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¿Quién ve por los refugiados ambientales?

En la Semana de Relaciones Internacionales del ITESO se abordaron temas de derechos humanos, en particular de los desplazados por desastres ambientales

POR JUDITH MORÁN


“Cada desplazado es una historia de dolor, es una historia de sufrimiento, no solo por la pérdida material, sino por la pérdida humana, por la pérdida de todo un modo de vida y por ser forzados a vivir en condiciones y en lugares donde no hubieran querido”, afirmó Laura Rubio Díaz-Leal, profesora del ITAM, en la conferencia inaugural de la VI Semana de Relaciones Internacionales del ITESO.

“Desplazamiento forzado en contexto de desastre natural” fue el tema que abordó ante estudiantes de la licenciatura el pasado miércoles 14 en el Auditorio D.

Laura Rubio explicó que hay cálculos que afirman que para el año 2030 unos 135 millones de personas estarán en riesgo de ser desplazados a consecuencia de fenómenos ambientales como la desertificación o por el aumento del nivel del mar.

“En México la mitad de los municipios son vulnerables al cambio climático; esto quiere decir que algunas zonas tendrán problemas de agua por la sequía, otros problemas de lluvia e inundaciones”, relató y agregó que el desplazamiento implica una condición de empobrecimiento, de marginación y de vulnerabilidad.

La autora del libro Desplazamiento ambiental  explicó que un fenómeno natural se convierte en desastre cuando está acompañado de otros factores de vulnerabilidad, tales como vivir en condiciones de precariedad, en zonas de riesgo –laderas inestables, orillas de ríos–, en sitios donde no se siguen los reglamentos de construcción o no hay instituciones gubernamentales que velen porque se implementen; “esta combinación, cuando azota un fenómeno natural, se convierte en un desastre que puede prevenirse”.

Enfatizó que la implementación de medidas preventivas disminuye la magnitud del desastre y evitaría que las personas afectadas sigan viviendo las consecuencias de la catástrofe décadas después de ocurrido el desastre. Holanda, por ejemplo, echó a andar el Plan Delta, un sistema de protección contra inundaciones pensando en cómo lidiar con una tormenta mayor a la que se presentó en 1953 en la que murieron más de mil 800 personas e inundó gran parte del país que se ubica debajo del nivel del mar.

La prevención, dijo la profesora del ITAM, no es un tema prioritario para muchos países, entre ellos México donde las pérdidas que dejaron los huracanes en 2005, por ejemplo, fueron de 2 mil millones de dólares o los mil millones de dólares que le costó al país la ola de calor que se registró en 2015.

“Si nosotros usamos ese dinero que tenemos que acabar usando en la reconstrucción lo usáramos en la prevención, la historia en términos de calidad de vida de miles de millones de personas en el mundo sería diferente”, afirmó.

Además, en la reconstrucción se registra una pérdida en calidad de vida de las personas puesto que los apoyos son limitados, lo que hace que tarden décadas en recuperarse.

Apuntó que todos pueden contribuir a disminuir los efectos de los desastres por cambio climático al ser más conscientes de la forma en que se vive, lo que se consume, el uso que se le da al agua “la prevención del desplazamiento ambiental empieza con estas cosas simples”, sentenció Laura Rubio.