Al recibir su diploma como especialistas, maestros y doctores, los 126 egresados del ITESO refuerzan su compromiso con la investigación y la práctica profesional

Concluir un posgrado es un motivo de celebración por varias razones, entre ellas, la oportunidad de reconocer el mundo con una mirada renovada, más profunda y sensible. Esa fue la ocasión que reunió a 126 nuevos egresados del ITESO y sus familias en la Ceremonia de Terminación de Estudios de Posgrado de Otoño de 2026. De entre ellos, 14 cursaron una especialidad, 107 una maestría y cinco un doctorado. Alrededor de 40 por ciento del total eran mujeres y 60 por ciento hombres.

Durante la jornada, Ana Paula Lerma Esparza, egresada de la Maestría en Educación y Convivencia aseguró que el proceso formativo le dio la posibilidad de hacer una pausa para mirar su realidad y transformarse. Lo más alentador es que esa evolución no solo será provechosa para trayectoria individual de cada graduado, sino que “decidimos compartirla con nuestras empresas, organizaciones, asociaciones, escuelas y espacios de intervención”, dijo Lerma.

Luis Marrufo Cardín, titular de la Dirección General Académica, coincidió con la egresada en que los conocimientos conseguidos durante su formación universitaria no son para atesorarlos en un rincón de erudición, sino para interactuar con realidades diversas.

Marrufo también uso el micrófono para compartir que estudiar un posgrado en el ITESO significa adquirir una nueva “manera de proceder”. Este método está sostenido por una red de investigación y desarrollo que proporciona las herramientas necesarias para escuchar y experimentar el mundo desde una posición de apertura. «En el ITESO estamos dispuestos a experimentar una manera de hacer las cosas dirigida a crear formas de convivencia más humanas y justas», dijo.

La historia de estos principios se remonta hasta el siglo XVI, cuando San Ignacio de Loyola y sus compañeros estudiaban en la Universidad Sorbona de Paris. Ahí surgió un proyecto que los sacó del mundo de las abstracciones escolástica para aterrizar en las comunidades que requerían más ayuda, cuidado y consideración.
Así se fundó la Compañía de Jesús. Su misión y compromisos han acompañado cada paso del ITESO, incluyendo la apertura de su primer posgrado, la Maestría en Desarrollo Humano, hace 50 años, y también los más recientes, como el Doctorado en Hábitat y Sustentabilidad.

La primera generación de estudiantes de este programa académico recibió su diploma de terminación de estudios durante la ceremonia del pasado 4 de septiembre. Entre los egresados estuvieron Gabriela Gallegos, Abril Ledesma y Luis Carlos Shaar. Su coordinadora, Emma Regina Morales García de Alba, tomó un momento para recordarles que la recepción de su grado es “el inicio de un verdadero compromiso con el mundo, la investigación y la práctica profesional. Las clases fueron un gran entrenamiento, pero hoy empieza la verdadera carrera”, dijo Morales.

Por último, el director general académico llamó a los egresados a no dejarse deslumbrar por los avances tecnológicos, pues los asuntos urgentes, como el deterioro del medio ambiente y la desigualdad, requieren de su inventiva, su creatividad y su mirada amorosa.

Marrufo compartió el presídium con Ana María Vázquez Rodríguez, directora de Investigación y Posgrados, y Francisco Javier Arizti Galnares, presidente de ITESO, AC. En esta ocasión ellos también recibieron un reconocimiento de parte de Efrén Guzmán Vázquez, egresado de la Maestría en Educación y Convivencia y originario de la comunidad nahua de Tuxpan, Jalisco. Cuando subió al estrado, Guzmán puso alrededor del cuello de las autoridades universitarias una ofrenda nahua que significa agradecimiento, celebración y honra a los antepasados. En su comunidad, se coloca a personas destacadas durante momentos solemnes.