Ana Izquierdo y Jorge Guerrero llegaron a las semifinales de la edición 30 del Inter–American Human Rights Moot Court, una competencia internacional organizada por la American University en Washington, D.C., en la que se simulan audiencias ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos
Diez mujeres procedentes de la República de Aravania fueron víctimas de trata de personas y explotación laboral en los campos de cultivo de aerisflora en Lusaria. Ambos países serán llevados ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Lo anterior es un resumen del caso hipotético que sirvió como eje central en la edición 30 del Inter-American Human Rights Moot Court Competition, un concurso internacional organizado por la American University en Washington, D.C.
Este concurso es parte de los métodos de enseñanza de la licenciatura en Derecho en el que el ITESO ha participado en más de diez ocasiones. Jorge Guerrero y Ana Izquierdo son el segundo equipo de ITESO, de forma consecutiva, en llegar a las semifinales de esta competencia trilingüe que consiste en una simulación de audiencias ante la Corte IDH. En ellas, los participantes analizan y representan a las partes en un caso ficticio basado en problemáticas actuales. El tema de este año: “Trata de personas y derechos humanos”.
“Si bien este caso no es real, tiene aspectos similares a otros que sí han sucedido […] por ejemplo, del caso del Campo Algodonero (Caso González y otras vs. México)”, añade Guerrero.
¿Abogar por el Estado?
Cada edición del concurso presenta nuevos retos, y la número 30 no fue la excepción. Para conmemorar su aniversario se estableció una dinámica especial: los equipos no sólo representarían a las víctimas, como era habitual, sino también la defensa de los Estados acusados. Esta dinámica obligó a los participantes a construir argumentos desde perspectivas opuestas, lo que enriqueció su análisis jurídico y fortaleció su capacidad de argumentación.
“Te gusta estar del lado de la víctima. Sobre todo, en un caso como este, quieres que tu personaje, aunque sea ficticio, reciba justicia […] A lo largo de nuestra investigación nos dimos cuenta de que es muy difícil que un Estado gane un caso”, menciona Ana.
Explica que, para que un caso llegue a la Corte IDH, primero deben agotarse todos los recursos legales disponibles en el país donde ocurrieron los hechos. Si la persona afectada no obtiene justicia, puede presentar su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que emite un informe con recomendaciones al Estado. Si estas no se cumplen, el caso se remite a la Corte, que actúa como instancia judicial internacional para determinar si hubo violaciones a los derechos humanos y, en su caso, ordenar medidas de reparación.
Aunque al principio les resultaba incómodo “negar justicia a las víctimas”, como lo describe Izquierdo, lograron ganar dos audiencias en defensa del Estado. Con ello, comprendieron que conocer a fondo las estrategias de ambas partes no solo amplió su perspectiva, sino que les permitió anticipar argumentos contrarios, como cuando se prevé el siguiente movimiento en una partida de ajedrez.
“Aprender a hablar en público, controlar tus nervios durante las audiencias… todo valió muchísimo la pena. También nuestro coach, Edgar Ayón es un excelente maestro que nos a acompañó en todos los momentos”, dice Izquierdo.
Construir una defensa
Aunque la competencia se celebró del 19 al 23 de mayo en Washington, D.C., Jorge y Ana comenzaron su preparación desde el año anterior. Fueron seleccionados tras superar dos rondas internas en el ITESO. Así, comenzaron un proceso intensivo de análisis e investigación para redactar los memoriales de ley que presentarían durante las audiencias.
“Es algo impresionante. Cada párrafo de tu argumentación debe estar respaldado con citas. Eso implica recolectar una enorme cantidad de información, leer todos los casos y analizar cómo encajan en tu línea argumentativa. Es muy pesado, más aún cuando lo combinábamos con la escuela y el trabajo. Era como tener un tercer empleo”, recuerda Izquierdo.
La complejidad del caso tuvo múltiples retos. Revisaron extensas sentencias de la Corte IDH y complementaron su análisis con la jurisprudencia de otros sistemas internacionales, como del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. El caso abordaba temas poco explorados como la inmunidad diplomática (que protege a ciertos funcionarios de ser juzgados), y la posibilidad de responsabilizar a un Estado por violaciones a los derechos humanos cometidas fuera de su territorio.
Durante las audiencias tuvieron la oportunidad de conocer las propuestas de los 70 equipos participantes. “Fue muy interesante ver cómo otros equipos con el mismo caso resolvían la postura de una manera completamente diferente”, comenta Izquierdo. Por su parte Guerrero señala que: “también era padre ver cómo otros que pensaban lo mismo […] incluso la misma jurisprudencia […] Me los imaginaba en otros lados del continente o del mundo leyendo lo mismo que yo”.
Formación con impacto
Para Jorge y Ana, el viaje a Washington y los meses de preparación representaron un parteaguas en su formación y en la manera en que visualizan su futuro. “Me di cuenta de que es algo a lo que me gustaría dedicar mi vida […] No se me ocurre algo mejor que ejercer el derecho para restituir algo dentro del sufrimiento que la gente ha padecido […] Una sentencia puede cambiar la vida de las personas”, comparte Izquierdo. Por su parte, Guerrero destaca que la experiencia le permitió fortalecer sus habilidades de investigación y aplicar eso conocimientos en el ámbito profesional.
FOTO: Luis Ponciano

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