Desmontar categorías rígidas y tratar a la psiquiatría como una ciencia híbrida fueron algunos de los temas abordados en la charla «Filosofía, ciencia y salud mental: ¿somos todos depresivos?», llevada a cabo dentro de la III Semana de Filosofía del ITESO

Reenfocar la psiquiatría como una disciplina dual, como una ciencia híbrida y «bifrontal» que bebe tanto de la ciencia natural como de la social, es la vía hacia la rehumanización de esta disciplina. Es la visión que se compartió durante la conferencia «Filosofía, ciencia y salud mental: ¿somos todos depresivos?», impartida por María Luján Christiansen, académica de la Universidad de Guanajuato, como parte de la III Semana de Filosofía organizada por el Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO. 

Luján consideró que es necesario que la psiquiatría se abra a la posibilidad de ser una ciencia médica atravesada por las ciencias sociales interpretativas para introducir una rehumanización que la aleje de una mirada beligerante y cientificista. 

«Lo que ha ocurrido es la pugna de ver si es una ciencia natural o una ciencia social. No estamos habituados en pensar en una disciplina de una manera dual, porque obligaría a que los psiquiatras biomédicos que trabajan en este enfoque lo hagan con los científicos sociales y a la inversa, lo cual no ocurre generalmente», expresó la doctora en Filosofía de la Ciencia por el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. 

La charla arrancó con una explicación histórica y contextual sobre el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DMS-5, creado en 1952, y cuya última versión, revisada en 2022, es la guía fundamental para el diagnóstico de padecimientos psiquiátricos autorizada por la American Psychiatric Association (APA) y la base de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS).  

La exposición fue seguida del análisis de un caso clínico de un paciente con signos de depresión y crisis nerviosa, su posterior estabilización, la remisión parcial de la enfermedad y, finalmente, episodios recurrentes ante coyunturas de su vida —la pérdida de su empleo, por ejemplo—. En este caso, la carencia central del diagnóstico fue, a juicio de la conferenciante, depender de un formato categorial y estandarizado que tiende al sesgo de autoconfirmación. 

«El diagnóstico mismo se convierte ya en una intervención y generalmente lo consideramos de otra manera en otras áreas de la medicina, pues el diagnóstico es un paso necesario previo a la intervención. […] Cualquier ciencia que diagnostique un determinado conjunto de circunstancias bajo una categoría, genera efectos e influencias que impactan en la vida de las personas», explicó. 

Para Luján, la valoración preconcebida y categórica que se obtiene a través de un manual tiene repercusiones no solamente en el nivel identitario de los pacientes diagnosticados, por ejemplo, con depresión o ansiedad, sino también en las relaciones que sostienen y en su entorno, pues generalmente las familias cambian la forma de tratar con esos pacientes. Esto condiciona al profesional que recibe el expediente clínico, pues parte de una cierta manera de observar al paciente, lo que cierra la posibilidad de abordar otras formas de mirar y de intervenir. 

«No existe un examen psiquiátrico que pudiéramos equiparar a un examen de sangre o de orina. Dado que, a diferencia de otras áreas de la medicina, en la psiquiatría no hay parámetros más allá de lo que el paciente narra y sobre esa base se construye el diagnóstico, esto la convierte en un área médica muy interpretativa. No sé de dónde viene el temor de la psiquiatría a admitir su carácter interpretativo, cuando otras áreas médicas lo admiten», añadió. 

Este modo de presentación de la información incide también en los tratamientos aplicados, específicamente en la administración de psicofármacos, estableciendo un parámetro a la inversa (razonamiento ex juvantibus) por el que se define un trastorno por aquello que ayuda a aliviarlo: «a partir de que el alcohol le ayuda a alguien a desinhibirse en una reunión social, ¿se deduce entonces que el problema de la timidez es debido a la falta del alcohol en el organismo?», cuestionó la académica, señalando el peligro de que se termine armando modelos explicativos que dependan del «éxito» de los medicamentos.

FOTOS: Luis Ponciano