En una sesión de aula abierta las y los estudiantes de Publicidad y Comunicación Estratégica del ITESO aprendieron los conceptos clave de la propiedad intelectual y los derechos de autor en la industria creativa
El derecho no se contrapone ni limita la creatividad, al contrario, la fortalece a través de la propiedad intelectual. Es necesario que profesionistas de la publicidad, el diseño y todas las industrias creativas conozcan esta herramienta legal para proteger su trabajo y el de las personas con las que colaboran.
Con esa finalidad Paulina Robles, abogada especialista en propiedad intelectual, dirigió una clase abierta a estudiantes del ITESO, convocada por la coordinadora de la Licenciatura en Publicidad y Comunicación Estratégica, Érika Ledezma Barragán. Durante la sesión, que se llevó a cabo el pasado 9 de febrero, se abordaron los conceptos básicos del derecho de autor y los casos específicos en los que vale la pena recurrir a la protección legal de las ideas.
Robles explicó que la propiedad intelectual es el conjunto de herramientas jurídicas que limitan el uso de las creaciones del intelecto humano a aquellos fines que sus autores y titulares determinen. Por ejemplo, reproducirlos, editarlos, exhibirlos y distribuirlos, o no hacerlo. Entre lo que se puede proteger están los nombres, diseños y eslóganes de marcas y campañas; la música; las imágenes; las obras literarias; y el contenido audiovisual, pues todos ellos se consideran activos intangibles.
Aunque a veces lo parece, este instrumento legal no es exclusivo de grandes empresas, sino también de pequeños emprendedores, a los que Paulina Robles asesora desde la firma de abogados en la que trabaja en Guadalajara. A partir de esa experiencia es que la especialista reconoce que hace falta fortalecer la cultura de la protección legal entre creadores, así como la convicción de que sus proyectos pueden tener gran alcance, incluso los que parecen hiperlocales.
“Creo que ustedes van empezando, pero siempre vean potencial en lo que hacen, vean el valor del trabajo de sus clientes. Uno no sabe qué tan lejos puede llegar el emprendimiento que te encarga un diseño. De repente puede ganar millones y qué padre decir que ayudaste a crear su marca, pero también tener derechos como autor”, dijo la abogada a las estudiantes presentes.
Los contratos son clave
Durante la clase abierta se discutieron varias figuras relacionadas con la propiedad intelectual, como los derechos de autor, el registro de marcas y el uso de imagen. El objetivo, dijo la ponente, fue ayudar a las y los estudiantes de publicidad a reconocer en qué ocasiones hace falta involucrarse en uno de esos procesos legales.
Los derechos de autor se refieren al reconocimiento de que una persona es la creadora de una obra. Este título, aunque es irrevocable, no es suficiente para establecer límites sobre el uso que otros pueden hace del material, lo que puede perjudicar al artista o diseñador original. En la clase abierta se discutieron casos reales, desde el de un artista que pierde el control sobre dónde se muestra su obra al venderla sin un contrato previo, hasta la empresa que sigue utilizando el nombre de otra tras una colaboración antigua que no estipuló límites de tiempo.
Para evitar estas situaciones hace falta un contrato en el que se transfiera la titularidad de la creación (usualmente a un comprador) con límites establecidos respecto a los usos, duración, responsabilidades y consecuencias por incumplimiento. “Se convierte en el principal mecanismo para evitar conflictos futuros entre las partes involucradas”, explicó Paulina Robles.
¿Y cuándo hay que recurrir a los contratos y transferir la titularidad de una obra? Siempre que el cliente pretenda comercializar su trabajo, agregó la abogada. Eso además permitirá al empresario o emprendedor registrar su marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), donde los giros mercantiles se clasifican en 45 clases de productos y servicios. Así protegerá la identidad de su proyecto frente a posibles imitaciones y asegurará exclusividad en su ramo comercial.
Una clave para elaborar contratos eficientes es hacer un buen diagnóstico de la marca. Es decir, al tiempo de explorar la esencia de un proyecto para crear su identidad gráfica o una campaña, también hacer preguntas como: ¿Para qué se va a usar la marca? ¿Qué se va a comercializar con ella? ¿Hay socios? ¿Quién será la persona encargada de facturar la actividad económica? ¿Cuál es la proyección para la marca en los próximos cinco años? Todas ellas dan pistas sobre cuáles son los procedimientos de propiedad intelectual a los que hay que recurrir.
Por último, Robles habló sobre el consentimiento del uso de la imagen, una herramienta necesaria para utilizar retratos de personas en la publicidad de un proyecto. Mencionó esta herramienta en relación con los proyectos de incidencia social, en los que se acostumbra recopilar evidencia fotográfica de las actividades para rendir cuentas. Aunque también es común encontrarla, sin saberlo, en los términos y condiciones que aceptamos de manera cotidiana.
“Un proyecto creativo serio no solo se piensa, se planea, se comunica y se hace; también se protege jurídicamente. A mí me encanta decir a mis clientes que la propiedad intelectual no es un gasto ni un trámite, es una inversión”, dijo Paulina Robles en la clase abierta.
FOTO: Zyan André
