El ITESO se fundó sobre un terreno de maleza y pastizales, más parecido a un lote baldío. Con los años, estudiantes, profesorado y personal crearon jardines, sembraron árboles y cuidaron de los pocos que ya crecían allí. No fue hasta el rectorado de Xavier Scheifler, SJ cuando se robusteció una filosofía institucional enfocada en diseñar y cuidar el campus como un espacio natural vivo. Para la Compañía de Jesús, la naturaleza no solo es motivo de contemplación, de encuentro con lo divino; también es un eje educativo que vincula fe, justicia y cuidado de la casa común.
Gracias a la labor de generaciones el campus se transformó en un gran jardín y, tras el censo forestal de 2019, la universidad decidió nombrarlo por lo que es, un bosque. Hoy hablamos de más de cuatro mil doscientos árboles de 286 especies. Una diversidad que mantiene al campus en un entorno más fresco que del resto de la ciudad. Además, también presta servicios ambientales a los ecosistemas aledaños. En las copas de sus árboles se refugian 103 especies de aves locales y migratorias. En sus alrededores corren ardillas, reptiles, zorrillos, tlacuaches (mascota emblemática de la universidad) y vuelan polinizadores, como abejas y murciélagos.
Todos los bosques están conectados, aunque sean divididos por carreteras y el crecimiento urbano los asfixie desde sus periferias. Los cuerpos de agua, las semillas y la fauna no conocen de los límites humanos. Por eso es imposible cuidar el bosque ITESO sin mirar hacia La Primavera. La salud de uno depende, en gran medida, de la salud del otro.
En 2021, el ITESO firmó el Convenio Interuniversitario junto con la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), la Universidad Panamericana, campus Guadalajara (UP), y la Universidad Marista de Guadalajara (UMG), para conservar 410 hectáreas del Bosque La Primavera, donadas por Cástulo Romero Garibay. En los dos predios a cargo del ITESO (uno de 6.2 hectáreas y otro de 22), se realizan actividades de restauración ecológica, monitoreo ambiental, observación de aves, estudios de biodiversidad y proyectos académicos.
La institución reconoce la belleza y la dimensión espiritual de la naturaleza, al igual que su papel esencial para un futuro sostenible. Por ello, desde hace más de una década, la universidad ha impulsado múltiples iniciativas de conservación, restauración, monitoreo e incidencia pública en colaboración con comunidades, otras universidades y organizaciones.
Un ejemplo es Bosque Escuela ITESO, un proyecto de educación ambiental que nació como respuesta al incendio de 2008 en La Primavera. En 2011, se formalizó en un programa que colabora con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), Anillo Primavera A.C., la Oficina de Servicios Generales del ITESO, la carrera en Ingeniería Ambiental y el Departamento de Electrónica, Sistemas e Informática (DESI). Desde entonces, ha trabajado en la restauración de suelos, la reintroducción de vegetación nativa, el monitoreo de variables ambientales y la formación de nuevas generaciones en prácticas de conservación a través del Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) del mismo nombre.
A la par, el PAP Anillo Primavera atiende la degradación socioambiental del bosque y de sus zonas de amortiguamiento. Su labor se inspira en el enfoque de Reservas de la Biósfera de la UNESCO, lo que implica el estudio del ecosistema, el trabajo con comunidades, autoridades y academia para la construcción de políticas púbicas. El PAP ha diseñado exposiciones sensoriales, módulos itinerantes para las colonias aledañas y espacios accesibles que acercan el bosque a la ciudadanía, además de impulsar estrategias de planeación territorial que buscan reducir presiones sobre el ecosistema. En 2014, Anillo Primavera se constituyó como asociación civil, lo que fortaleció su capacidad de gestión, vinculación y defensa de las áreas que conectan la ciudad con el bosque. Gracias a esta trayectoria, en 2024 recibió el Reconocimiento al Mérito Ambiental del Congreso de Jalisco.
Desde el PAP, Alejandro Martínez y Daniel Tessier (en aquel entonces estudiantes de Ingeniería Ambiental) comenzaron el desarrollo de una red de sensores capaz de medir la calidad del aire y detectar incendios en el Bosque La Primavera. Fue en 2016 y el diseño de este sistema les valió el reconocimiento a “Mejor Ponencia” en el Foro Latinoamericano de Tecnologías Geoespaciales. La innovación se convirtió en la primera red de monitoreo ciudadano propuesta para un Área Natural Protegida en México.
En 2018 nació el Observatorio Biósfera Primavera, dedicado a reunir y difundir información sobre La Primavera para que la investigación pueda influir en mejores políticas públicas. El observatorio, respaldado por dos Cátedras UNESCO, la Universidad para la Cooperación Internacional de Costa Rica, la ELAP y Anillo Primavera A.C., estudia temas como la resiliencia del bosque y su relación con la ciudad. Ese mismo año se publicó el libro ITESO, bosque universitario, que recupera la historia ecológica del campus.
Y en 2026, la universidad se convirtió en sede del 3er Foro de América Latina y el Caribe sobre Bosques Urbanos, un encuentro en el que especialistas, autoridades ambientales y organizaciones de la región discutieron la importancia de fortalecer las Áreas Naturales Protegidas, los corredores biológicos y los bosques urbanos para enfrentar la pérdida de cobertura forestal. En ese espacio se subrayó que la conservación depende de esfuerzos colectivos.
De esta forma, el ITESO reafirma su compromiso con el cuidado de los bosques no solo desde la restauración ecológica, sino también desde la formación, la investigación y la participación pública. Sostiene un principio de que no se protege lo que no se conoce, y que el trabajo por el bosque no termina cuando el incendio se apaga.
FOTOS: Roberto Ornelas y Luis Ponciano
