Destacan la importancia de los jesuitas en la educación, historia y cultura de México en el panel “250 años de la expulsión de los jesuitas: implicaciones para la cultura mexicana” que se realizó en Casa ITESO Clavigero.

Los jesuitas fueron fundamentales en la historia de la educación y de la cultura de la Nueva España y su expulsión de este territorio hace 250 años significó una gran pérdida coincidieron en señalar Juan Carlos Casas, director del Departamento de Historia Eclesiástica de la Universidad Pontificia de México, y Tomás de Híjar cronista de la Arquidiócesis de Guadalajara.

Arturo Reynoso, director del Departamento de Filosofía del ITESO, Juan Carlos Casas y Tomás de Híjar resaltaron la importancia de la Compañía de Jesús en la educación, historia y cultura de México durante el panel “250 años de la expulsión de los jesuitas: implicaciones para la cultura mexicana” que se realizó el miércoles 21 de junio en Casa ITESO Clavigero.

“Que la Compañía de Jesús fuera expulsada de los territorios novohispanos significó un estancamiento de la educación en la Nueva España”, dijo Juan Carlos Casas quien señaló que ahora, en lugar de hablar de expulsión de los jesuitas, se prefiere hablar de extrañamiento.

“Los miembros de la Compañía de Jesús fueron tratados como delincuentes y se les impedía, incluso, comunicarse con personas ajenas a ellos y el edicto del Rey Carlos III contempló que cualquier persona que prestara alguna ayuda a los jesuitas extrañados pudiera ser acusado del crimen de traición al Rey”, detalló.

Tomás de Híjar calificó como un desastre, en términos culturales, la expulsión de los jesuitas, quienes estaban a cargo de la educación media superior y de las misiones.

Al momento de la expulsión, tan sólo en Guadalajara, recordó Tomás de Híjar, había 12 jesuitas en lo que fue el Colegio de Santo Tomás, el principal centro de educación media superior para el Occidente de la Nueva España. Ahí, había 300 estudiantes que recibían educación gratuita, lo cual era posible por las rentas de la hacienda de Toluquilla.

“Queda como única reliquia histórica de la presencia de los jesuitas durante más de 200 años ese edificio que fue el templo de Santo Tomás y la capilla de Loreto que hoy funciona como la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz”.

El cronista de la Arquidiócesis de Guadalajara relató que el obispo don Diego Rodríguez de Rivas fue afectado por la medida del Rey Carlos III y fue el único que protestó “de forma discreta y puntual” contra la expulsión de los jesuitas en una carta que se divulgó en la corte.

Juan Carlos Casas señaló que para las zonas periféricas del Virreinato como Chihuahua o Monterrey el que se abriera un colegio jesuita significaba desarrollo económico y cultural, ya que “los colegios se establecían con el criterio que debía ser autosuficiente y por eso había detrás de él propiedades, haciendas o algo que sustentara”.

“Estos centros van a ser la única posibilidad que los jóvenes de estos lugares tenían para poder cursar estudios avanzados, al tiempo que (los colegios) constituían una verdadera red educativa”.

La Compañía de Jesús también tenía escuelas de educación primaria en 14 localidades además de “tres colegios para indios de México, Pátzcuaro y Puebla”, recordó Juan Carlos Casas.

El director del Departamento de Historia Eclesiástica de la Universidad Pontificia de México señaló que en los territorios de población indígena hubo levantamientos por la expulsión. “Lamentaban la partida de sus padres que habían sido educadores en los colegios de sus hijos, eran padres en el sentido amplio de la palabra”.

“No podemos comprender cómo se van gestando las luchas independentistas sin el antecedente, el descontento y la desazón que provocó el extrañamiento de la Compañía de Jesús de la Nueva España”, agregó.

Arturo Reynoso, SJ, señaló que se calcula que fueron 85 indios condenados a muerte por estas rebeliones, 75 los que recibieron azotes, 664 los condenados a presidio y 110 los desterrados.

Para el director del Departamento de Filosofía del ITESO, las actividades pastorales de los jesuitas por medio de congregaciones devocionales constituían una red de trabajo apostólico.

“Estas congregaciones eran plataformas de contacto entre grupos de diversos estratos sociales de esta tierra y se conformaba un tejido”.

Al hablar de las consecuencias de la expulsión, el jesuita citó al historiador mexicano Miguel León Portilla quien señaló como una gran pérdida la dispersión del acervo que guardaban en sus bibliotecas.

«Otra de las repercusiones es la cuestión de las misiones. León Portilla, no nada más él, sino varios investigadores dicen que se debilita un poco la estructura organizacional que se había hecho en el noroeste del país y también la defensa de los territorios», abundó.

Entre los jesuitas que salieron del Colegio de Santo Tomás, estaba Francisco Xavier Clavigero, SJ, de cuya obra habló el director del Departamento de Filosofía del ITESO.

“Clavigero en su destierro dirigió su mirada al pasado del pueblo mexicano para rescatar sus vestigios, sus hazañas, su memoria una memoria que contribuyera a restaurar la dignidad, la esperanza de su patria”.