En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, la Dra. Patricia Ornelas comparte los hallazgos del Proyecto de Intervención Psicológica en Desarrollo y Salud del ITESO en este tema

Colaboración de la Dra. Patricia Ornelas

Dentro del Currículo de Psicología de ITESO, particularmente en el eje de Proyectos, un equipo de cuatro profesores hemos conducido el Proyecto de Intervención Psicológica en Desarrollo y Salud que tiene como objetivo promover la salud y prevenir enfermedades y/o complicaciones a través de la adquisición de hábitos saludables y brindando orientación y acompañamiento a la población a través de la atención individual y el desarrollo y ejecución de talleres psicoeducativos.

Estas actividades las hemos realizado en el Programa de Desarrollo Integral para Personas Adultas Mayores (DIPAM) que depende del DIF Guadalajara, acudiendo dos veces por semana durante dos semestres consecutivos en el Centro Tapatío del Adulto Mayor (CETAM), ubicado en la colonia el Sauz.

La forma de abordar el tema de la salud integral se realiza mediante dos actividades centrales: el acompañamiento individual y los talleres psicoeducativos grupales.

De forma particular, en las sesiones de acompañamiento psicológico que se realizan en modalidad uno a uno se han detectado muchas manifestaciones de abuso y maltrato a la vejez. Una buena parte de la violencia que experimentan las personas mayores tiene que ver con su estilo de educación, cultura, creencias y cosmovisión. Hombres y mujeres reportan distintos grados de violencia física, psicológica, sexual, económica que lamentablemente han normalizado. Muchas personas nacidas en los años 40´s, 50´s y 60´s, aún tienen la idea de mantener el matrimonio hasta la muerte, por darles un ejemplo a los hijos, aunque en dicha relación no se sientan respetados. Muchos de los consultantes reportan problemas de pareja, caracterizados por la violencia psicológica y económica. Muchas personas expresan el deseo de separarse de sus victimarios, sin embargo, la precariedad económica no les permite tener la solvencia para alejarse del ambiente violento.

Por otro lado, muchas de las historias de las personas adultas mayores comparten experiencias de abuso sexual y negligencia en los primeros años de su vida, experiencias que los marcan y que a sus 60 u 80 años lo empiezan a verbalizar con la angustia, la culpa y la impotencia por haber vivido dichas experiencias.

Otro ejemplo de la violencia que viven las personas que atendemos es la violencia por parte de los hijos y nietos. Además de convertirlos en “abuelos esclavos” por el hecho de seguir cuidando a los nietos, muchas veces los hijos y los nietos terminan por abusar de la generosidad de los mayores, llegando en ocasiones al abandono y al despojo de su patrimonio y/o de sus propiedades.

Finalmente, es importante señalar que cada vez hay más apertura por parte de los adultos mayores para acercarse a la atención psicológica y beneficiarse de ella. Sin embargo, el edadismo, entendido como la discriminación, los prejuicios y los estereotipos basados en la edad, constituye un elemento clave en la violencia estructural hacia los mayores. Su discurso está plagado de edadismo, perder la memoria es, para ellos, un proceso normal de la edad, aun cuando hay jóvenes universitarios que también tienen dificultades para recordar. La presencia de enfermedades crónicas y la falta de acceso a los servicios de salud son parte de esas violencias estructurales que afectan a los mayores.

Abordar el tema de la dignidad, de la autoestima, del respeto y la comunicación no violenta, de sus derechos humanos, de la espiritualidad y del cuidado integral a su salud, son algunos de los temas que abordamos con ellos para que se reconozcan como personas valiosas y sigan habitando su lugar en la familia y en la sociedad. Sus experiencias e historias de vida atraviesan y reformulan la percepción que los jóvenes universitarios tienen de la vida, y los hacen conscientes de una realidad distinta a la que viven desde sus privilegios.

Elaboró: Dra. Patricia Ornelas

FOTO: Cortesía