En 2011 Roberto y Annika emprendieron un viaje en bicicleta por Asia, pero su plan se extendió y regresaron a casa cinco años y 33 países después. La aventura y la gentileza de quienes les ofrecieron una taza de té y un lugar para dormir durante el trayecto, les cambiaron la vida. Hoy siguen pedaleando juntos e invitan a otras personas a hacerlo a través de un libro y su “Guía Básica para Viajar en Bicicleta”
Pedalear forma parte del vocabulario cotidiano de Roberto Gallegos. La palabra surge casi en automático cuando este hombre aventurero, egresado de la licenciatura en Mercadotecnia del ITESO, habla de la actitud con la que prefiere enfrentar dificultades: “por más empinado que sea el camino, eventualmente vas a llegar a la cima; solo tienes que seguir pedaleando”. Más allá de que le gusten las metáforas, a Roberto pedalear le cambió la vida después de recorrer 32 mil kilómetros por 33 países en bicicleta, junto con Annika Wachter, quien ahora es su esposa.
Entre 2011 y 2016 recorrieron el desierto de Irán, bordearon los ríos de Camboya, los bosques de Canadá y las playas del sureste de México. Salieron desde Alemania cuando todavía eran novios, con mapas impresos en papel y sin saber cuánto duraría su aventura. Se perdieron por primera vez en el kilómetro 18 y tuvieron que reparar sus llantas ponchadas incontables veces. Ninguno de los dos había hecho un viaje tan largo en dos ruedas, pero se animaron a aprender lo que necesitarían sobre la marcha.
De la improvisación también surgió su propósito: cultivar la empatía a través del cicloviaje. Al poco tiempo de haber comenzado, Roberto y Annika se dieron cuenta de que no buscaban ir más rápido ni recorrer más kilómetros, sino conocer a muchas personas, conectar con ellas y con sus formas de vivir. En otras palabras, hacer amigos.
En muchos casos, esas amistades fueron posibles gracias a las redes de ciclistas que, en todo el mundo, reciben gustosos a otros cicloviajeros para ofrecerles una taza de té, un plato de comida y un rincón de su jardín donde acampar. Roberto recuerda a Akbar Nagdhi, un hombre que les dio la bienvenida cuando llegaron a Irán: “Él nos estaba esperando a unos 30 km de la ciudad de Marand, en su bicicleta. Annika se sentía enferma del estómago y Akbar pedaleó con su equipaje y le cedió la suya. Nos condujo a un restaurante donde pudimos pasar la noche y nos mostró un álbum con fotos de por lo menos 50 ciclistas que había recibido y ayudado”, cuenta Gallegos.
Ya sea al moverse por la ciudad o darle la vuelta al mundo, la bicicleta permite conocer cada lugar de una manera única. Concede autonomía para detenerse o seguir avanzando según lo que dicte el ánimo y el instinto de quien monta su “asiento incómodo”, como lo llama Roberto. En dos ruedas es posible recorrer largas distancias sin perderte los mejores detalles del camino. Por eso, Annika y Roberto llamaron su proyecto de viaje Tasting Travels, porque es una probadita de cada pueblo, paisaje y ciudad visitada.
Sus memorias en un libro y una guía para cicloviajeros
Han pasado casi diez años desde que Annika y Roberto terminaron su gran viaje y se establecieron en Alemania. Eso no significa que hayan dejado de pedalear, porque lo que aprendieron les cambió la mirada y lo llevan para todos lados.
“Lo más importante que aprendí es que la gente es mayormente buena. Sí tuvimos tres o cuatro incidentes, pero todos los días redescubríamos la bondad, la gentileza, la amabilidad. Y eso repercute en muchas cosas de lo que ahora vivimos, cómo vemos las noticias, la política… Pienso que si todos los humanos tuvieran un lugar seguro para comer juntos y pasarla bien con sus amigos o familia, otro cantar sería. Eso es lo más mínimo y donde no suceden esas dos cosas, es donde hay problemas” dice Roberto. Todo lo conecta con la posibilidad de dialogar y conocer los matices de las personas.
Otro aprendizaje que tuvieron fue que viajar en bicicleta te mantiene humilde, porque nunca se puede estar preparado para todo. Entonces, hay que pedir ayuda. Ellos recibieron muchísima y quieren ofrecerla también. De esa intención surgieron la guía Cicloviaje. Guía Básica para Viajar en Bicicleta y el libro Cómo un tour en bicicleta se convirtió en un viaje alrededor del mundo.
La Guía Básica para Viajar en Bicicleta está escrita en español por Roberto y contiene todo lo que una persona necesita saber para iniciarse en el cicloturismo. Incluye el conocimiento técnico que hay que tener sobre bicicletas, cuál es el mejor modelo para iniciar un recorrido, qué casa de campaña y sleeping bag comprar, la ropa más cómoda para pedalear, los filtros de agua recomendados y por supuesto, cuánto dinero hay que invertir. En el documento Annika y Roberto cuentan que ellos gastaban alrededor de $11 dólares por persona al día.
“La idea de la guía era democratizar esta actividad, porque no necesitas ser un súper navegante o un súper ciclista para hacerla. Solo tienes que avanzar todos los días. Es totalmente posible ir de cincuenta en cincuenta kilómetros, que ya es bastante. Ya hay muchísimas más guías y sitios web, pero quiero pensar que con la guía construimos parte de la historia (del movimiento de cicloturismo)”, dice Roberto.
Por otro lado, el libro, Cómo un tour en bicicleta se convirtió en un viaje alrededor del mundo, lo escribió Annika Wachter en alemán, con fotografías tomadas por Roberto y las memorias de ambos. Se publicó en 2020 en la editorial Bruckmann y está a la venta en línea. Este libro cuenta las historias de las personas a las que Annika y Roberto conocieron en sus viajes. Durante la conversación, él abre el libro en una página que contiene la foto de un par de hombres, “son Philip y Joseph, son pescadores. Los conocimos en la frontera de Serbia y lo que antes era Croacia, cada uno vive en un lado. Fueron forzados a luchar en una guerra y los dos perdieron a sus hijos. Cuando se acabó la guerra se hicieron muy amigos”, cuenta.
En Pitaya sigue pedaleando
Hasta hoy, Annika y Roberto siguen en contacto con muchas de las personas a quienes conocieron en y cuando se encuentran de nuevo, es como si no hubiera pasado el tiempo. El mantenimiento de esa red de amigos internacionales es un principio que, ahora, Roberto ha trasladado como principio a Pitaya, la agencia de marketing y diseño que fundó en 2021.
Desde que la concibió quiso que su modelo de negocios se basara en la colaboración con otros profesionistas talentosos de Latinoamérica. Mientras él se enfoca en la consultoría para pequeñas empresas relacionadas con sus intereses (bicis, viajes y experiencias internacionales), retoma contacto con sus amigos diseñadores y artistas para desarrollar servicios especializados de ilustración, construcción de sitios web y animación. Su puerta siempre está abierta a nuevas colaboraciones en pitaya.agentur@gmail.com
Roberto todavía dedica su tiempo a conocer personas de diferentes países, aunque ya no está recorriendo el mundo en bici. Ahora lo hace a través de la mercadotecnia, específicamente con ayuda del branding, que implica familiarizarse con las metas y los sueños de quien crea una empresa, para darle una personalidad al proyecto.
En Pitaya es donde sigue pedaleando, siempre con la intención de ahorrar dinero para sorprenderse con otros paisajes y culturas. A las cuatro ruedas que lo llevaban a Annika y a él, ahora se agregan dos más, las de su hijo de seis años que ya ha recorrido sus primeros kilómetros como cicloviajero.
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