Una visita a Tapachula, Chiapas para conocer el trabajo de dos organizaciones que apoyan a los solicitantes de refugio en nuestro país, le permitió al autor encontrar, pese al panorama a veces desolador, mujeres y hombres que con su trabajo y entrega hacia quienes están en esa situación ayudan a construir el Reino de Dios en la Tierra
Por José Ignacio Maldonado Baeza, S.J.
Escolar jesuita, Centro Universitario Ignaciano
Para que oremos dicho misterio, Ignacio nos sugiere que veamos, escuchemos y miremos qué hacen las personas sobre la faz de la tierra. Nos invita a contemplar, como lo hace la Trinidad, a la humanidad “en tanta diversidad, así en trajes como en actitudes, unos blancos y otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanando y otros enfermos, unos naciendo y otros muriendo, etcétera”. (EE. 106) De la misma manera, nos invita a comparar lo que dicen las personas en la tierra, muchas veces hiriendo a los demás con las palabras, a diferencia de las personas divinas, quienes dicen “hagamos la redención del género humano”. (EE. 107) Contemplamos esto al mismo tiempo que el encuentro del ángel con María, en dónde ella responde con un valiente y confiado “sí”, que permite que el plan divino se lleve a cabo. (EE. 108)
En diciembre del año pasado tuve la oportunidad de pasar tres semanas en la ciudad de Tapachula, Chiapas conociendo el trabajo de dos organizaciones que apoyan a los solicitantes de refugio en nuestro país: el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) y el albergue Hospitalidad y Solidaridad. El tema del refugio en México es bastante complejo. Tan sólo en 2021, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) recibió 131,448 solicitudes de refugio [2]. Además del número de solicitantes, la pandemia de Covid-19 ha propiciado que los trámites sean más tardados de lo normal, lo que ha ocasionado que la situación en el país esté rebasada.
Visitar Tapachula me permitió contemplar, de primera mano, lo propuesto en los Ejercicios Espirituales. Uno camina por las calles y puede encontrarse con “diversidad de personas” de varias culturas y nacionalidades: haitianos, colombianos, nicaragüenses, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos o venezolanos con historias muy distintas entre sí. Al escucharlos, me encontré con familias que ya tienen el estatus de refugiados y van agradecidos pues “pueden caminar en paz por las calles”, a diferencia del miedo que sentían en algunos países de los que huyeron debido la xenofobia. Pude conocer niños, hijos de migrantes que nacieron en suelo mexicano y escuché sobre las vidas que han quedado en el camino. Hay cientos de personas ayudando por medio de diversas organizaciones, pero también hay víctimas de trata o extorsión.
Respecto al trato a los refugiados, hay palabras de aliento y bienvenida y hay palabras desalentadoras de aquellos, tomando un fragmento de un poema de Benjamín González Buelta, SJ:
– que sólo ven en el pobre una mano que mendiga
y no una dignidad indestructible que busca la justicia;
– que sólo ven en los numerosos niños marginados una plaga
y no una esperanza para todos que hay que cultivar:
– que sólo escuchan en los gritos de los pobres caos y peligros
y no oyen la protesta de Dios contra los fuertes;
– que sólo contemplan lo sano, bello y poderoso
y no esperan salvación de lo más bajo y humillado […] [3]
Y aunque pareciera un ambiente un tanto desolador, en Tapachula me topé con muchas personas que, como María, han dicho “sí” y entregan su vida, dones, estudios y cualidades a servir a los que necesitan ayuda en esta situación concreta. Abogados, psicólogos, religiosos, médicos, profesores, artesanos, todos y todas tienen algo que aportar. Ver la entrega de tanta gente en su trabajo que, más allá de dar asesoría o cumplir un horario, busca hacer sentir bienvenido al que toca a la puerta, me llena de esperanza pues, con ayuda de estos hombres y mujeres, la Trinidad sigue “haciendo redención” y construyendo el Reino de Dios en la Tierra.
Durante mi experiencia en esa ciudad fronteriza pude conocer a varios niños y niñas que, sin entender lo qué estaba pasando, reían, jugaban y se divertían con las cosas sencillas de la vida, aun cuando no deberían vivir lo que viven. Me enterneció escuchar a unos niños que estaban muy contentos porque podían ir a la escuela y, al hacer un dibujo de ella, pintaban con orgullo la bandera de México. Ellos son el futuro y signo de esperanza y gracias a muchos hombres y mujeres comprometidos con la vida, los niños pueden hacer valer su derecho a la educación.
En la experiencia espiritual de los Ejercicios Espirituales, después de contemplar la Encarnación, Ignacio de Loyola nos invita a contemplar el Nacimiento de Jesús (EE. 110-117). Tuve la fortuna de poder pasar la Nochebuena en el albergue Hospitalidad y Solidaridad y, después de lo relatado hasta ahora, puedo asegurar que Jesús se sigue encarnando y viene a recordarnos que, en el camino por un mundo más justo y fraterno, no estamos solos; que Dios no es ajeno a nuestras penas y dolores; y que mostramos su amor cada vez que damos de comer al hambriento, de beber al sediento u hospedamos al migrante, pues en ellos, está Él. (Mt. 25, 31-ss.)
Aquella Navidad, algunos de los que estaban alojados en el albergue escribieron sus deseos para el año entrante. La gran mayoría de ellos no pedían cosas superfluas, sino lo esencial para sus vidas: paz, salud, tranquilidad y bienestar para sus hijos y familias. Que en este inicio de año nuestro Padre-Madre Dios nos conceda “conocimiento interno del Señor que por nosotros se ha hecho hombre, para que más le amemos y le sigamos”, (EE. 104) reconociendo lo realmente importante y siendo hospitalarios y solidarios con quien hoy lo necesita.
2. Maritza Pérez, “Solicitudes de refugio rompen récord”, en El Economista, México, 03 de enero de 2022, en línea: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Mexico-cerro-2021-con-cifra-record-en-el-numero-de-solicitudes-de-refugio-Comar-20220103-0067.html
3. Benjamín González Buelta, “El bienestar de la apariencia”, en Salmos para sentir y gustar internamente. Una ayuda para la experiencia de los Ejercicios Espirituales, versión en línea: http://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2011/12/Salmos-para-sentir-y-saborear-las-cosas-internamente.pdf
4] Cfr. Francisco, Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2015, https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
5] Benedicto XVI, Mensaje Del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2013, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 12 de octubre de 2012. En línea: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/messages/migration/documents/hf_ben-xvi_mes_20121012_world-migrants-day.html