obreros […] lo que se busca hacer con la huelga es ampliar la noción de trabajo. Para incluir no sólo el trabajo remunerado, sino también los enormes volúmenes de trabajo que realizan las mujeres dentro de los hogares y para el bien de su comunidad, que son impuestos bajo las nociones tradicionales de feminidad.  

En esa línea, señala que el 9M no es una fecha de completa ausencia, sino un paro activo en el que se tejen alianzas entre mujeres y cuerpos feminizados con experiencias y contextos diversos. Ella misma participó en los primeros paros internacionales de 2018 y 2019. De esos años recuerda la fuerza del acompañamiento y la claridad que adquirió al vivirlo desde una comunidad organizada.Era un momento de mucha efervescencia y movilización social

Sin embargo, advierte que este movimiento comenzó a desactivarse en los años posteriores. La pandemia fue uno de los golpes más fuertes. A ello se sumaron otros factores, entre ellos, lo que considera una apropiación institucional de la lucha feminista: 

En febrero de 2024, la Cámara de Diputados aprobó declarar el 9 de marzo como “Día Nacional Sin Nosotras”, una decisión podría significar un reconocimiento de la resistencia. Sin embargo, a Jiménez le parece Sospechoso que desde el Estado se intente institucionalizar una lucha que precisamente busca subvertir, demandar y denunciar […] Se otorga lo que no se solicita, mientras no se atienden las demandas que sí están sobre la mesa, como la creación del Sistema Nacional de Cuidados o el presupuesto para políticas que favorezcan a las mujeres. 

Otro ejemplo es la reciente propuesta de la diputada Candelaria Ochoa, quien planteó que el 9 de marzo sea reconocido como un día en el que las trabajadoras del Congreso del Estado puedan ausentarse sin sanciones, con el fin de respaldar su derecho a la protesta. Jiménez considera que esta clase de oficialización corre el riesgo de despolitizar el sentido original del paro. No obstante, también reconoce una ventana de oportunidad Si nos están regalando esto, ¿qué podemos hacer con ese tiempo? Encontrarnos, hablar y organizarnos, sugiere. 

Y aunque este año no tiene previsto participar (pues no ha encontrado una convocatoria respaldada por un movimiento feminista y amplio de mujeres), considera indispensable que las movilizaciones continúen. No se trata de la ausencia, sino de lo que las mujeres hacen con esa ausencia, lo que logran visibilizar, denunciar y cómo la usamos para organizarnos y continuar luchando para lograr justicia social, transformar las condiciones que nos violentan y explotan. 

Las mujeres que mantienen el ITESO como lo conocemos

Liliana Trejo Castro forma parte del equipo administrativo de la universidad desde hace siete años. Se ha unido al paro voluntario de labores cada vez que el ITESO ha retomado esta actividad en el marco del Día Internacional de la Mujer. Este año no será la excepción, dice; su ausencia se hará evidente en los espacios de trabajo de sus compañeros, pues Liliana se encarga del aseo de las oficinas y áreas comunes de la Oficina de Servicios Generales.

Entre sus motivos para unirse a la protesta menciona la visibilidad de su trabajo y el de sus compañeras, pues en su opinión, hace falta valorar su rol en la sociedad. Pero, aunque en el ITESO percibe las condiciones necesarias para señalar sus aportaciones cotidianas a través del paro, las labores de cuidado que hace en su casa continuarán como de costumbre.

Como madre y estudiante de psicología, Liliana es la encargada de la limpieza de su hogar, las compras, el cuidado y la alimentación de sus dos hijos. A eso suma sus tareas universitarias y la actividad física en el gimnasio, que procura para cuidar de su salud. El recuento de todas sus actividades la dirige a aquellas reflexiones que considera necesarias para ese 8 y 9 de marzo.

A los hombres los invita a hacerse conscientes del trabajo de las mujeres que los rodean. Resalta que el desempeño de ellas es equiparable al de cualquier compañero, aun con la carga de “deberes” no remunerados que recaen sobre los hombros de las mujeres.

A otras colaboradoras como ella, Liliana les dice: “las mujeres de servicios generales somos muy importantes, somos una pieza clave. Sin nosotras el campus no sería el mismo porque estamos hablando del aseo y de la imagen del ITESO. Hay que estar muy orgullosas de lo que somos y lo que hacemos por la universidad”.

Estudiantes que tejen la acción feminista todo el año

Para Fernanda Díaz Peralta, estudiante de la Licenciatura en Diseño Integral, el 8 de marzo es un momento de reunión y de poner los pies en la tierra para ser conscientes de la magnitud del movimiento feminista, que, en realidad, está en acción todo el año.

La primera vez que ella dimensionó el gran alcance de la lucha de las mujeres fue en una de las marchas por el Día Internacional de la Mujer en Guadalajara. Antes de eso, cuando vivía en Oaxaca y estudiaba la preparatoria, las protestas en las que había participado consistían en paros de actividades.

Entonces, sin dar aviso, Fer se ausentaba de la escuela por un día y evitaba usar las redes sociales durante la misma jornada. Al día siguiente, cuando sus compañeros le preguntaban extrañados qué había sucedido, ella se daba cuenta de que su ausencia sí generaba, al menos, una conversación sobre las situaciones de violencia a las que se enfrentan las mujeres y la invisibilidad de su trabajo cotidiano.

Este año Fernanda no va a participar en el paro del 9 de marzo porque no quiere perderse el contenido de sus clases ese día y porque, como estudiante foránea, no se siente cómoda con la idea de quedarse incomunicada con su familia, pero participará en otras actividades que organiza desde LaVanda, la colectiva feminista de la universidad, en donde se encarga de la Dirección Creativa.

“El tema de parar me gusta para generar conciencia. Creo que guardar ese silencio es muy poderoso. […] El trabajo que se hace como aporte al movimiento no es de un solo día, del 8 o del 9 de marzo, sino que se teje todo el año. Hacer el paro o no, es decisión de cada una, lo valioso es la congruencia con lo que has hecho todo el año”, dice Fernanda.

Rumbo a este 8M, LaVanda tiene planeadas una serie de talleres y ponencias que se ofrecerán en el ITESO entre el 2 y 6 de marzo, en conjunto con las sociedades de estudiantes de las licenciaturas de Relaciones Internacionales, Gestión Cultural, Recursos Humanos y Talento Organizacional y Piscología. También habrá varios espacios creativos de escritura, bordado y dibujo para salir de las aulas. Una de las metas particulares de la colectiva este año es reforzar su identidad y visibilidad entre la comunidad universitaria, por lo que trabajan en corto documental sobre su jornada rumbo al Día de la Mujer.

“Vivimos los asuntos de género desde nuestras realidades”

Sandra Padilla, de la Oficina de Personal del ITESO, señala que existen las condiciones para que las mujeres que laboran en la universidad puedan sumarse al paro de Un Día Sin Nosotras, aunque, dice, al principio no eran tantas las que se animaban a participar.

Formalmente la decisión siempre ha sido libre, pero en la práctica muchas mujeres —incluida ella— dudaban. Te sumabas con la sensación de que no era correcto dejar tu trabajo y sería mal visto y “tampoco se trata de que te traslades a [modalidad] virtual. O sea, es un día sin nosotras para que se vea que la labor que realizamos en la universidad es importante”.

Reconoce que puede haber ajustes posteriores —como reponer clases o reorganizar pendientes—, pero insiste en que ese es precisamente el espíritu del movimiento, hacer visible el trabajo de las mujeres y dedicar la jornada a la reflexión.

Admite que en algunas áreas, especialmente en servicios de apoyo donde el personal femenino es numeroso, puede generarse incertidumbre ante la posibilidad de que todas se ausenten, pero que se podría organizar que personas de distintas áreas hagan el trabajo que no van a hacer las mujeres ese día.

Sandra Padilla apunta a una responsabilidad compartida. “Hoy estoy en una posición en la que me siento con mayor confianza para decidir y expresarme al respecto, y también porque he desarrollado una comprensión más profunda del movimiento gracias a mi participación en las iniciativas de la Universidad relacionadas con el tema. Esto me lleva a pensar que tenemos la responsabilidad de colaborar con otras compañeras para que todas se sientan con la confianza y la seguridad necesarias para tomar una decisión así en el entorno laboral. Que puedan hacerlo desde su convicción, sin temor y con el respaldo tanto de la institución como de nuestros compañeros y compañeras”.

Desde hace dos años, Sandra Padilla es integrante de la Comisión para Atender Asuntos de Género. Este trabajo cercano a las realidades y violencias que viven algunas personas la ha llevado a profundizar en que “cada una vivimos el día y los temas de género desde experiencias propias, desde nuestras realidades” y eso la ha llevado a tener más empatía.

“Estar en la Comisión me llevó a entender que, aun siendo mujer, había aspectos del tema que no alcanzaba a ver con la sensibilidad y profundidad que merecen”.

 Sobre las tensiones que pueden surgir entre quienes deciden participar en el paro y quienes no, considera que el camino es abrir más espacios de reflexión. “Si no le entras a estudiar el tema, a escuchar experiencias y analizar de dónde viene esta lucha y este movimiento, pues vamos a seguir con la misma postura”. Propone generar encuentros en otros momentos del año, no solo el 8M, para dialogar desde experiencias personales y en formatos más accesibles.

Este año, Sandra participará parcialmente en el paro, debido a que como parte de su encargo en la Comisión y en el Programa de Género, estará colaborando en actividades, talleres y orientación sobre el Protocolo para la atención de casos de violencias de género en el ITESO.

La lucha múltiple y diversa de las profesoras

Desde la lectura de la profesora Azucena Gollaz, del Departamento de Formación Humana, la historia de los feminismos ha estado marcada por la discusión y evolución constante. Los significados que las mujeres dan a cada estrategia de protesta pasan de la experiencia individual a la articulación colectiva para desplegar mensajes sobre el lugar en el que se colocan ante diferentes formas de opresión: las relativas al sexo y género, pero también a la raza, la clase social, los binarismos, los regímenes autoritarios y otras.

Traducido a nuestro contexto, eso significa que marchar o parar en el marco del Día Internacional de la Mujer implica, no solo significados, sino también posibilidades distintas. No todas las mujeres pueden participar de la misma manera en las protestas y estas jornadas deben ser un momento para hacer visibles esas desigualdades.

El reconocimiento de esas consignas de mujeres diversas —y la ausencia de algunas de ellas— es lo que moviliza a Azucena en cada protesta feminista. Entre ellas, la marcha del 8M, las actividades previas y el paro del día después, en las que la profesora planea participar este año.

“La marcha del 8M es una de las movilizaciones con más fuerza que hemos tenido las mujeres, no solo las mujeres cisgénero, también las trans y las disidencias, para articular luchas. Es la enunciación de demandas desde los territorios y los cuerpos concretos que están disputando las violencias. Y el paro (del 9M) se articula y es muy simbólico porque después lanzar un montón de mensajes, esos cuerpos paran, para que otros actores sociales escuchen, respondan a las demandas y generen sus propios procesos de articulación”, dice la profesora, quien está a cargo de asignaturas relacionadas con temas de género, equidad, sexualidad y derechos humanos en el ITESO.

Azucena comparte que, para ella, participar en el paro de actividades simboliza una forma de protesta por la desigualdad salarial en el trabajo remunerado de las mujeres y, por otro lado, por la falta de reconocimiento de su trabajo reproductivo, que también sostiene la vida.

Por su naturaleza disruptiva, no considera que haga falta una negociación o permiso para llevar a cabo estas actividades, pero recomienda articularse con otras —colegas, amigas, estudiantes— para tener claridad sobre cómo construir relaciones sociales más equitativas todos los días del año.

FOTOS: Zyan André