Durante la celebración del decimoquinto aniversario de la Ingeniería en Nanotecnología, egresados y autoridades académicas hicieron un recuento de los logros y los retos que hicieron posible su consolidación

Hace 15 años, apostar por nanotecnología, significaba entrar a un territorio emergente e interdisciplinario. Un campo en el que “entender y manipular la materia a escalas cada vez más pequeñas”, permite enfrentar desafíos en salud, energía y medio ambiente. Esta apuesta se logró gracias al trabajo colectivo de profesores que abrieron líneas de investigación, personal técnico que levantó y cuidó los laboratorios, estudiantes que eligieron una carrera desafiante, y egresados que llevaron sus conocimientos a la industria y a centros de investigación. Así lo narró David González, profesor del Departamento de Matemáticas y Física (Dmaf) (en representación de Juan Martínez, director del departamento, durante la inauguración de la celebración con motivo del décimo quinto aniversario de la licenciatura en Ingeniería en Nanotecnología 

Después de su intervención se presentó un video. En él, estudiantes de distintos semestres, egresados (incluso sus familiares) y profesores, celebraron el hito al compartir sus experiencias y consejos a los alumnos actuales. “Lo que más me gusta de las y los estudiantes […] es que tienen la habilidad única de descomponer un problema hasta sus partes invisibles para poder manipularlo, analizarlo y modificarlo […] Mi consejo es que tengan la capacidad de adaptarse a un entorno que cambia a una velocidad sin precedentes”, dijo Daniel Ortiz, profesor del Dmaf en esta grabación.  

Una búsqueda colectiva del conocimiento  

El panel histórico fue moderado por Elsie Araujo, coordinadora de la carrera, en compañía de José Quiñones, profesor de la Universidad de Guadalajara (UDG), Ramón Barajas-Barraza, jefe de laboratorios y talleres, y Ettore Vassallo, profesor, ambos del Dmaf. Conversaron sobre los orígenes del programa, la conformación de sus laboratorios, las primeras alianzas con la industria, las reestructuraciones curriculares y las expectativas para los próximos años.  

Ramón Barajas explicó que, en 2010, el sector productivo buscaba ingenieros capaces de explicar por qué algo fallaba en un proceso y de proponer múltiples soluciones. Era el boom global de la nanotecnología, dijo. El ITESO apostó por un programa que permitiera a sus alumnos utilizar equipos especializados. “Nanotecnología en el ITESO es la única […] a nivel licenciatura […] que deja que los chicos operen equipos”, recordó Barajas.  

El camino, sin embargo, no fue sencillo. Un ejemplo de ello fue la experiencia que compartió Vassallo, quien, al coordinar el laboratorio, encontró equipos apagados o dañados. Se dio a la tarea de recuperarlos para que el estudiantado pudiera acceder a ellos: “Los alumnos no podían entrar a ningún lado […]  me tocó participar en destrabar eso”. Luego vino la pandemia, y con ella el desafío de “pasar de una carrera experimental a una […] virtual”. Otro reto (que sigue vigente) es la constante actualización del plan de estudios, ante el veloz avance de la tecnología.  

Por otro lado, Quiñones compartió en el ITESO encontró estudiantes con muchos conocimientos en cuántica, una “curiosidad natural” y colaboración. Esto impacto en su forma de dirigir proyectos y hasta en cómo hace investigación. Resaltó la motivación de los alumnos por avanzar en equipo. “Ese trabajo colaborativo se fomenta desde […] sus primeros semestres […] Trabajan por empatía”, apuntó.   

Elsie invitó los panelistas a imaginar cómo sería la carrera dentro de 15 años. Coincidieron en que tendrá un papel crucial en la búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles, en el desarrollo de materiales más eficientes y en innovaciones médicas capaces de responder a enfermedades que hoy ni siquiera existen. También señalaron que el avance acelerado de la inteligencia artificial (IA) incidirá de forma directa en la disciplina. Sin embargo, recordaron que la IA puede fallar incluso en problemas simples, que debe usarse con criterio y que los futuros ingenieros deben anclar su trabajo en la ética y en la experiencia humana. La tecnología no debe desplazar lo que nos hace capaces de interpretar, cuestionar y decidir. “No puede sustituir al pensamiento”, concluyó Quiñones. 

 

FOTO: Luis Ponciano