La Coordinación de Acompañamiento para la Excelencia Académica (CAXA) cuenta con un programa piloto para la atención de alumnos con alguna condición de neurodiversidad; se trabaja en la creación de protocolos para atender casos de dislexia, dispraxia, espectro autista, discalculia y TDAH

Fue en 1998 cuando la socióloga y activista australiana Judy Singer introdujo el término neurodiversidad, un concepto que tiene una fuerte carga política al integrar la lucha por los derechos humanos de las personas con condiciones relacionadas con formas distintas de percibir la realidad. En esa época comenzaba además a impulsarse la noción de que el autismo no es una discapacidad ni una condición que deba hacer que las personas vivan segregadas, sino que es otra forma de procesar la vida.  

A partir de ahí, una nueva mirada ha ido sumando perspectivas, tanto de tratamiento como de integración a la vida típica. La educación superior no es ajena al tema, y en el ITESO, especialmente a partir de la pandemia, donde muchas condiciones que afectan el aprendizaje fueron más visibles, la Coordinación de Acompañamiento para la Excelencia Académica (CAXA) comenzó a trabajar en un programa de Aprendizaje sobre Neurodiversidad, que atiende a estudiantes con condiciones como la dislexia, el espectro autista, la dispraxia, la discalculia o el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). 

Germán Ríos Morfín, asesor académico en CAXA y encargado de este programa que funciona desde hace cerca de un año y medio, explica que se trata de hacer conciencia de estas condiciones en toda la comunidad universitaria: “Más que exigir que todos logremos ciertos objetivos, es que se tenga sensibilidad y que se puedan establecer los apoyos que ciertas personas requieren para lograr el aprendizaje”. 

Si bien aún no hay datos precisos de los alumnos a nivel universitario que atraviesan alguna de estas condiciones, desde el ITESO hay una necesidad consciente de atenderlos, partiendo de la comprensión y del entendimiento de que existen diferencias claras al momento de procesar información de parte de ellos, y de que es vital alejarse del prejuicio que ocasiona que muchos casos permanezcan en la sombra.  

“Las personas que tienen un asunto de neurodiversidad buscan el diagnóstico más cercano a la norma: por ejemplo, en los casos de déficit de atención se ha encontrado que evitan que se les señale como estudiantes ineficientes o incapaces; tratan de esconder el diagnóstico, de negarlo para que el profesor o los compañeros no los hagan menos. En el autismo, existe la noción de verlos como personas extrañas, está la duda y la angustia de ‘No sé cómo convivir con él’. Cuando pones esa etiqueta en el joven, surge la creencia de que debe de ser complicado tratarlos”, explica Ríos Morfín, quien también es docente de la carrera de Psicología en el ITESO.  

Especialista en terapia familiar, acompañamiento psicopedagógico y gestión educativa desde hace 11 años, Ríos Morfín destaca que hoy se trabaja en un protocolo para detectar casos desde el proceso de la admisión a la universidad, para que se aclaren sus necesidades de modo temprano y cumplir así con el proceso universitario completo. 

“Tratamos de trabajar con los estigmas: cuando hay chavos con situaciones muy específicas, más allá de darles el diagnóstico, les explicamos a los docentes qué es lo que necesitan para su clase, con situaciones concretas: ‘Confirma sus opiniones, trata de hacerle preguntas específicas, no lo obligues a participar en grupo, no lo confrontes directamente, dialoga con él, siéntalo al frente’, porque luego los diagnósticos puede que sean trampas para los profesores”. 

 

¿Cómo se han tratado en el ITESO los casos detectados hasta el momento? 

Hemos trabajado con chavos que tienen ya problemáticas y acuden al centro, o son derivados por los coordinadores de programa y algunos profesores. Tenemos la posibilidad de convocar a algunos chavos que sabemos que su situación es complicada, vemos su bajo desempeño y les preguntamos si quisieran algún apoyo. Se busca atender las problemáticas de aprendizaje más detectadas, como el autismo, que de repente aparece como una condición de bajo desempeño, pero tiene otros retos como la socialización, el trabajo en equipo o la falta de flexibilidad. 

¿Cómo se detecta cuando una persona tiene una neurodiversidad?  

Es un reto, ha sido complicado. Por ahora, lo que tenemos más a la mano son los diagnósticos [previos de un especialista]. Lo mejor es que se evalúen sus habilidades cognoscitivas a través de diferentes pruebas —que tienen sobre todo los neuropsicólogos—. Una noción más importante es a partir de tu propia historia, cuando puedes notar eventos estresantes o muy difíciles en tu vida, es decir, procesos largos de abandono o de mucho estrés, problemas en casa o cuestiones económicas. 

¿Qué acciones específicas se realizan cuando detectan ya un caso? 

Hay varias: primero, en la admisión, es importante detectar y hacerle ver al chavo —si se llega a acercar, sobre todo si tiene una historia de dificultad escolar— que debe tener un apoyo principalmente para el primer año de la carrera, que es cuando vienen los cambios más fuertes. Ya durante la carrera, lo que hacemos es llevar a cabo una serie de actividades que se enfocan a organización y planeación, y si durante el procedimiento notamos que la dificultad supera este tipo de estrategias, les recomendamos hacer una prueba externa con algún neuropsicólogo o inclusive buscar atención afectiva, si fuera pertinente. 

¿Hay alguna condición de neurodiversidad que impida tener educación universitaria? 

Sí, con la discapacidad intelectual, en el ITESO estamos limitados para atender esos casos: cuando sus procesos de abstracción o de planeación son más pausados, el sistema educativo va a una velocidad más rápida que la que ellos pudieran alcanzar. Para algunas cuestiones abstractas se necesitan apoyos constantes que el ITESO no tiene la forma de ofrecer, e inclusive pensando en la vida profesional o las responsabilidades que se asumen al tener una licenciatura, puede que sean muy exigentes para algunos chavos, entonces habrá que pensar en otras opciones. 

¿Cómo funcionan los cursos de sensibilización para la comunidad universitaria? 

Por ahora se han enfocado básicamente en docentes. La parte de la sensibilización de estudiantes la tenemos pendiente. A los profesores les compartimos que cada estudiante tiene una complejidad particular en sus problemas de aprendizaje, se pide que traten de ver el problema y no tanto la frustración que genera esta relación, y que conozcan las características de una persona a la que se le complica poner atención o seguir instrucciones, para ver cómo se le pudiera facilitar hasta cierto punto la regulación emocional. En el caso del autismo compartimos los mitos que puede haber, por ejemplo, que por ser autistas son genios, que en realidad no es así, simplemente tienen gustos muy particulares. 

¿Cómo funciona la mente de una persona con neurodiversidad? 

Varía, pero básicamente las funciones de proceso de la información cambian, respecto al sistema que usualmente tienen las personas que logran las demandas o exigencias de una carrera. En el autismo se habla de que hay una alta sensibilidad en sus funciones cerebrales, son muy sensibles a los estímulos, tienden a elegir o a buscar espacios más seguros, con menos estimulación; les cuesta mucho interpretar las abstracciones cuando ellos no son el centro de la acción. En el caso del déficit de atención, tiene que ver con las funciones ejecutivas, el control del comportamiento y el llevar a cabo las ideas que ellos quisieran; dejan cosas, olvidan, son impulsivos, te dicen una cosa y hacen otra, se ponen diez planes y hacen pocos, o no regulan el tiempo. 

La neurodiversidad en México

  • Según la Guía Clínica 2018 sobre Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad del Hospital Psiquiátrico Infantil “Dr. Juan N. Navarro” de la Ciudad de México, una referencia en estos temas, de la población infantil en México (33 millones, aproximadamente), al menos 15 por ciento tiene algún problema de salud mental.  
  • Esto representa aproximadamente cinco millones de niños, de los cuales 2.5 requerirían atención especializada.  
  • En esta guía se estima que en el caso del TDHA, la prevalencia en niños y adolescentes es de 5.3 por ciento a nivel mundial (la cifra ronda también el 5 por ciento en México).  
  • Se sabe además que alrededor de 65 por ciento de los pacientes seguirán cumpliendo con los criterios de esta neurodiversidad durante la adolescencia y la vida adulta. 
  • En 2010, la Clínica Mexicana de Autismo A.C. en León, Guanajuato, realizó un estudio de prevalencia en cinco mil niños, en el que se estimó que uno de cada 300 niños tendría diagnóstico de autismo en México, con una población aproximada de 115 mil niños con esta condición. 
  • Datos de la Universidad Nacional Autónoma de México mencionan que siete por ciento de la población mexicana presenta dislexia.  
  • Un estudio de 2016 realizado por Autism Speaks y la Clínica Mexicana de Autismo (CLIMA) identificó que uno de cada 115 niños tiene autismo.  

FOTO: Zyan André