Licenciado en Comunicación Social, maestro en Historia y doctor en Literatura Comparada, Woodside Woods ha incursionado, entre otras áreas, en el periodismo musical, la exploración sonora, la semiótica y la academia. Con esta visión calidoscópica, ahora es el coordinador de la Maestría en Comunicación y Cultura
“Yo soy un bicho raro”, dice Julián Woodside. Para explicar por qué lo afirma, cuenta que estudió la licenciatura en Comunicación Social y se orientó a la semiótica; hizo la maestría en Historia y ahí escudriñó temas relacionados con la construcción de la identidad y la memoria colectiva; cuando hizo el doctorado en Literatura Comparada, exploró los caminos de la retórica intermedial; durante tres lustros ejerció el periodismo musical desde Ciudad de México pero con la mirada puesta en la escena jalisciense y esta cercanía le permitió incursionar en la academia impartiendo la clase de Narrativas Experimentales. Esta diversidad de aristas no es gratuita: a lo largo de su trayectoria profesional se ha interesado en los sampleos, esa técnica asociada a la música que toma sonidos de diferentes fuentes para reinterpretarlos y resignificarlos. “Sampleamos el mundo para aprehenderlo”, dice el académico que ha sumado un nuevo beat a su trayectoria: ahora es el coordinador de la Maestría en Comunicación y Cultura del ITESO.
Julián Woodside Woods (Ciudad de México, 1982) conoce muy bien el nuevo encargo que se le ha confiado. “Es una gran responsabilidad porque, históricamente, la maestría ha sido icónica en el ámbito de la comunicación en México, y yo diría que en Iberoamérica”, dice el hoy coordinador de la que hasta hace poco era la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura, vocación que la consolidó como “un espacio relevante para la comunicación de la ciencia, algo que sin duda hay que mantener y potenciar”.
Son tiempos contradictorios para la comunicación. Por un lado, cada vez hay más herramientas y canales para llegar a miles de personas en cuestión de segundos; por el otro, la proliferación de la información no es necesariamente proporcional con la calidad: abunda la información falsa, sesgada, manipulada. La popularización de las inteligencias artificiales generativas se ha convertido en un combustible para alimentar la hoguera. Con ese contexto, Julián Woodside dice que “el ecosistema mediático contemporáneo ha cambiado drásticamente”, de ahí la importancia de contar con una maestría que apuesta por la profesionalización de la reflexión crítica que permite dilucidar “la complejidad con la que estamos viviendo la información, el aprendizaje y cómo estamos construyendo el sentido del mundo”.
Esto es relevante, añade el coordinador, porque el trabajo que se ha realizado en los años recientes en la maestría —y en el Departamento de Estudios Socioculturales (Deso)— “tiene que ver con entender esa complejidad del ecosistema y la manera en la que lo vivimos, porque no sólo lo presenciamos, sino que lo habitamos y lo configuramos generando contenidos. Es necesario detenernos a reflexionar todo lo que está pasando. Hoy, más que nunca, es importante que las universidades sean espacios para detonar la reflexión. Una maestría como esta debe abocarse a detonar reflexiones y abrir preguntas en un momento de mucha incertidumbre, para después encontrar las respuestas pertinentes”.
Woodside Woods afirma que es importante poner sobre la mesa un aspecto: la cultura es política. “Hay una geopolítica de la cultura, hay dinámicas de persuasión mediática, y guardar distancia de los espacios donde se construyen los discursos, las identidades, es lo peor que se puede hacer. Hoy es importante humanizar el pensamiento. Los perfiles científico-sociales con enfoque en la comunicación son más que pertinentes en la actualidad, porque detrás de la configuración de la IA hay lógicas culturales, igual que detrás de la algoritmización de la cultura, del entretenimiento y de la información. En un momento de saturación de información, a veces observar, guardar silencio y entender es mucho más pertinente, para después realizar acciones”, dice el académico.
Sobre tus intereses al frente de la Maestría en Comunicación y Cultura, explica que buscará una mayor vinculación con la comunidad universitaria: con la del Deso, por supuesto, y también con otros departamentos y programas de la universidad. “Tenemos que dialogar con las áreas de tecnología, con las áreas de derechos humanos, generar una comunidad de pensamiento para generar insumos de reflexión, de discusión”. Otro aspecto que buscará afianzar es el de ofrecer un seguimiento cercano a las inquietudes del estudiantado, teniendo en cuenta el cambio generacional y el cambio en los consumos culturales que este conlleva. “Hay cosas que son identitarias en las generaciones y me interesa potenciar que se exploren esas inquietudes”, dice Woodside y añade: “Las generaciones jóvenes están mucho más alfabetizadas mediáticamente que las anteriores. Es un buen momento para reconocer que estas generaciones tienen un lenguaje y unas formas estéticas mucho más elaboradas de lo que se piensa. En este caso, la maestría es muy pertinente para detonar reflexiones e investigaciones que estén a la altura”.
Finalmente, señala que también buscará vinculaciones estratégicas dentro y fuera de la universidad. “El perfil de las y los egresados dialoga con el ámbito público, con la iniciativa privada, con el arte, la cultura y el activismo. Hay que propiciar que este pensamiento y esta forma de reflexionar sobre el mundo tenga presencia en otros espacios”, concluye Julián Woodside.
FOTO: Zyan André
