Desde hace muchos años, México atraviesa una crisis de múltiples violencias que muchas veces parece un túnel sin salida, oscuro como la penumbra que imperaba en el auditorio Pedro Arrupe, SJ, del ITESO, y que fue disipándose con las velas que encendía un grupo de jóvenes en un video, que a su vez iluminó los rostros de las personas que llenaron el recinto. “Hay silencios que pesan más que las palabras y México tiene mucho tiempo cargando uno. Hace tiempo que la violencia dejó de sorprendernos. Pero el dolor encontró una voz que quiso ser escuchada”, dijo la voz en off del video que dio la bienvenida a las y los participantes de la segunda edición del Diálogo Nacional por la Paz, que tiene como sede el ITESO y que congrega a más de mil actores que han decidido encarnar esa voz y pasar de la contemplación a la acción para comenzar, continuar y afianzar procesos de construcción de paz en el país.
El Diálogo Nacional por la Paz es un movimiento surgido en 2022 a raíz del asesinato de los jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, así como del guía de turistas Pedro Palma, en Cerocahui, Chihuahua. Ha cristalizado en un encuentro que tuvo lugar en Puebla, así como en la publicación de una Agenda Nacional de Paz y de diversos foros y encuentros que buscan propiciar diálogos para diseñar metodologías replicables en la construcción de procesos de paz.
Durante la ceremonia inaugural, Alexander Zatyrka, SJ, rector del ITESO, dio la bienvenida a las personas asistentes que llegaron a la universidad desde distintas partes del país. “Ser la sede de este encuentro es, sin duda, una oportunidad para participar en la coconstrucción de procesos de reflexión comunitaria que, como universitarias y universitarios, tenemos la convicción y obligación ética y espiritual de acompañar”, dijo el Rector y añadió que la pertenencia al Sistema Universitario Jesuita “no nos permite ser indiferentes ante un país herido y al clamor de una realidad que exige verdad, memoria, justicia, no repetición, restauración y paz con reconciliación”.
El rector del ITESO señaló que para la comunidad universitaria del ITESO “la educación no puede estar desvinculada del sufrimiento de las víctimas y de sus familias. Tampoco podemos dejar de atender el miedo que fractura nuestras ciudades por la inseguridad”, para luego añadir que la excelencia académica “no tiene sentido si da la espalda al dolor de quienes nos rodean. Nuestra excelencia debe ser social, solidaria y centrada en el amor”. Zatyrka Pacheco mencionó que para el ITESO “es vital que la construcción de paz deje de ser un concepto abstracto y se convierta en una práctica cotidiana”, y la describió como “una tarea artesanal, un tejido paciente y minucioso, que nos corresponde hilar colectivamente”.
Luego de la bienvenida del Rector, tomó la palabra el cardenal Francisco Robes Ortega, arzobispo de Guadalajara, quien retomó el video proyectado al inicio de la actividad. “La primera imagen sugiere lo que vamos a hacer en estos días: pretendemos encender la luz de la paz. Pero nos damos cuenta de que al mismo tiempo, en el país y en el mundo, hay quienes se ocupan y se empeñan en apagar la paz con la violencia y la guerra”. El sacerdote mencionó que las metodologías que se compartirán a lo largo de tres días tienen por objetivo “sembrar semillas de paz en todos los rincones del país para transformar la violencia en signos de esperanza”, y concluyó mencionando que “la paz es una tarea, un trabajo que estamos llamados a construir juntos con acciones puntuales y concretas”.
Por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano tomó la palabra su secretario general, Héctor Mario Pérez, quien afirmó que si bien “el cansancio, el miedo, la rabia, la impotencia y las ausencias hieren, hay algo que no se rompe: la creencia de que la violencia no puede ser el destino final”. Mencionó que el Segundo Diálogo Nacional por la Paz nace de un dolor que continúa, pero con la convicción de que “hay que hacer algo distinto si queremos vivir distinto. La paz es una responsabilidad que nos exige a todos, que nos implica a todos”.
Luis Gerardo Moro Madrid, SJ, provincial de la Compañía de Jesús en México, dijo que más que una reunión de tres días, el encuentro “es un compromiso que nos va a acompañar mucho tiempo, un pacto con el país que queremos construir. Es la construcción de un trabajo largo, paciente y profundamente humano”. El superior jesuita también dijo que “la paz no se decreta, se construye; no se hereda, se trabaja día a día. México no está condenado a la violencia” y reiteró la importancia de “pasar de la contemplación a la acción”.
También tomó la palabra la hermana Juana Ángeles Zárate Celedón, de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, para quien, si bien es un hecho que “la violencia en México es resultado de decisiones, omisiones y silencio”, también es cierto que “hay otra realidad: en todos los territorios hay semillas de paz que están germinando”. Por su parte, Denise María Arana Escobar, de la Dimensión Episcopal de Laicos, compartió la aspiración de construir un país “con una paz real, posible, arraigada en los territorios y visible en la vida cotidiana de la gente”, así como su deseo de que, al concluir las tres jornadas de trabajo, “que nadie se vaya siendo el mismo, que nadie se vaya sin algo nuevo”.
Luego de las intervenciones inaugurales, y con la convicción de que la paz exterior ha de construirse desde la paz interior, se realizó una ceremonia de oración encabezada por María Bernarda López y Fredy Milton Morales Zunun, de las comunidades mayas de Comitán, Chiapas.
La primera actividad concluyó con la participación de Jorge Atilano González Candia, SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, quien compartió con los y las asistentes una panorámica de cómo se llega a la segunda edición del encuentro. “No nos cansamos de soñar que es posible alcanzar la paz en nuestra nación”, dijo el jesuita y agregó que el que está reunido en el ITESO “es un movimiento social que construye puentes entre actores para construir condiciones para la paz”.
González Candia hizo un recuento de las diferentes etapas que ha vivido el movimiento desde la organización de foros en diferentes partes del país, la realización del Primer Diálogo Nacional por la Paz, la elaboración de la Agenda Nacional de Paz que devino en compromiso con autoridades de los tres órdenes de gobierno y enlistó una serie de acciones que se han realizado “desde Tijuana hasta Mérida” y cuya metodología se compartieron en las tres jornadas que tendrán lugar en el ITESO.
“¿Cómo llegamos a este segundo encuentro? Con una identidad definida del movimiento, un equipo nacional y 26 estatales que realizan reuniones periódicas, 18 metodologías para diferentes sectores, propuestas de políticas públicas y testimonios de personas y comunidades”, detalló Atilano González, para concluir haciendo votos por “que este encuentro sea esperanza para quienes queremos construir el México que necesitamos. Somos paz, seremos más”.
“Tenemos que recuperar la idea del Estado social y democrático”
¿Cuál es el origen de la violencia en México? Buscar una respuesta resulta un desafío que transita entre lo social, lo político, lo filosófico e incluso lo espiritual. A esta pregunta se enfrentó Mauricio Merino, académico, investigador y militante por la democracia y los derechos fundamentales, durante la conferencia magistral “Las causas de la violencia en México”, impartida en el marco del segundo Diálogo Nacional por la Paz.
Desde el inicio, Merino aclaró un punto fundamental: “Hay muchas formas de violencia en nuestro país y en el mundo […] Me pregunto con sinceridad si hay alguien que no haya sufrido o atestiguado alguna de ellas […] ¿Quién no ha visto o no ha sido víctima de un robo, de un fraude, de una extorsión?”, dijo.
Advirtió que una de las consecuencias más graves de estas violencias es la normalización del miedo, que erosiona la confianza y debilita a las comunidades: “Y después, tristemente, el encono, la rabia. Tememos, desconfiamos y con mucha frecuencia acabamos odiando a quienes nos hacen daño. Y cuando eso sucede sin darnos cuenta, nos volvemos cómplices de las violencias que nos están asfixiando”.
Para el investigador, estas violencias no nacen de una causa moral o cultural, sino de un sistema institucional y político que las permite y las reproduce: “En términos prácticos, propongo que la causa eficiente de las violencias está en la deliberada destrucción del Estado democrático y social de derechos”, señaló.
Esa destrucción, advirtió, se manifiesta tanto en la insuficiencia del Estado para garantizar las libertades y los derechos de la ciudadanía como en la prepotencia de quienes ejercen funciones públicas: “Las fuerzas armadas, las policías, los jueces, los aparatos políticos y las burocracias […] han decidido salvarse a sí mismas, medrando con sus facultades como si fueran armas, mientras se rinden y se abrazan con los más violentos, con los más poderosos, con los más corruptos”.
Merino explicó que se trata de un ciclo que se retroalimenta: ante un gobierno incapaz de resolver conflictos crecientes, emergen figuras autoritarias que prometen orden a cambio de poder absoluto y de la impunidad de las fuerzas armadas. Una dinámica, dijo, visible también en otros países: “Miren a Bukele en El Salvador, a Ortega en Nicaragua, a Orbán en Hungría, a Putin, así como Trump y Xi Jinping”, enlistó.
Muy pocos comprenden, dijo Merino, que “la corrupción es la apropiación abusiva de los asuntos públicos, es la captura del Estado por unos cuantos para hacerse de dinero y poder”. Y advirtió que la lucha no debe centrarse únicamente en castigar culpables: “Muy pocos han cobrado conciencia de que la batalla no está a la salida cuando la corrupción ya se cometió y ya hay más peces gordos en la pecera, sino a la entrada, cuando las leyes son vulneradas, burladas o de plano omitidas”.
A partir de ello, sostuvo que las leyes han sido apropiadas por los más poderosos, dejando fuera a las personas, quienes han olvidado que también son parte del Estado. Ahora se da por hecho que es necesario “exigir ser vistos” por quienes gobiernan para acceder a derechos básicos. Frente a eso, afirmó: “Nadie debería renunciar a encarnar, a participar, a exigir que el Estado sea nuestro, de todos, abierto, transparente, incluyente”.
Y remató: “El Estado somos nosotros, nosotros mismos, y funciona así y sólo si estamos dispuestos a hacer lo nuestro, cuidando y exigiendo que las leyes se hagan bien y se cumplan mejor. No es cierto que mi libertad termina donde comienza la tuya. Mi libertad comienza donde se une a la tuya, mi libertad es la tuya o no es. Y mientras eso no se comprenda a cabalidad, creo que las causas de las violencias van a seguir vigentes”.
FOTOS: Zyan André y Luis Ponciano
