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Le sonríe a la ensalada

Le sonríe a la ensalada

En su proyecto, Karla Sofía Jiménez, egresada del ITESO, apuesta a una forma de alimentación para contrarrestar la desconexión entre nuestro cuerpo y la percepción de lo que comemos.

A los quince años, Karla Sofía Jiménez Bojorquez decidió cambiar su alimentación a una vegetariana. Fue un cambio fuerte, dice, porque a esa edad, estaba todavía fortaleciendo aspectos de su personalidad y sus planes a futuro.   

“Me di cuenta que necesitaba acompañamiento: alguien que me dijera cómo hacer este cambio de alimentación de la manera adecuada, cómo sustituir proteínas de origen animal, y fue así como tuve el primer contacto con una nutrióloga y aprendí de cómo es este acompañamiento”.  

Su interés creció, porque aplicaba a su vida durante tres comidas diarias, y sin darse cuenta, plantó la semilla para convertirlo en su carrera. La decisión llegó hasta el penúltimo semestre de bachillerato, cuando se enteró de que la carrera de Nutrición y Ciencias de los Alimentos abriría en el ITESO.   

Además, se enteró de que su preparatoria (la número 5 de la UdeG) tenía un convenio para obtener una Beca de Excelencia Humana, la cual el ITESO ofrece entre estudiantes que han trabajado por su comunidad y en proyectos sociales. Ella obtuvo una del 50 por ciento y otra compañera suya se inscribió a la carrera de Arquitectura con el otro 50 por ciento. 

“Nos fuimos las dos al ITESO con 50/50, y fue muy bonito. Dato curioso: las dos siempre estuvimos metidas en estas cosas, y en el último año de carrera, fuimos presidentas de la sociedad de alumnos de nuestras respectivas carreras. Fue chido también compartir ese tiempo”.  

Karla fue parte de la tercera generación de Nutrición y Ciencias de los Alimentos. Admite que fue un salto de fe, ingresar a una carrera nueva.   

“Este enfoque comunitario me ganó el corazón desde siempre, y las instalaciones, las actividades fuera de clases; el saber que el enfoque jesuita tiene sus tintes religiosos, obviamente, pero que van mucho más allá de eso: es el apoyo a comunidades, a proyectos sociales dentro de los planes académicos me pareció siempre algo increíble”.  

Además, le tocó estrenar consultorios, la cocina, las máquinas de estimación de composición corporal, formarse con maestras y maestros jóvenes, con ideas frescas dentro de la nutrición, que fueron parte de su recompensa por apostar por el ITESO.  

El enfoque social de la nutrición 

Cuando recién ingresó a la carrera, tenía claro el área clínica de la profesión. “Este enfoque de bata blanca, consulta, báscula y sonríele a la ensalada”, bromea.   

“Y algo que me pareció muy padre del mapa curricular de la carrera es que tiene un poco de todo: sí te enseña lo clínico, sí ves el acompañamiento nutricional en adulto sano, en pacientes con enfermedades o con niños.   

“Pero también vimos políticas de alimentación, salud pública, e hicimos trabajo de campo, donde nos tocó ir a hacer talleres a escuelas y comunidades”.  

Asegura que la currícula y el profesorado da todo el apoyo para darles a los alumnos un panorama muy amplio de lo que pueden hacer al egresar de la carrera, como servicios de alimentación, investigación, tecnología de alimentos, entre otras áreas que complementan la de consultoría clínica.  

Uno de sus Proyectos de Aplicación Profesional (PAP) consistió en mudarse San Pancho, Nayarit durante dos meses y trabajar en el Centro Comunitario Entreamigos. Fueron dos estudiantes de Nutrición y Ciencias de los Alimentos, dos estudiantes de Ciencias de la Educación y una estudiante de Psicología, para armar un grupo interdisciplinario que pudiera detectar las necesidades de alimentación.  

“Fue mucho trabajo de campo: entrevistar a profesores, trabajar con los papás, tomar testimonios de los niños; y todo esto para poder hacer talleres y actividades puntuales que les fueran de utilidad en su contexto”.   

“Este enfoque comunitario me ganó el corazón desde siempre, y las instalaciones, las actividades fuera de clases; el saber que el enfoque jesuita tiene sus tintes religiosos, obviamente, pero que van mucho más allá de eso: es el apoyo a comunidades, a proyectos sociales dentro de los planes académicos me pareció siempre algo increíble”. 

Nutrición y un poco de audiovisual 

Su primer empleo fue en ese centro comunitario, recién egresada de la carrera. Después, fue contactada por una nutrióloga en Bogotá para trabajar en un centro de nutrición.  

En la carrera, solía trabajar haciendo material didáctico para los diplomados de Nutrición en el ITESO, y estas herramientas audiovisuales y prácticas le permitieron realizar su labor en Colombia, durante 2019. “Nos adelantamos un poco a la virtualidad en ese centro, porque ya desde entonces se hacían cursos y diplomados en línea, y seminarios web con expertos a distancia. Ahí fortalecí mucho esta parte de creación audiovisual y habilidades en community management”.  

Allá en Bogotá comenzó también a realizar consultas para alimentación basada en plantas. Pero el aumento de casos de covid-19 en el mundo comenzaron a llegar a Colombia, y decidió regresar a México antes de que comenzaran los cierres de fronteras y encierros para aplanar la curva.  

Así que, de regreso a casa, fue admitida en la Maestría en Nutrición Poblacional del Instituto Nacional de Salud Pública, y es en este momento su enfoque profesional principal.  

Alimentación intuitiva y basada en plantas   

Aunque le fascina realizar consultas personales, admite que le cuesta trabajo el solo dar unos cuantos minutos a cada paciente, y no concibe cómo dar un acompañamiento de 20 minutos por semana; no porque considere que no es efectivo, sino porque le encanta conectarse con las personas.  

Esta fue una de las tantas razones por las que comenzó con el proyecto de comunicación No me gusta la lechuga, una cuenta de Instagram (@nomegustalalechuga) en la que comparte al mundo qué es la alimentación basada en plantas.  

“No es lechuga con limón; no es desnutrición, anemia y perdición; es algo que puede ser súper integral, viable para tu vida diaria, barato y sencillo”.   

Pero al abrir esta cuenta, y vincularse con más colegas de Colombia, Perú y otros países, encontró otro enfoque nuevo: el de la alimentación intuitiva, la alimentación perceptiva; de neutralidad corporal, más que positividad corporal.   

Este estilo de alimentación, explica Karla, plantea que cada persona tiene la posibilidad de regular su propio apetito. El cuerpo te manda señales de lo que está bien, lo que necesitan, y va en contra de la concepción de que el nutriólogo sabe exactamente y todo el tiempo lo que tu cuerpo necesita. Y se asemeja con el body positive, pero no es exactamente igual.  

“El movimiento body positive te dice, ‘¡no! Ámate tal cual eres, no importa, ama tus defectos’. Y hay personas que tenemos, o que tienen, una historia tan complicada con la relación con su cuerpo, que les cuesta y piensan, ‘a ver, las otras personas pueden amarse y me están pidiendo que yo me ame; pero no puedo’. Y entonces, en lugar de convertirse en motivación, puede convertirse en algo tóxico.  

El movimiento de body positive es muy bueno, pero no para todo mundo, explica. “Hay gente que dice, ‘no puedo, llevo 15 años de mi vida odiando mis piernas, no me pidas que de un día para otro las ame’. Y hay que darle este giro en el que aceptemos que las personas tienen una historia complicada con la percepción de algunas partes de su cuerpo que no les gustan.   

“Podemos llegar a un punto de neutralidad, en el que te permitas estar, aceptar tu cuerpo. Por la función que tiene, por fletársela todos los días: por correr, por bailar, por subir, por bajar. Y permitirte estar. No decirte, ‘wow, me amo’, pero dejar de hacerte daño, recriminarte cada vez que te ves en el espejo… llegar a este punto en el que esta tolerancia a tu cuerpo, poco a poco, se convierta en amor. Solo sin forzarlo, para que no se vuelva contraproducente”.  

Ella le apuesta a esta forma de alimentación para contrarrestar la desconexión entre nuestro cuerpo y la percepción de lo que comemos.   

“Esto pasa por las prisas del estilo de vida, las dietas restrictivas, el miedo a subir de peso, y lo que hace es un acompañamiento sin poner dietas restrictivas: te va guiando para que puedas reconectar con las señales que te indica tu cuerpo, para que puedas saber cómo se ve un plato balanceado, qué alimentos debes preferir; pero el cuánto, cómo y cuándo, lo decides tú”.  

Quienes estudian Nutrición y Ciencias de los Alimentos en el ITESO adquieren una formación integral que abona a diversos campos, de manera que podrán ayudar a modificar conductas alimentarias en la población, y contribuir a mejorar sus estilos de vida de manera saludable.

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Sobre el Autor

Adriana López Acosta

Adriana López-Acosta Sandoval es egresada de Ciencias de la Comunicación del ITESO y colabora con historias y entrevistas bien contadas en CRUCE y en otros medios locales. Es periodista, artista y música profesional. Búscala en Spotify y Medium como "Agris" y procura tener pañuelos a la mano, pues puedes echarte a llorar.

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