Tras más de 50 años de trabajo ininterrumpido, don Rodolfo Chávez Ortega y don José Luis Lara Lara comienzan su jubilación

No hay persona que haya estado en el ITESO y que no haya conocido a don Rodolfo y a don José Luis, si no directamente, sí por su trabajo tan patente en cada espacio de la universidad. El primero es guardián del bosque universitario; el segundo, el encargado de que todas las cosas funcionen en el campus. 

Desde hace más de 50 años, la vida del ITESO no se entiende sin la presencia de estos dos personajes, que en sus tantos andares han marcado la vida de decenas de miles de estudiantes, colaboradores y visitantes.  

Don Rodolfo Chávez Ortega, supervisor de jardinería, y don José Luis Lara Lara, supervisor de mantenimiento, son común denominador de decenas de generaciones que han pisado el campus de la universidad. Desde sus tareas diarias, construyeron los pilares de la vida universitaria, creando los espacios más adecuados para el estudio, la oración, la contemplación, el trabajo, la colaboración y la vida misma. 

Un par de cientos de miembros de la comunidad universitaria se reunieron para agradecer a don Rodolfo y don José Luis por ser el epítome de lo que significa ser y hacer para los demás, de lo que significa ser itesiano.  

El homenaje, llevado a cabo en la Calzada Scheifler, marcó el comienzo de la jubilación para ambos, que se despiden luego de más de medio siglo de servicio a la universidad. Ángela Godoy Fajardo, profesora numeraria del ITESO, dio la bienvenida a los agasajados, que fueron recibidos con una ola de aplausos. 

Previo al homenaje, miembros de la comunidad universitaria escribieron cartas a don Rodolfo y José Luis, mismas que fueron recopiladas y entregadas para que se las lleven consigo, a modo de agradecimiento. Durante la dinámica, Ángela Godoy dio lectura a algunos fragmentos de estas cartas, lo que provocó que las caras de los homenajeados —y de muchos de los presentes— se conmovieran hasta las lágrimas. 

La académica señaló que este ejercicio “resultó en una aventura desbordante; reconocer el afecto, la admiración, el ejemplo, la pasión y la inspiración que ustedes provocan, en su modo de habitar este lugar y entregar su vida a través de un trabajo que aman”. 

“En algunas de estas expresiones se puede escuchar una polifonía de voces que armonizan al referir los rasgos que les conmueven y les inspiran esas dos formas únicas de ser itesianos. Mueven, en su ser y en su quehacer, mucho de lo mejor de nosotros”, afirmó. 

Don Rodolfo recibió la encomienda de hacer del ITESO un bosque universitario de boca del entonces Rector Xavier Scheifler y Amézaga, SJ. Cincuenta años más tarde, la belleza del campus es uno de los rasgos más distintivos del ITESO. Aún en su último día como trabajador del ITESO, don Rodolfo siguió fiel a su encomienda de procurar el verde del campus: “Si salen lágrimas de mis ojos es porque las plantas quieren agua, no porque quiera llorar”, afirmó, conmovido. 

Hombre de pocas palabras y muchas sonrisas, don José Luis agradeció con la mirada a todos los presentes. “Me voy, pero no me voy, me voy, pero me quedo”, dijo, recordando las palabras del papa Juan Pablo II en su primera visita a México. 

Piensos para don Rodolfo

  • Tu trabajo y presencia hablan de la casa que compartimos, de amor y cuidado. De cultivar, de hospitalidad, de amistad. 
  • Su vocación para compartir lo que ha aprendido se extiende a la tutoría que hace con los compañeros del equipo de jardinería. Entiende de trabajo colaborativo. Su forma de trabajar trasciende, es generosa y comprometida.  
  • Su legado se aspira. Es diverso y se puede contemplar en el bosque mágico. Los árboles nos abrazan y nos permiten respirar mejor.  
  • Los jardines de distintas escalas que hay en el campus son lugares propicios para la oración. Son espacios que ofrecen paz y bienestar.  
  • La vocación de Rodolfo se ve en su trabajo, ejemplo y presencia. En el amor que le pone a lo que hace. En su entrega que conmueve el corazón. En su pasión, que se manifiesta en amar lo que hace y pintar el ITESO de colores.  
  • Rodolfo, gracias por vivir esparciendo semillas. 

Piensos para don José Luis

  • Usted es un ejemplo de amor por el trabajo. Se le ve contento y la imagen de muchos es la de verlo caminando por los pasillos. Con destino a algún arreglo, con una sonrisa clara en el rostro y un andar pausado.  
  • Usted es un referente para muchas generaciones. Cuando hablan de usted hablan de un compañero servicial y empático, profesional y solicito, que siempre está ahí para reparar lo imposible y mantener nuestra universidad.  
  • Don Pepe Luis, se va porque quiere.  
  • Don José Luis, gracias por hablar con hechos. Si es una universidad maravillosa es por personas como usted. Gracias por hacer de los espacios una morada.  
  • Yo pensaba que usted no dormía. Mantendré en mi corazón todas las veces que me hizo el día.  
  • Usted ha sido un gran regalo para toda la comunidad del ITESO. Los pasillos del ITESO no serán lo mismo sin su presencia cotidiana.  

FOTO: Luis Ponciano