Abril Ledesma, profesora de Arquitectura en el ITESO, desarrolla una investigación que aborda las constantes omisiones y negligencias que se llevan a cabo en las construcciones verticales de la ciudad, un fenómeno que viola derechos humanos y ambientales  

En los últimos años, los rascacielos se han multiplicado en el área metropolitana de Guadalajara. Las torres de cristal proyectan la imagen de una ciudad moderna y cosmopolita; sin embargo, detrás de esta apariencia se esconde un sistema lleno de irregularidades técnicas y legales. Desde 2022, Abril Ledesma, profesora de Arquitectura en el ITESO, investiga los vicios en las etapas de la edificación vertical: desde la planeación hasta la venta y el abandono de responsabilidades hacia quienes adquieren las habitan.  

“Me interesa cómo afecta lo que no vemos, bajo el suelo. Todas las cimentaciones. Cómo al impermeabilizar, dañamos el ciclo del agua. Además, las afectaciones a derechos humanos. Nos ofrecen vivienda, pero sin agua, con energía comprometida, con contaminación, con un montón de factores, explica Ledesma. 

El origen de la investigación 

Un día, mientras Ledesma conducía por el típico tráfico de Guadalajara, el reflejo del sol en los cristales de una torre la encandiló de forma dolorosa. Desde entonces comenzó a observar otros detalles de la ciudad que no solo complicaban la movilidad, sino que deterioraban la calidad de vida: banquetas sacrificadas por accesos vehiculares, áreas verdes inexistentes, departamentos reducidos al mínimo y una planeación urbana que privilegia el negocio sobre la habitabilidad. Ahí empezó. En mi propia molestia y en mi propio desagrado de vivir mi ciudad, recuerda. 

Su primera investigación, que integró el derecho y la técnica constructiva, surgió durante la maestría. Se centró en el caso de la Villa Panamericana, edificada en 2011 dentro de una zona de amortiguamiento del Bosque La Primavera, lo que comprometió la preservación de acuíferos, generó riesgos por mal manejo de residuos y aguas pluviales. Hoy, el conjunto permanece asegurado por la Fiscalía de Jalisco y es un recuerdo de la corrupción, la falta de planeación y la ausencia de sanciones efectivas en la política urbana de Jalisco. 

Una ciudad que se eleva sin bases sólidas 

En su investigación actual, que forma parte del doctorado en Hábitat y Sustentabilidad en el ITESO, analiza cómo la verticalización en Guadalajara se ha autorizado “con total ligereza”, sin considerar sus impactos sociales y ambientales. Identifica tres etapas críticas en el proceso constructivo: preconstrucción, construcción y postconstrucción, todas plagadas de vicios. Estos vicios, explica, son omisiones y procesos repetitivos que no se limitan a errores técnicos, sino que revelan un entramado de negligencia y desconocimiento. 

En la preconstrucción, los vicios comienzan con la selección del sitio sin estudios de impacto ambiental ni análisis de riesgos, permisos otorgados con criterios laxos y propiciados por la ambigüedad del lenguaje normativo en la materia. El lenguaje importa. Hay conceptos que no están definidos correctamente y eso abre espacios para la discrecionalidad, advierte. Durante la construcción, los problemas se manifiestan en el uso de materiales inadecuados, mano de obra sin capacitación y falta de supervisión efectiva por parte de las autoridades. Finalmente, en la postconstrucción, los vicios se traducen en ausencia de garantías, empresas que desaparecen tras entregar la obra y propietarios que quedan indefensos ante defectos que surgen después del periodo legal para reclamar.  

El principal obstáculo para que los edificios verticales se construyan con calidad, de forma sustentable y transparente no es la falta de recursos, sino el interés económico que convierte la construcción en un negocio donde se prioriza la ganancia sobre la seguridad y la habitabilidad.Es un engranaje perverso, señala.  

Las consecuencias van desde la alteración del ciclo del agua, pérdida de áreas verdes, contaminación y vulneración del derecho a una vivienda digna. Además, la falta de infraestructura o protocolos de emergencia agrava el riesgo. Imagínate un incendio en una torre y López Mateos colapsado, sin carriles para emergencias, sin capacidad de respuesta de protección civil, dice.  

 Propuestas para mitigar el problema 

Abril Ledesma plantea un conjunto de estrategias técnico-jurídicas para reducir estos vicios. No se trata de crear nuevas leyes, sino de ajustar las existentes y garantizar su aplicación efectiva, explica. Entre sus recomendaciones está reformar artículos del Código Urbano para eliminar vacíos legales. Otra medida clave es exigir capacitación especializada a desarrolladores responsables de obra. Construir torres de gran altura implica riesgos y complejidades técnicas que no pueden atenderse con la misma lógica que una vivienda tradicional. A esto se suma la necesidad de impulsar programas universitarios que aborden la verticalidad y la gestión de riesgos. Actualmente, las carreras de arquitectura e ingeniería de la región carecen de materias específicas sobre este fenómeno, lo que deja a los futuros profesionales sin herramientas para enfrentar esta problemática.  Finalmente, Ledesma propone transparentar procesos y garantizar participación ciudadana. Para ella, la opacidad en las gestiones es uno de los factores que perpetúa los vicios y la desconfianza social. La verticalización llegó para quedarse, pero sin una planeación integral, la ciudad se construye “sin cimientos” 

 

FOTO: Zyan André