Se cumplen 20 años desde que el INBAL declaró la finca como un Monumento Artístico de la Nación. Quienes han trabajado en la conservación y revitalización del centro cultural se reunieron para celebrar y recorrer su pasado, presente y futuro

El 9 de septiembre de 1999, en un proceso de vanguardia tecnológica, el ITESO compró una casa vieja. No fue una contradicción, sino la elección cuidadosa de un inmueble artístico que, precisamente, expresa modernidad a través de la tradición, según la mirada de expertos como Dolores Martínez, subdirectora general de patrimonio artístico inmueble del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) e Ignacio Gómez Arreola, quien ha trabajado como consultor especialista de la UNESCO en patrimonio mundial.  

Se trata de la que era, hasta entonces, la casa de la familia de Efraín González Luna, ubicada en la Calle del Bosque — hoy llamada Calle José Guadalupe Zuno en la Colonia Americana y construida por Luis Barragán Morfín, el mayor representante de la Escuela Tapatía de arquitectura.   

Desde su creación en 1928 hasta hoy, como Casa ITESO Clavigero, mucho de la finca se ha transformado: el predio donde había una huerta de limas se convirtió en una alberca y luego en la terraza para eventos culturales; la cancha de frontón ahora es parte de la cafetería; y las recámaras, biblioteca y cocina son salas de exposición. Pero la esencia, las técnicas constructivas y los materiales se han conservado para hacer del inmueble un “patrimonio para disfrutar”, como dice Ignacio Gómez.  

Hace 20 años el INBAL decretó la Casa ITESO Clavigero como Monumento Artístico de la Nación debido a su valor histórico y cultural para la identidad de Guadalajara y México. Por eso, este 7 de mayo de 2026, quienes trabajaron para revitalizar el espíritu de la finca y asegurar su permanencia se reunieron en ella para celebrar.  

Carlos Petersen, arquitecto y miembro de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, fue uno de los invitados especiales. Luego de que el ITESO compró la casa, él formó parte del subcomité encargado de las obras de adecuación conservación y restauración para convertirla en un espacio cultural.  

Petersen recuerda que la universidad acababa de pasar por una reforma académica que dio vida a los departamentos de estudios y también al Metaprograma de Articulación y Difusión Cultural a cargo de Raúl Fuentes Navarro. Para cumplir con su encargo, él y su equipo estaban seguros de que era necesario que habitar una finca ubicada en el interior de Guadalajara, contrario al campus universitario, que entonces estaba en las afueras de la ciudad. 

Luego del proceso de selección y la compra se dedicaron a renovar la casa bajo una serie de principios orientadores. Entre ellos, que se trataba de una intervención a una casa de valor patrimonial proyectada por Luis Barragán; que cambiaban el uso habitacional a un uso institucional; que la obra debía ser un referente pedagógico de “desarrollo sin destrucción»; y que la restauración debía hacerse con los materiales y las técnicas originales. 

Se realizaron estudios de laboratorio para conocer y replicar la composición química de los enjarres y pinturas originales; pruebas técnicas para igualar el enjarre hecho a mano; las nuevas instalaciones eléctricas e hidráulicas se instalaron en los muros exteriores para no modificar los interiores; y otras acciones de cuidado que permitieron la apertura de la casa al público en 2001 y, posteriormente, la declaratoria del INBAL.  

Para Dolores Martínez, la reconfiguración de inmuebles como la Casa ITESO Clavigero—que nacieron para un uso habitacional en búsqueda de privacidad y confort— es un acierto y una estrategia clave para la conservación integral. En dichos procesos hay una tensión constante entre adaptación y preservación, pero “es tan noble la arquitectura del siglo XX […] que la creatividad de un equipo integral hace posible una buena operación, manejo y mantenimiento de una revitalización como la que ahora disfrutamos”, aseguró durante el evento. 

La clave del éxito para la rentabilidad económica y la conservación patrimonial radica, entonces, en una simbiosis entre inversión privada y supervisión de autoridades locales y federales; siempre y cuando los primeros no evalúen su participación como una simple operación inmobiliaria, sino como una corresponsabilidad para salvaguarda de la herencia cultural. 

“Desde sus inicios como centro cultural, (la Casa ITESO Clavigero) realiza sus funciones con base en la preservación del legado jesuita, la reflexión sostenida acerca de la existencia de la ciudad y, desde luego, la exploración, la difusión y la conservación del patrimonio”, dijo Martínez en reconocimiento de la tarea de preservación que realiza el ITESO desde que cruzó su camino con la obra de Barragán.  

Una casa de valor para el mundo 

En un par de años el recinto cultural se convertirá en un monumento centenario con un camino prometedor por delante. Durante el evento de aniversario, el restaurador Ignacio Gómez Arreola se dedicó a reflexionar sobre una de las oportunidades más interesantes para el futuro de la casa, la de integrarse en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). 

En México hay 37 sitios que ya forman parte de esa clasificación de objetos de valor universal excepcional para toda la humanidad. Según Gómez Arreola, la Casa ITESO Clavigero puede formar parte de ella por su ingeniosa armonización entre sistemas constructivos innovadores y la aplicación de saberes tradicionales de artes y oficios.  

“Ahorita a lo mejor un maestro de obras ya no sabe hacer un buen aplanado (como el de los muros de la casa), o lo hace y va a durar solo cinco años, porque no hay un buen oficio; artes y oficios de la construcción”, explicó el arquitecto perito del Instituto Nacional de Antropología e Historia.  

Pero un factor aún más importante para tomar en serio la postulación de la finca es que la Casa Estudio de Luis Barragán forma parte de la lista de la UNESCO desde 2004. Cuando esta obra en la Ciudad de México obtuvo el reconocimiento por “sintetizar pasado y presente” y por su impacto en el paisajismo urbano, el organismo internacional recomendó extender la inscripción del trabajo del arquitecto a través de otros de sus proyectos edificados.  

“Aquí hay un nicho, la posibilidad para que esto siga avanzando, como lo ha hecho desde su restauración y su gestión exitosa, y lo que esta casa puede representar en un contexto amplio, no solo a nivel de la ciudad o de la nación, sino del mundo entero”, aseguró Gómez Arreola.  

Antes de continuar la celebración con un brindis, los panelistas recordaron a todas aquellas personas que hicieron posible que la finca se convirtiera en la ventana del ITESO hacia la ciudad. Entre ellos David Fernández Dávalos, SJ, Salvador Ibarra Álvarez del Castillo, Carlos Luna, Cristina Romo, Rossana Reguillo y muchos más. 

 

FOTOS: Zyan André y Roberto Ornelas