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Del encierro a la pantalla

Del encierro a la pantalla

Si retomamos el pasado, ¿qué narrativas post-covid podemos esperar? 

Andrea Romero Riggen. Estudiante de Comunicación y Artes Audiovisuales del ITESO

Al pensar en las condiciones económicas después del covid–19 me pregunto por las opciones de producción que permitirán mantener la industria del cine, seguramente tendrán que ser más accesibles. Por eso, durante este verano me ocuparé de analizar los estilos de producción del pasado para empezar a producir como en otros momentos de la historia, cuando la economía tampoco estaba en las mejores condiciones.

Y es que durante y después de las grandes crisis, la innovación y la creatividad son inherentes a la subsistencia y al desarrollo. Después de la segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países europeos quedaron destruidos y en Italia surgió el neorrealismo, caracterizado por sus escenarios e iluminación naturales, con más movilidad de la cámara, el empleo de actrices y actores “naturales”, un escaso diseño de producción y temas de la vida cotidiana. La nouvelle vague nació en Francia y se distinguió por el uso de equipo ligero y dinámico, que permitió contar historias desde una perspectiva acorde a la producción.

Retomar ambos modelos, adaptándolos a la “nueva normalidad”, podría reducir los costos, incrementar la producción y refrescar la cartelera en cuestión de géneros, temáticas y perspectivas. Tangerine (Sean Baker, 2015) es un excelente ejemplo contemporáneo pues es relevante no solamente por haber sido producida con un iPhone y 100,000 dólares, sino también por la visibilidad a la comunidad trans que seguramente un estudio de Hollywood no hubiera aceptado en 2015, ni probablemente en 2020. Del mismo director llegó en 2017 Florida Project, filmada en 35 mm con un presupuesto de 3,000,000 de dólares. Una película contada desde los ojos de una niña en las afueras de Orlando, donde la situación es todo lo contrario al “lugar más feliz del mundo”.

The Florida Project (2017) dirigida por Sean Baker y escrita por Chris Bergorch.

En producciones mexicanas destaca Oso Polar, de Marcelo Tobar, que trata de un viaje en auto a una reunión de viejos amigos, producida con 350,000 pesos. Se estrenó en el FICM en 2017 y fue proyectada el mismo año en el ITESO antes de su corrida comercial. Más allá de los bajos costos de producción, estas películas tienen en común la perspectiva y temáticas enfocadas en la cotidianidad de los personajes, con lo que logran cercanía e intimidad.

No es difícil predecir la cartelera de los próximos meses. Por un lado las exhibidoras tendrán una sobreoferta de los títulos que quedaron pendientes. Comscore reporta 611 títulos recalendarizados, que representan 35.5% de los estrenos anuales. Entre estas películas se encuentran Mulan, Capitan Marvel 2 y Black Widow, entre muchos otros blockbusters que el público esperaba con ansias este verano.

Muy probablemente este panorama no dará espacio a las producciones locales que también quedaron varadas, tal podría ser el caso de Mano de obra, estrenada en el Festival de Cine de San Sebastián y distribuida por Piano, pues su estreno estaba previsto para el 17 de abril y hoy forma parte del listado de películas con fechas pendientes. Es de esperarse que las exhibidoras prefieran los títulos más populares, pues los ingresos en box office han sido casi nulos este semestre, y una vez que se reactiven las salas únicamente podrán utilizar 40 por ciento de su capacidad, lo que igualmente representará una gran pérdida en taquillas. Las películas que no consigan fecha de estreno probablemente tengan que migrar directamente a las plataformas de streaming.

Por otro lado, la cartelera de los próximos años seguramente estará plagada de historias sobre la pandemia, dramas enfocados en doctores y personal de salud; sobre personas que lograron vencer al virus, historias de esperanza con las que cualquier persona que haya estado cerca de un caso de covid–19 o que haya sufrido esta pandemia. Encontraremos también, como después de cada crisis o tragedia, historias que servirán de escape de la realidad, películas fantásticas de mundos lejanos. Éstas han funcionado como cuando después del ataque a las Torres Gemelas del 9/11 se estrenó Harry Potter, dos meses después. Además del éxito de los libros, la tragedia fue clave para el éxito de la saga, pues el público sentía la necesidad de fugarse de la realidad.

Otro de los temas que tendrá relevancia será el encierro en sus distintas modalidades: historias de amor a distancia, de terror y ansiedad de personajes confinados en un espacio, el miedo a salir. Estas historias podrán ser tramas tan obvias como el drama adolescente Todo, todo, que narra la historia de amor de una joven que se enamora de su vecino a través de la ventana, ya que no puede salir de su casa pues sufre una enfermedad que la vuelve sumamente vulnerable al mundo exterior. Historias al estilo de Ángel Exterminador o The Others, en las que los personajes simplemente no pueden salir, pero incorporando el virus a la trama. De hecho, a mediados de la cuarentena se anunció el remake de The Others pues, dicen los productores, el tema del encierro nunca había sido tan relevante como ahora.

El tema del encierro, como el de The Others, nunca había sido tan relevante como ahora.

Ante un panorama incierto debemos encontrar y tomar las mejores decisiones para la reactivación de la industria cinematográfica. En este artículo hablo de las tendencias en narrativas y modelos de producción. En la investigación para el PAP Mirar la ciudad con otros ojos, analizaré los factores clave que afectarán la producción, la distribución y los públicos, así como los que impulsarán a la industria a partir del siguiente semestre de 2020. Pretendo bosquejar un pronóstico sobre el futuro del cine después de la pandemia con base en qué es lo que ha pasado en términos sociales y económicos después de otras crisis a lo largo de la historia, en lo que sucede en otros países actualmente y en datos y estadísticas sobre las audiencias. Los resultados los compartiré también aquí en CRUCE.

Andrea Romero Riggen estudia la Licenciatura en Comunicación y Artes Audiovisuales del ITESO. Éste es un artículo derivado de la investigación que realiza en el PAP “Mirar la ciudad con otros ojos. Memorias e identidades” en verano de 2020.

 

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Sobre el Autor

Karina Osorno

Es la editora del semanario CRUCE. Coordina la comunicación interna del ITESO. Puedes contactarla en karina@iteso.mx

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