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Somos para el mundo

Somos para el mundo

La red internacional de escuelas jesuitas tiene un eje común: educar para transformar la realidad a una más justa y digna. Tú eres parte del proyecto educativo más grande del mundo, conócelo. 

POR ERIKA TORRES

Pamplona, España, 20 de mayo de 1521: un soldado llamado Íñigo López, “con el grande y vano deseo de ganar honra”, según narraría en su autobiografía, defiende Pamplona del asedio de los franceses. Cae la ciudad y con ella Íñigo, a quien una bala de cañón le quiebra totalmente una pierna y le deja malherido.

Guadalajara, México, 24 de febrero del 2020: Seguramente lees estas líneas desde algún sitio del ITESO, una de las 827 escuelas confiadas a la Compañía de Jesús – entre universidades, colegios, Centros Educativos Fe y Alegría, y proyectos y centros de SJR -, fundada por ese soldado que buscaba triunfar en la corte o en la milicia… pero se lastimó la rodilla.

No tenemos más páginas para contarte todo lo que sucedió a partir de ese accidente – hace casi 500 años -, pero te adelantamos que fue el parteaguas para la fundación de la obra educativa más grande de la historia: la de la Compañía de Jesús que cobija al ITESO. Te invitamos a que nos acompañes en un recorrido exprés para conocer el aspecto educativo de la Compañía e involucrarte en él de manera profunda.

Ignacio, un Quijote de la fe y la educación

Tenemos a un soldado convaleciente sin televisión ni Internet. ¿Cómo se entretuvo en lo que sanaba? Pues leyendo lo que tenía a la mano: un libro de la Vida de los Santos y una Vita Christi, cuyas historias le fueron llevando de querer servir a “una Señora de no vulgar nobleza”, a la manera de Don Quijote y tantos otros caballeros de la época, a ponerse al servicio de Dios y entregarse a Él completamente.

Pasada su convalecencia emprendió muchos viajes a pie por Europa. Uno de ellos fue a Jerusalén, con la idea de ponerse al servicio de la iglesia y pensando en ir a la universidad y estudiar para obtener el conocimiento que le facilitaría realizar su proyecto.

Pequeño detalle: La carrera de armas lo había alejado de aspectos tan básicos como aprender a leer y a escribir bien, así que a sus 30 años se metió a una escuela para aprender gramática junto a las niñas y niños.

Al tiempo que estudiaba, predicaba, lo que no era bien visto por la Inquisición. Lo regañaron, persiguieron y encarcelaron. Pero, convencido de que Dios lo guiaba, partió, solo y a pie, a Francia, a la Universidad de París, donde permaneció siete años y conoció a un grupo de “amigos en el Señor”, quienes se consagraron haciendo votos de pobreza y castidad, dispuestos a vivir por y para las almas.

Su decisión de ponerse al servicio del Santo Padre – Pablo III en aquella época – significaba que el grupo podría deshacerse si el Papa les enviaba a alguna parte del mundo, así que decidieron constituirse en orden religiosa – añadiendo el voto de obediencia -, para estar vinculados permanentemente aunque estuvieran físicamente separados. Es cuando Íñigo cambia su nombre a Ignacio, para hacerlo más universal. ¿Alguien dijo “marca personal”?

Amigo, date cuenta

Camino a Jerusalén en Manresa, España, tuvo su momento “Ignacio, date cuenta”. Entendió, luego de una lucha interna, que no lograría cambiar el mundo siendo el mejor santo de la historia, sino que la mejor obra para servir a Dios estaba en servir a los demás. Este fue el grano de mostaza que daría origen a al árbol de más de mil ramas que constituye el sistema de educación jesuita en el mundo.

La educación es la solución

Sus primeros trabajos como orden, inspirados por el propósito de “servir y amar a su Divina Majestad en todas las cosas”, los llevó a darse cuenta de que fortalecer la educación de la juventud les permitiría cumplir con ese cometido. Ignacio, que quería libertad de movimiento para ir a donde se les necesitara, no estaba a favor de desarrollar su labor desde una institución educativa pues pensaba que eso impediría su movilidad, pero los testimonios de los logros de sus compañeros terminaron convenciéndolo y así comenzaron a fundarse colegios en los que la educación era tomada como el medio apto para el desarrollo humano y espiritual.

Al momento de su muerte, en 1556, Ignacio había aprobado la fundación de 40 centros educativos. En 2020 somos 844 colegios y 202 universidades que constituimos la red de educación jesuita.

Un documento que unifica

El Ratio Studiorum (su nombre completo es Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Iesu, en español Plan oficial de estudios de la Compañía de Jesús), documento publicado el 8 de enero de 1599, describe las características de la educación global de la Compañía de Jesús. Es, podría decirse, el primer plan de estudios de las escuelas jesuitas, en el que se asienta una de las características que han permanecido inalterables a través del tiempo: Incidir en las problemáticas sociales para transformarlas.

Más que un auditorio

Uno de los primeros lugares del ITESO que te recibe y el que te despide al finalizar tus estudios es el Auditorio Pedro Arrupe, SJ, llamado así en honor de quien encabezó la Orden de 1965 a 1983. Este jesuita fue quien formalizó que nuestra universidad quedara confiada a la Compañía de Jesús, y quien estableció la unidad fe-justicia como misión en la Congregación General de la Compañía, en 1974.

Su sucesor, Peter Hans Kolvenbach, SJ, tomó la estafeta de esta misión, abonando a la visión de la universidad como el lugar privilegiado para la promoción de la justicia a largo plazo, ya que es a través de la educación que se logra influir en las y los profesionales del futuro.

En su discurso, impartido en 1990 en la Villa Cavalleti, en Roma, destaca que educación jesuita debía formar “hombres y mujeres para los demás”, con un modelo en el que se desarrollaran como personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas. Tiempo después la Compañía promovería estas características formativas, las 4C, como el objetivo último de su educación.

La labor educativa en nuestra casa de estudios sigue el camino iniciado hace 500 años por aquel ex soldado inspirado y por cuantos han allanado el camino para cumplir con su cometido de formar a las mejores personas para el mundo.

Estudiar en el ITESO va más allá de un prestigio laboral a posteriori, de una creencia religiosa, o de una “tradición de familia”: Es un espacio para convertirte en agente de cambio para lograr un mundo justo y digno para todas y todos. El ITESO te ofrece muchas alternativas para desarrollar esos aspectos, así que te invitamos a que los hagas tuyos, te transformes y cambies tu entorno, contagiándote del “virus jesuita”, como lo expresó el Papa Francisco, que te hace prestar atención a tu realidad y te impulsa a cambiarla.

¿Qué preferimos hacer como comunidad jesuita?

Las Preferencias Apostólicas Universales Jesuitas alinean las acciones tanto de integrantes de la Compañía de Jesús como de quienes formamos parte de las obras, colegios, universidades y misiones. Conócelas en voz del Padre Arturo Sosa, SJ, Superior General de la Compañía de Jesús:

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