El ITESO celebró el Día de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas con una conferencia sobre legado y trascendencia. Además, entregó reconocimientos a algunas iniciativas que destacan por sus buenas prácticas en la construcción de una sociedad más justa
En México, alrededor de 90 por ciento de las empresas son de carácter familiar de acuerdo con la Secretaría de Economía. Sin embargo, la consultora KPMG calcula que la esperanza de vida para esos negocios es la mitad de los 50 años que vivirán las corporaciones gestionadas de manera institucional. La transición entre generaciones es uno de los momentos críticos para las iniciativas familiares. Entonces, la clave para la trascendencia es la transmisión de propósitos, valores y conocimientos construidos a lo largo de los años.
“No se hereda lo que se guarda, se hereda lo que se enseña a transmitir”, compartió José Antonio González Isunza durante la celebración del Día Internacional de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyME) en la Casa ITESO Clavigero, organizado por el Centro Universidad Empresa (CUE) de la Escuela de Negocios ITESO.
González, con su experiencia como alto ejecutivo, consultor en GI Potenciadora de Negocios y académico en la Universidad Autónoma de Guadalajara, compartió algunas rutas imprescindibles para que las empresas familiares tengan éxito al renovar sus gestiones.
El primer apunte del conferencista fue que, a diferencia de otros procedimientos en los que se busca mayor productividad y objetividad, en las transiciones generacionales hay que atender procesos emocionales. Por lo tanto, hay que buscar un equilibrio entre la institucionalización y los acuerdos amables que se adapten a la experiencia empírica del negocio. “Si no hacemos que sea vivencial para la familia, va a ser como un reglamento que está bien escrito, pero nadie respeta”, agregó el experto.
Hay cuatro pilares para que la transcendencia empresarial sea exitosa, y el primero tiene que ver con el gobierno corporativo. Ahí, González incluyó la separación del patrimonio familiar y del negocio, la definición de roles ―y no solo puestos―, la creación de un protocolo familiar para delimitar quién puede hacer qué y la constitución de un órgano de gobierno como mínimo viable. Este último puede ser un consejo consultivo pequeño, pero que permita tomar decisiones colegiadas.
También es fundamental que el dueño o fundador comparta sus conocimientos en procesos documentados y, de ser posible, establecer un mandato en el que los accionistas dejen claro lo que esperan de la empresa. “¿Cómo desarrollas los mandos medios? Para eso viene el primer esquema que se llama mandato”, explicó González.
El tercer y cuarto pilar son el plan de sucesión y los puentes generacionales. El plan comienza, idealmente, por un diagnóstico honesto sobre la dependencia que la empresa tiene del dueño, la identificación de un relevo adecuado y su formación. Por otro lado, la colaboración entre personas de diferentes edades es clave para aprovechar lo mejor de la experiencia en manejo de crisis, la visión a largo plazo y la innovación, la comprensión de las tendencias y la automatización. “Las empresas que trascienden no eligen entre experiencia y juventud, construyen un puente donde ambas se necesitan mutuamente”, recomendó el conferencista.
La ruta para poner en marcha todas estas estrategias implica tres fases y se extiende de tres a cinco años de acuerdo con José Antonio González. Los primeros 90 días se dedican al diagnóstico y orden de la información; al cumplir el primer año la meta gira en torno a la estructura y la delegación de tareas; y en última instancia llega el plan de sucesión formalizado con sucesores que ya han practicado en la toma de decisiones reales. Todas las sugerencias deben adaptarse a las particularidades de cada empresa, aunque la meta siempre es reducir las dependencias e impulsar a la familia empresaria a que tome las mejores decisiones para preservar su legado.
El galardón de alto impacto social
El ITESO celebró el Día Internacional de la MiPyME 2026 en el marco de la conmemoración instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas cada 27 de junio. Para esta edición, la universidad orientó su programa hacia el legado y la trascendencia porque, en palabras de Rosario Imelda Rojas, directora del Centro Universidad Empresa (CUE), se vinculan directamente con “el propósito con el que decidimos realizar nuestro trabajo y del impacto que generamos en otras personas”.
La conferencia José Antonio González formó parte de la apuesta formativa de la jornada, pero esta también estuvo dedicada a celebrar a las empresas que recibieron un galardón o una mención honorífica por su impacto social. Liviant fue el proyecto que se llevó el máximo reconocimiento por “transformar una experiencia familiar vinculada al cuidado de la salud en una solución alimentaria innovadora, accesible y con sentido humano”.
Liviant es una empresa que desarrolla y comercializa alternativas de endulzado, formuladas con alulosa y otros ingredientes de origen natural. Bajo el lema de “azúcar sin calorías”, sus productos se venden a través de una tienda en línea, supermercados y se han integrado en distribuidores especializados, heladerías, panaderías y reposterías. “Cada cucharada representa la convicción de que cuidar la salud no debería significar sacrificar el placer de disfrutar los alimentos que amamos”, dijo la empresa al recibir el Galardón a la Empresa con Alto Impacto Social.
También hubo un reconocimiento para FCEO, empresa dedicada al diseño y fabricación de componentes electromecánicos; para Element Alliance, donde ofrecen servicios de ingeniería; y una mención honorífica para Comercial Automotriz Meza.
FOTOS: Zyan André
